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La historia de la mujer en Ucrania

Desde la antigüedad hasta los tiempos modernos

En las sociedades primitivas la posición de las mujeres era igual, o hasta incluso superior, que la de los hombres, formando un matriarcado. Las culturas prehistóricas de Ucrania eran matriarcales, como se puede confirmar en hallazgos arqueológicos y etnográficos.

Escuela dominical de Khrystyna Alchevska en Járkiv. 1890s

Mas adelante tomó el mando el patriarcado, y las mujeres fueron colocadas en posición de subordinadas, e incluso tratadas como objeto o pertenencia de los hombres. Pero esta época duró poco tiempo, pues durante la transición de una sociedad tribal al estado de Reino cristianizado durante la medieval Rus’ de Kyiv, la visión primitiva de mujeres como propiedad desapareció por completo.

Varias fuentes históricas nos atestiguan sobre una consolidación y regulación de lazos monógamos entre hombres y mujeres. En las familias el papel de la madre en la educación y crianza de los hijos era idéntica a la del padre.

La Ruskaia Pravda refleja las normas legales y la visión social en el estatus de la mujer, del matrimonio, y de la familia de la Rus’. Según tal documento, el asesinato de una mujer era juzgado y penalizado de la misma forma como si hubiera sido un hombre. En contraste con las leyes romana y germana, la ley de la Rus’ no limitaba los derechos de la mujer, ni sus privilegios. A una viuda no se le asignaba un guardián o tutor legal como en otros estados medievales, sino que actuaba en el lugar de su difunto esposo. El tutor era asignado sólamente a sus hijos, y sólo si se volvía a casar.

La reina Anna de Lyiv, o Anna Yaroslavna, honrada en una estampilla postal de Ucrania

Mientras que una mujer que había enviudado fuera la cabeza de la familia, conservaba sus derechos, incluído el derecho a decidir, a menos que en el testamento del difunto marido dijera lo contrario, a otorgar a los hijos su independencia y heredarles el patrimonio. Una vez que las propiedades de la familia fueran divididas, la madre mantenía y gobernaba sobre lo que le había tocado; no podía, sin embargo, traspasarlo en venta, ni cederlo a otra persona fuera de la familia.

El destino de las hijas mujeres no era tan bueno, pues eran excluidas de la herencia en propiedad, y sólo se les permitía posesión. Si una mujer sierva (esclava-enlace al artículo) llevaba en su seno a los hijos de su patrón, ella y su prole eran liberados, pero no tenían derecho de heredar los bienes de su antiguo propietario.

El trato liberal a las mujeres que se expresa en la Ruskaia Pravda proviene de las leyes acostumbradas de los pueblos eslavos. El estatus legal de las mujeres en la Rus’ de Kyiv estaba ligado a su estatus socioeconómico. Al trabajar junto a su esposo campesino, comerciante o miembro de la nobleza, la mujer era capaz de administrar sus propiedades tras la muerte del cónyuge, dada la experiencia y conocimiento que la pareja habría adquirido. Las mujeres nobles ejercían influencia inclusive en asuntos estatales, y algunas se convirtieron en regentes, como la reina Olha de Kyiv, Anna (la viuda del rey Roman Mstyslavych) de Halych, o Yanka (la hija del rey Vsevolod Yaroslavych,higúmeno del Monasterio de San Andrés en Kyiv), quien viajó a Constantinopla para invitar al Metropolitano de Kyiv.

Fresco representando a la Reina Anna de Kyiv. Se encuentra en la Catedral de Santa Sofía

Muchas princesas europeas contrajeron matrimonio con grandes reyes de la Rus’ de Kyiv, como por ejemplo la princesa bizantina Anna, casada con Volodymyr “El grande”, o Ingigerth, la hija de Olof Skötkonung de Suecia, casada con Yaroslav “El sabio”, o también Gytha, la hija de Harold II de Inglaterra, casada com Volodymyr Monómaco; asimismo, reinas de la Rus’ contraían nupcias con reyes extranjeros, y aquí listamos ejemplos (enlace), como Yelysaveta Yaroslavna quien se casó con Harald III de Noruega, o Anna Yaroslavna, esposa de Enrique I de Francia, además de Anastasia Yaroslavna, esposa de Andrés I de Hungría, Yevpraksiia Vsevolodivna esposa de Enrique IV de Alemania y Yevfrosyniia Mstyslavna casada con Géza II de Hungría.

Lituania-Rutenia

Durante este período el estatus legal de las mujeres era definido por el estatuto lituano, que incorporó el principio de igualdad de géneros en sus artículos criminales y civiles. Al igual que los hombres, las mujeres estaban sujetas a regulaciones y leyes muy específicas, y poseían derechos legales sin ninguna restricción básica. La normativa criminal les otorgaba protección total y, en casos ´pariculares, como por ejemplo durante el embarazo, una protección especial.

En protección de su dote, el esposo otorgaba a su cónyuge un escrito garantizando la propiedad de una tercera parte de sus bienes inmuebles y,por lo tanto, asegurando su independencia financiera. Las hijas no eran aptas de heredar propiedades inmuebles, sin embargo, puesto que ese derecho provenía de prestar el servicio militar.

Este retrato de la Rossa Soleymani, conocida en Ucrania como Roxelana, fue realizado por miembros de la escuela veneciana en el siglo XVIII. Según se dice, las facciones están basadas en información que obtuvieron de sus servicios secretos en Estambul.

Período kozako

Con sus constantes guerras y rebeliones, asi como el anterior período de la invasión tártaro-mongola, esta época dio surgimiento a un nuevo tipo de mujer, una que administraba la economía doméstica y defendía su casa e hijos con el uso de armas mientras su esposo estaba combatiendo en la guerra, como por ejemplo, Olena Zavisna.

En la guerra kozako-polaca (enlace), por ejemplo, combatieron algunos batallones formados por mujeres. Muchas fueron capturadas por tártaros y vendidas para harems de sultanes y, notables en todos los aspectos, muchas fueron como la famosa Roksoliana o Roksolana (enlace), la esposa del Sultan Süleyman I Kanuni, quien comenzó como esclava y llegó a dominar el imperio otomano.

Estampilla postal de Ucrania de 1994 dedicada a Lesya Ukrainka, gran poetisa y escritora ucraniana

El estatus socioeconómico de muchas mujeres fue formado por el estado en incremento de servidumbre dentro de las clases más bajas. La ausencia de hombres como resultado de las guerras frecuentes hizo a las mujeres más responsables que a los hombres del mantenimiento de sus familias. Y también tuvieron que cargar más el peso del servicio en Corvea (Enlace).

Dentro de la nobleza ucraniana, muchas mujeres fueron polonizadas. Otras, sin embargo, apoyaron activamente a la iglesia ucraniana y su cultura propia. Notables ejemplos de ésto fueron Anastasiia Olshanska, quien patrocinó la traducción del Evangelio de Peresopnytsia; Yelyzaveta Hulevychivna, quien donó sus propiedades al Monasterio de la Hermandad de la Epifanía de Kyiv; o Raina Vyshnevetska, Oleksandra y Sofiia Chartoryska, también Anna Hoiska, benefactoras de varios monasterios.

Fotografía de entre 1903 y 1904, mostrando a la condesa kozaka Varvara Davydovna, de Vorontsov-Dashkov, vistiendo un atuendo kozako del siglo XVII

Estado hetmánico kozako

Durante el estado hetmánico kozako el estatus legal de las mujeres era definido también por el estatuto lituano y por algunas normas locales acostumbradas, hasta la adopción del Código Legislativo de 1743. Tal código establecía penalidades más duras por matar o insultar a una mujer que a un hombre, aduciendo que la mujer era físicamente menos capaz de defenderse a si misma. El homicidio de una mujer soltera, sin embargo, como una esclava, sierva o prisionera de guerra, era nada más penalizado por una multa monetaria, llamada holovshchyna.

La situación económica de las mujeres era determinada en base a su posición social. Las esposas de campesinos libres laboraban en conjunto con sus esposos y eran básicamente socios igualitarios. Las mujeres siervas, sin embargo, eran las víctimas principales de explotación y no tenían ninguna protección legal. Los siervos del género masculino podían huir a tierras libres, generalmente las de los kozakos zapórogos, pero las del género femenino eran obligadas a quedarse y cumplir con la onerosa corvea y suplir las deficiencias para ganarse la vida, no sólo las propias sino las de sus familias.

María Magdalena Mazepa – Pintura del siglo XVII

Las vidas de los migrantes mejoraron durante y después de la guerra Kozako-Polaca de 1648-1657, cuando fue abolido el latifundio en el lado izquierdo de Ucrania y, por un breve lapso, del derecho también. En ese entonces se incrementó el desarrollo del artesanado y la manufactura y, como resultado, fueron empleados grandes números de mujeres campesinas en empresas de hilado, alfarería y bordado. Un papel importante en el crecimiento de los oficios artísticos fue responsabilidad de las monas, quienes desarrollaron la producción de vestiduras sacerdotales y otros artículos para el uso litúrgico.

En el estado hetmánico, muchas mujeres de las familias de la starshyna kozaka jugaron papeles importantes en la vida política y social. Hanna, la esposa del Hetman Bohdan Khmelnytsky, por ejemplo, fue muy influyente durante los años finales de su gobierno, e incluso emitió algunas universales.

El Hetman Ivan Mazepa solía acudir por consejo a su madre, Maryna Mazepa, y la esposa de Semen Palii comandó efectivamente el regimiento de Bila Tserkva durante la ausencia de su esposo.

En los siglos XVII y XVIII muchas mujeres fueron perseguidas y castigadas por el estado moscovita. Pelahiia Myrovych, la viuda de un coronel de Pereiaslav y madre de los emigrantes mazepistas, por ejemplo, pasó varios años en el exilio en Siberia.

La disolución de la sociedad kozaka durante el período dominio ruso llevó al declive del liderazgo femenino. Tras la pérdida de la élite nativa y, con la rusificación (o polinización en las ciudades del occidente), la conciencia de nacionalismo se preservó principalmente dentro del campesinado. Las conductoras primarias de tal conciencia eran las mujeres quienes, con su narración de cuentos e historias, y su canto de melodías patrióticas, mantuvieron vivo el conocimiento de la historia ucraniana y se lo transmitieron, junto con la cultura, a sus descendientes.

La esposa de Symon Petliura con su hija

Siglo XVIII

Desde finales del siglo XVIII, cuando Ucrania se partió y entre los imperios moscovita y austrohúngaro, el estatus de las mujeres era determinado por el código legal ruso, basado en el napoleónico, y el código civil austrohúngaro, basado en el romano. El colectivo de las damas de la nobleza mejoró, pues se les permitió heredar tierras y fincas. Las mujeres de clase media dependían generalmente de sus padres, hermanos o esposos y no obtenían ingresos fuera del hogar. La opresión más fuerte se ejerció sobre las mujeres siervas. No tenían protección legal y eran oprimidas por sus esposos, así como por los terratenientes, y cargaban el pesado yugo de la corvea, asi como los gastos del hogar.

Володимир Маковський. Мати та донька. 1886. Volodymyr Makovsky – Madre e hija ucranianas

Siglo XIX

Durante el resurgimiento social y cultural del siglo XIX, muchas mujeres de clase media se destacaron como escritoras, actrices y activistas culturales. Muchas más fueron maestras y contribuyeron al crecimiento del alfabetismo y educación básica. Antes de la primera guerra mundial, las mujeres no tenían el derecho de sufragio o muchos de los demás derechos básicos, como el de educación superior, la libertad de estudiar y trabajar en profesiones, y el de igualdad política. El objetivo principal de los movimientos feministas, entonces, era el de obtener tales derechos, movimiento que surgió a fines de este siglo.

Fue hasta 1914 que las mujeres lograron obtener el derecho de voto en la Halychyná regida por el Imperio austrohúngaro, así como Bukovyna, y sólo hasta después de la revolución de febrero de 1917 en la Ucrania bajo el gobierno moscovita. La constitución de la República Nacional de Ucrania de abril de 1918 proclamó la igualdad completa de géneros y rechazó cualquier diferencia en los derechos u obligaciones entre hombres y mujeres en la Ucrania soviética.

Joven señorita de Podillia – 1937

Decretos especiales garantizaron la protección de la salud de las mujeres, asi como sus empleos, y aseguraron las condiciones en las que las mujeres podían combinar su trabajo con la maternidad, a través de apoyo moral y material, así como licencias pagadas de maternidad y otros beneficios para mujeres embarazadas y madres, además de turnos más cortos de trabajo para madres recientes.

Revolución de Octubre

Tras la revolución de octubre de 1917 el estado soviético anunció que la emancipación de las mujeres había sido una de sus metas más importantes. Pero, oculto tras la declaración, estaba la consideración práctica en cuanto a que las mujeres eran una fuente de mano de obra por la disminución en la cantidad de hombres, bajas de la primera guerra mundial y otros levantamientos entre 1917 y 1921.

El estado estalinista impulsó la contratación de mano de obra femenina para sus políticas de industrialización de 1928, y el estado estalinista comenzó a promover el culto al establecimiento de familias numerosas y maternidad, iniciando un sistema de recompensas para mujeres que tenían muchos hijos, llamadas “madres-heroinas”. La campaña logró más ventajas al legalizar el aborto a principios de 1920, e impulsar la liberación sexual, que ganó preferencia a fines de esa década.

La Madonna Hutsul, por Kazimierz Sichulski. 1907

Eventualmente, el conservatismo estalinista y la expansión irrestricta de fuentes de trabajo triunfaron, y el aborto se prohibió en 1936; no fue legalizado de nuevo sino hasta 1955.

La colectivización de la agricultura y la hambruna, conocida como holodomor en 1932 y 1933, más el terror estalinista de los 1930s, causó sufrimiento y un enorme número de muertes tanto en mujeres como en hombres. Muchas campesinas se opusieron activamente al régimen, y lideraron levantamientos contra las autoridades locales, movimiento conocido como “Babski bunty”, especialmente después de que los hombres que lo hacían habían sido deportados o ejecutados.

Durante el período posguerra un gran número de mujeres fue activo en los movimientos disidentes, que comenzó en los 1960s y fue injustamente perseguido, encarcelando sin juicio y abusado. El estado soviético negó consistentemente el acceso a posiciones de liderazgo social, económico y político a mujeres. En 1990, por ejemplo, las mujeres constituían sólamente el 28.5% de los miembros del Partido Comunista de Ucrania, y sólo el 7% de los delegados del congreso.

Muchacha ucraniana – 1862

También en 1990 las mujeres constituían únicamente el 5.3% del sector administrativo industrial, y nunca excedió el 30% en órganos estatales. En el sector científico tampoco eran muy incluidas, con un 38% de mujeres en él y cero líderes, o en el sector educativo y médico, en el que anteriormente habían sido dominantes, sólo ocupaban el 20% de puestos de liderazgo. En puestos de liderazgo cultural, como instituciones artísticas o puestos editoriales en periódicos, a pesar de que muchas mujeres realizaron contribuciones invaluables en el arte, literatura, ciencia y cultura, estaban prácticamente ausentes.

La igualdad entre mujeres y hombres durante el período soviético fue, por lo tanto, no más que un mito ideológico, pues las estadísticas nos demuestran que no poseían mayores derechos.

Pero todo esto cambió luego de la independencia de Ucrania, cuando las mujeres llegaron a constituir el 52% de la mano de obra en el país, el porcentaje más elevado dentro de todas las naciones desarrolladas, como un 45% en los EEUU. En trabajos físicos pesados, las mujeres llegaron a ser el 80%, y esto debido a que sus salarios eran un 25% menor que los de los hombres. Más del 25% de la fuerza laboral en construcción es femenina, y millones de mujeres trabajan en turnos nocturnos o condiciones que, durante el período soviético, eran prohibidas.

Nataliya Коbrynska escritora ucraniana, organizadora y precursora del movimiento feminista en Ucrania.

No existieron organizaciones feministas en Ucrania sino hasta después de 1991, aunque durante la década de los 1980s estuvieron altamente involucradas en los movimientos feministas económicos, sociales y culturales pero claro, no en posiciones de liderazgo, pues no se les permitía.

En la Ucrania regida por los moscovitas en 1897, por cada 1000 hombres había 1008 mujeres. Ese balance se perdió tras la primera guerra mundial y los levantamientos posteriores, o la guerra Ucrania-Polonia en Halychyná, tras lo que, en 1926, esta proporción era de 1090 mujeres por cada 1000 hombres. La represión soviética de la época posguerra, que ejecutaba principalmente a hombres, complicó más esa proporción. A principios de los 1990s las mujeres formaban el 54% de la población ucraniana aunque en las comunidades inmigrantes del oeste eran la minoría.

Oksana Steshchenko – escritora de libros infantiles y traductora – heroina de Ucrania, perteneciente al movimiento “Renacimiento ejecutado”, conocido asi porque sus miembros fueron ejecutados por los sovieticos. Asesinada en 1942.

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La Academia Mohyla de Kyiv

La Academia Mohyla de Kyiv, llamada en ucraniano Kyievo-Mohylianska akademiia, fue el centro principal de alta educación en la Ucrania del siglo XVII y XVIII y que ejerció una gran influencia sobre todo el mundo ortodoxo de la época.

Estampilla postal de Ucraania del 2015, emitida en honor a la Academia

Fue establecida en 1632 por Petro Mohyla a través de la recientemente fundada Escuela de la Hermandad de la Epifanía en Kyiv, establecida entre 1615 y 1616 y también la Escuela del Monasterio de las Cuevas de Kyiv, establecida también por Mohyla en 1631. La academia Mohyla fue concebida por su fundador como un establecimiento de educación superior en el que se ofrecieran clases de filosofía y teología, y también un ente supervisor de las escuelas secundarias.

Al completar el sistema escolar ortodoxo, el estudiante debía pasar por uno similar en escuelas jesuitas polacas y, temiendo que la Academia Mohyla fuese una competencia para sus escuelas, el rey Władysław IV Vasa le dio a esta acedemia el mero título de escuela secundaria, prohibiendo que se enseñara en ella filosofía o teología. No fue sino hasta 1694 que el Colegio Mohyla de Kyiv (Collegium Kijoviense Mohileanum) fue ascendido con los privilegios totales de una academia, y no fue sino hasta 1701 que fue reconocida oficialmente por Pedro I.

Otro de los objetivos principales de Petro Mohyla para la fundación de esta academia fue el de que su pueblo llegara a dominar las habilidades intelectuales y a que la Europa contemporánea las aplicara a la defensa de la fe ortodoxa. Tomando al adversario más peligroso como un modelo, adoptó la estructura orgánica, los métodos de enseñanza y el currículum de las escuelas jesuitas. A diferencia de otras escuelas ortodoxas, que hacían énfasis en el antiguo eslavónico eclesiástico y el griego, el colegio Mohyla le dio prioridad al latín y al polaco. Este cambio fue una victoria para los varios clérigos que apreciaban la importancia política e intelectual de esos idiomas.

El eslavónico eclesiástico, el idioma sacro, y el ruteno, el idioma de los literatos ucranianos y belarusos, muy cercano a lo vernáculo, siguió siendo enseñado, mientras que el griego pasó a segundo plano. El programa de licenciatura, basado en las artes libres, fue diseñado para desarrollar las habilidades básicas de la demagogia, en vez de un mero cuerpo de puro conocimiento, y fue organizado en cinco grados.

Los tres grados inferiores eran gramaticales esencialmente. El primer curso era introductorio, llamado análogo o fara, dedicado a la lectura y escritura de latín elemental, además de polaco y eslavónico. El siguiente, el infima, proveía una introducción a la gramática latina, basándose en la Grammatica Libri Tres de E. Álvarez De Institutione, el libro de texto estándard adoptado por los jesuítas. En el siguiente curso, grammatica, se seguía utilizando a Álvarez para la sintaxis del latín, lecturas de Cicerón y Ovidio, y se iniciaba con la gramática del griego.

En el siguiente curso, llamado syntaxis, se finalizaba el curso de Álvarez y se proseguía con el griego. Además de Cicerón y Ovidio, también era obligatoria la lectura de Virgilio, Tíbulo y Esopo. Cada curso llevaba un año e incluía catecismo, aritmética, música y pintura.

Luego venía el nivel intermedio, que consistía de dos cursos en los que los estudiantes comenzaban a componer prosa y verso en latín. El primero, llamado poetica, tomaba un año y se basaba en la teoría y práctica de la literatura y un estudio detallado de César, Livy, Curtius, Virgilio, Horacio y otros.

Estampilla postal de Ucrania, de 1991

También se leía a grandes poetas polacos barrocos y renacentistas, como Jan Kochanowski, Samuel Twardowski y, más adelante, poesía ucraniana, como la de Ivan Velychkovsky. Una retórica en el curso de dos años se completaba en el programa de las escuelas secundarias. Pero en este curso también se trataba la poesía de Cicerón y Aristóteles, a modo de dominar las reglas de la composición elegante. En ambos grados, los estudiantes absorbían mucho de información de prosa y verso en el estudio profundo secular y bíblico, mitología, geografía clásica, aunque sólo con el propósito de la retórica, no para conocimientos.

Los catedráticos Kyivanos, como los de escuelas polacas y de otros países de Europa, preparaban a menudo sus propios manuales de retórica y poética. Han sobrevivido alrededor de 120 de dichos manuales, que datan de los siglos XVII y XVIII, incluída la De Arte Poetica Libri III de Teofano Prokopovych, escrita en 1705, y la De Arte Rhetorica Libri X de 1706. Está muy conectada la Academia Mohyla con el florecer tan destacado de la literatura del Barroco Ucraniano.

Casa Mazepa – Biblioteca de la Academia

Los cursos de educación de mayor nivel consistían de un programa de filosofía con duración de tres años, que abrían el camino a cuatro años de teología. A pesar de la prohibición real, se impartían regularmente algunos cursos de filosofía y, entre 1642 y 1646 también estaba disponible la teología. A mediados de la década de los 1680s ya se había establecido un programa completo de filosofía y teología en el currículum. Y dentro del programa de filosofía, iban incluidas la lógica, física y metafísica, como partes principales.

De los libros de texto, la enorme mayoría escritos por los catedráticos, sobreviven en la actualidad alrededor de 80, que muestran que no existía un sistema uniforme de enseñanza, sino que cada curso reflejaba las preferencias y habilidades específicas de cada docente. La filosofía aristotélica, por ejemplo, no se basaba en Aristóteles mismo, sino de los estudiosos medievales de su obre, y era complementada con las doctrinas de San Agustín, Santo Tomás de Aquino, William de Ockham, y humanistas como L. Valla, L. Vives, y D. Erasmus, con también el erudito protestante P. Melanchthon, y los Jesuitas F. Suárez, P. da Fonseca, y L. de Molina.

Monumento a Petro Mohyla, fundador

A principios del siglo XVIII, Teófano Prokopovych mostró interés en la obra de R. Descartes y F. Bacon. Desde mediados del siglo XVIII, bajo las órdenes del Santo Sínodo, se comenzó a leer también la filosofía de C. Wolff. Los cursos teológicos de la academia se componían de los comentarios y obras de grandes teólogos católicos, como R. Bellarmine, F. Suárez, T. González, y el jesuita polaco T. Młodzianowski. .

Iglesia del Espíritu Santo – parte de las instalaciones de la Academia

Desde sus inicios, la academia mantuvo lazos muy íntimos con la Starshyna kozaka, la cual la proveía de material de apoyo. El Hetman Ivan Petrazhytsky-Kulaha aprobó los planes de Petro Mohyla para la nueva escuela en 1632 y la garantizó por medio de un título oficial. La escuela, a cambio, educó a toda una generación de la elite gobernante kozaka. En la década de los 1640s, cuando la jerarquía ortodoxa se puso de lado de la corona polaca en contra de las rebeliones kozakas, los hijos de kozakos continuaban asistiendo a la academia. Dentro de este grupo se encontrabana los futuros grandes hetmanes, como Ivan Vyhovsky, Ivan Samoilovych, Pavlo Teteria, Ivan Mazepa, y Pavlo Polubotok.

Bohdan Khmelnytsky estableció la tradición de subvención hetmánica en fondos monetarios a la academia, además de tierras y privilegios. La oposición clerical de Kyiv al Tratado de Pereiaslav de 1654 restringió severamente su relación con los kozakos. También, durante el período de la Guerra Kozako-Polaca de 1648 a 1657, más el posterior período de Ruina de 1657 a 1687, las actividades del colegio fueron restringidas gravemente. Las instalaciones de la Academia fueron saqueadas y destruídas varias veces, tanto por el ejército moscovita como por el polaco.

“Edificio Circular” – principal de la Academia Mohyla

El fuerte estado hetmánico que surgió en el lado izquierdo de Ucrania tras el período de Ruina proveyó de condiciones muy favorables para el cracimiento de esta institución educativa. Apoyada fuerte y generosamente por el Hetman Samoilovych (1672–87), la escuela comenzó a florecer, llegando hasta el final de su gobierno, el que sucedió el Hetman Mazepa (1687–1709), cuya temporada de gobierno llevó a la Academia a vivir su era dorada. En esta época, más de 2,000 estudiantes se inscribían anualmente, con algunos de ellos futuros oficiales kozakos destacados, tales como S. Maksymovych, O. Turansky, o A. Runovsky.

Muchos de los autores consumados ucranianos y expertos miembros del clero sirvieron dentro de la facultad de la academia, como Lazar Baranovych, Ioan Maksymovych, Dymytrii Tuptalo, Stefan Yavorsky, y Teófano Prokopovych. Algunos de ellos jugaron papeles instrumentales en las reformas educativas de Pedro I en el imperio moscovita, puesto que la academia moscovita se basó en la Kyivana, además de que varias escuelas de ese imperio fueron establecidas por bispos graduados en la academia Mohyla. Debido a que estaba abierta a todos los niveles sociales, la academia atraía a estudiantes de muchos sitios del mundo ortodoxo, con graduados ucranianos y, sobre todo los extranjeros regresaban a sus naciones llevando el modelo educativo Kyivano.

Edificio académico más reciente

Al mismo tiempo se expandía el poder político de Moscú, con lo cual aumentaba la interferencia que se ejercía sobre la influencia ucraniana en la academia y resultaba en una amenaza a la libertad y autonomía de esa institución. Tomando el control de la metrópoli de Kyiv en 1686, el patriarca de Moscú intentó terminar con la influencia de Kyiv en la sociedad moscovita al etiquetar casi todas las publicaciones de esta academia como libros heréticos. Además se prohibió publicar libros en ruteno. Aunque en 1693 el Patriarca Adrian liberó las restricciones lingüísticas, siempre le fue negada la entrada a Moscovia a libros ucranianos.

La era dorada de la academia llegó a un repentino final con la derrota de Ivan Mazepa en la batalla de Poltava en 1709. Las instalaciones de la academia fueron totalmente saqueadas por las tropas moscovitas, ya no fueron admitidos estudiantes del lado derecho de Ucrania, que estaba bajo gobierno polaco. De 2,000 ingresos durante la época dorada, cayó el número a 161 para 1711, y los graduados eran animados a buscar posiciones en Moscú o San Petersburgo. Empeoró la situación con la prohibición por Pedro I de cualquier texto religioso escrito en Eslavónico eclesiástico o en ruteno.

Reloj de sol en las instalaciones del Campus

Pero tras la muerte de Pedro I le fueron retornadas las dotaciones otorgadas por Ivan Mazepa. Gracias al apoyo del Hetman Danylo Apostol y los telentos administrativos del Metropolitano Rafail Zaborovsky (1731–42), se logró revivir la academia. Fueron impartidos nuevos cursos, en idiomas modernos, también historia, matemáticas, medicina y geografía. El número de ingresos comenzó a aumentar de forma constante, de 490 en 1738 a 1,110 en 1744. Los graduados obtenían luego doctorados en universidades europeas, haciendo su base educativa en esta acaemia, y los hijos de muchos kozakos acaudalados estuvieron incluídos en ese grupo.

La academia continuó educando a la élite civil y eclesiástica del estado hetmánico y del imperio moscovita. La abolición del hetmanato kozako, sin embargo, por Catalina II en 1764, más la secularización de los monasterios en 1786 privó a la academia del apoyo económico. Se convirtió en guarda del imperio y su importancia cayó rápidamente. Para finales de siglo, ya había sido reducida a un seminario de la eparquía. En 1811, 1,069 de sus 1,198 estudiantes fueron candidatos al sacerdocio.

En 1817 cerró la academia y, dos años después, se abrió en su lugar la Academia Teológica de Kyiv.

Postal antigua que muestra los edificios de “La Hermandad”

En 1991, finalmente, la Academia regresó a sus funciones como Universidad Nacional, abriendo sus puertas a los estudiantes en 1992, en su campus histórico.


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Mensajes de desinformación claves sobre las protestas de Bielorrusia

Bielorussia

Las protestas que estallaron en Bielorrusia luego de la fraudulenta elección presidencial en la cual el  incumbente Aleksander Lukashenko ganó con el 80,08 % de los votos, ya  se han convertido en un asunto de desinformación. Gran parte del mensaje está alineado entre el régimen bielorruso y el Kremlin, quienes culpan a la interferencia extranjera. La gran diferencia es que Lukashenko añadió a la Federación Rusa al grupo de sospechosos, nombrando también a Chequia, el Reino Unido, Polonia y Ucrania a raíz de la detención de 33 miembros del Cuerpo Militar Privado ruso “Wagner”. A pesar de esta caída en desgracia, Moscú permanece apoyando la retórica de Lukashenko, haciéndose eco de la acusación a actores occidentales – en su mayoría a miembro estados de la UE y de la OTAN – que presuntamente intentan organizar una “revolución de color”

La televisión bielorrusa se mantuvo callada sobre las protestas, difundiendo noticias agrícolas idílicas, aunque ahora que el malestar es imposible de ignorar, le dedica más atención al asunto – demostrando que los activistas arrestados fueron forzados a rechazar seguir participando en las protestas frente a la cámara.  Las comunicaciones, incluyendo las redes móviles y de internet, están en su mayoría interferidas – una jugada que apunta a subvertir el malestar cívico, que el actual presidente ha culpado a actores extranjeros. La televisión rusa controlada por el estado también desestimó inicialmente las protestas, aunque el asunto gana momentum de manera consistente. Ambas partes niegan la violencia policial (incluyendo transportar a los que protestan en ambulancias para golpearlos gravemente en vez de brindarles asistencia médica) y muestran a los activistas como provocadores agresivos, también insistiendo que han sido sobornados: el Ministerio del Interior de Bielorrusia ha detenido a una persona que denuncian estaba pagando a los manifestantes. Al 12 de agosto, más de 6.000 personas han sido detenidas – de acuerdo a información oficial – y al menos una persona fue confirmada fallecida. Fuentes oficiales, tanto bielorrusas como rusas, atribuyen su muerte a la explosión de una granada que presuntamente intentó arrojar a las fuerzas del orden – denuncia que es ampliamente cuestionada. Hacer referencia solo a la información suministrada por Minsk es otra típica jugada de la cobertura rusa de los eventos.  Mientras que confiar en la información oficial es el mejor curso de acción en los estados democráticos, no es el caso de Bielorrusia. La información de fuentes independientes es ignorada, y la magnitud de la insatisfacción pública es socavada representando a los manifestantes como una minoría radical.

Una gran cantidad de comparaciones – negativas – son realizadas con Euromaidán en Ucrania. Las protestas son descriptas utilizando las mismas tecnologías y siguiendo el mismo libreto, provisto por Occidente (predominantemente los EE.UU.). Esto llega a otra narrativa, más frecuente en línea que en la televisión controlada por el estado. De acuerdo a ella, los bielorrusos no “deberían repetir el error de Maidán”, dado que condujo a una guerra y a una crisis en el estado. Este tipo de mensaje desplaza la culpa de la Federación Rusa por desatar la agresión a Ucrania e incita temor en los manifestantes. Otros mensajes identificados en línea – una gran cantidad difundidos de cuentas presumiblemente falsas – culpan a los bielorrusos de ser desagradecidos con Lukashenko, insistiendo que ha proveído estabilidad y desarrollo económico al país. Cuentar similares a menudo elogian a las fuerzas del orden por sus acciones brutales.

Así todo, otro mensaje observado hasta ahora en las redes sociales como Twitter y Facebook, acusa a los manifestantes de ser “fascistas”. La bandera blanca- roja- blanca, que se remonta al menos a 1917, y es usada por los opositores al régimen, ha sido calificada como Nazi. Ha permanecido como un símbolo de la oposición desde los tempranos tiempos de la dictadura de Lukashenko – y los opositores han sido arrestados previamente por mostrarla. Similares acusaciones ha recibido el slogan “Жыве Беларус” (¡Larga Vida a Bielorrusia!) de igual manera que “Слава Україні!” (¡Gloria a Ucrania!) ha sido  denominada Nazi por los agentes de desinformación rusa.  Esta retórica no está aun muy diseminada, aunque si las protestas tienen éxito (y no son cooptadas), Bielorrusia  muy probablemente será acusada de Nacionalismo Radical – una etiqueta favorita de la desinformación rusa utilizada en contra de todos aquellos estados que intentan distanciarse del control del Kremlin.

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Fuente: Ukraine Crisis Media Center, “Key Disinfo Messages on Belarus Protests”, 13 de agosto de 2020

 


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Manifestaciones históricas en Bielorrusia: las claves del momento

La república del este de Europa está viviendo su semana más crítica desde la caída de la Unión Soviética. Los sucesos constituyen un punto de inflexión histórico que sacuden la comúnmente llamada «última dictadura de Europa».

Ilustración 1: Vista de la manifestación convocada el domingo 16 de agosto en Minsk. Fuente: Nexta

El pasado 9 de agosto se celebraron elecciones presidenciales en Bielorrusia. Según las cifras oficiales, el presidente Aliaksandr Lukashenka (Aleksandr Lukashenko), que gobierna desde 1994, obtuvo el 80,23% de los votos con un 84,23% de participación, frente al 9,9% de Sviatlana Tijanouskaya (Svetlana Tijanovskaya), la principal candidata de la oposición.

Ilustración 2: Resultados de las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia. Fuente: BelTA.

Lo relevante acerca de Tijanouskaya estriba en que se presentó para continuar con la carrera presidencial de su marido, el bloguero Siarhéi Tijanouski (Serguéi Tijanovski), encarcelado el 29 de mayo acusado de organizar desórdenes públicos masivos.

Al anunciarse los resultados, cientos de personas se echaron a las calles para manifestarse contra la extensión del mandato presencial de Aliaksandr Lukashenka. La policía intervino para dispersar a los manifestantes utilizando gas lacrimógeno, granadas conmocionadoras y balas de goma. La candidata opositora abandonó Bielorrusia para establecerse en Lituania. Se han denunciado hasta 3 700 detenciones por todo el país.

Entre los manifestantes se encontraba Aliaksandr Taraykouski (Aleksandr Taraykovski), un joven de 34 años, que falleció frente a una fila de policías. Las autoridades aseguran que Aliaksandr murió mientras trataba de arrojar un artefacto explosivo a las fuerzas del orden. Supuestamente, este artefacto explotó en su mano, causándole heridas mortales. Sin embargo, su esposa asegura que solo tenía una herida en el pecho. En diversos vídeos puede verse como el joven camina con los brazos en alto y cae al suelo tras un fogonazo, lo que deja en entredicho la versión oficial.

Ilustración 3: Imagen del disparo que presuntamente abate a Aliaksandr. Fuente: Euraradyo.

La muerte de Alexander supuso la gota que colmó el vaso tras 25 años de denuncias de brutalidad policial, censura y detenciones ilegales. Espoleados por las imágenes y relatos de heridos y arrestados, se desencadenaron protestas espontáneas de ciudadanos indignados. Con el paso de los días, la afluencia, lejos de reducirse, ha crecido hasta convertirse en la mayor muestra de rechazo hacia el gobierno de Lukashenka desde su llegada al poder.

En un primer momento, comenzó como respuesta a los episodios de violencia policial. Indignados por los vídeos que circulan por las redes, exigen a las fuerzas gubernamentales que abandonen la habitual violencia con sus familiares, amigos y conocidos para pasar a protegerlos. Entretanto, afloraron las reivindicaciones políticas, reclamando la liberación de presos políticos y la celebración de elecciones libres.

A lo largo de la semana, se han sucedido concentraciones a lo largo y ancho del país, que han dejado imágenes inéditas, históricas e impensables hace apenas dos semanas. Los manifestantes portan banderas rojas y blancas, símbolos de oposición al régimen. Paralelamente, los trabajadores de ciertas industrias, así como la televisión estatal, se declararon en huelga.

Ilustración 4: Trabajadores de la Planta de Tractores de Minsk se manifiestan al grito de «¡Vete!». Fuente: Nexta, TUT.by

El domingo 16 de agosto se han convocado marchas por todo el país. Algunos medios cifran la asistencia en más de 400 000 participantes. Las concentraciones se han dejado sentir en ciudades como Minsk, Brest, Hrodna (Grodno), Mazyr (Mozyr), Lahoisk (Logoisk), Orsha, Hómiel (Gómel), Varánvichi (Varanóvichi), Mahilióu (Mogiliov) y muchas otras.

Ilustración 5: Mapa de las protestas acaecidas durante la semana del 10 al 16 de agosto de 2020. Fuente: Belsat

Se han producido concentraciones al grito de «¡Soltadlos!» frente a centros de reclusión Incluso se han izado banderas rojiblancas en edificios gubernamentales.

Las concentraciones guardan un carácter pacífico, espontáneo y mayoritariamente descentralizado. A pesar de los problemas de conexión a Internet que se iniciaron el día de las elecciones, el flujo de información se ha mantenido gracias al canal de Telegram Nexta, que informa en directo de lo que ocurre en el país. El Comité de Campaña de Tijanouskaya ha impulsado el reconocimiento de Sviatlana como la legítima presidenta de Bielorrusia y la creación de un Consejo que detente el poder transitoriamente.

Ilustración 6: Cartel de convocatoria de la huelga. En ruso: «Huelga indefinida desde el 11 de agosto hasta el derrocamiento del régimen. Somos muchos, venceremos». Fuente: canal de Telegram Nexta.

Además de todo esto, se ha convocado una huelga indefinida «hasta el derrocamiento del régimen». El seguimiento ha sido masivo: a fecha del 17 de agosto, Belavia, la aerolínea estatal; la planta refinadora de petróleo de Navapólatsk; la televisión estatal BT y todas las minas del país, por citar algunos ejemplos, se han sumado a la convocatoria.

Uno de los sucesos más impactantes tuvo lugar la mañana del 17 de agosto en la Planta de Tractocamiones de Minsk, donde el Presidente se dirigió a un amplio grupo de manifestantes. Los congregados interrumpieron las palabras de Lukashenko coreando «¡Lárgate! ¡Lárgate!» a viva voz. El mandatario apenas pudo responder con escueto un «Gracias, he dicho todo. Podéis gritar “lárgate”» y abandonó el estrado. Tras esto, continuaron los gritos exigiendo la marcha del Presidente.

Ilustración 7: Lukashenko abandona el estrado tras concluir su discurso  y escuchar los gritos de los manifestantes. Fuente: Nexta.

Por su parte, las autoridades también convocaron una manifestación en apoyo del Presidente, si bien su magnitud está lejos de equipararse a la de las marchas ciudadanas. Con todo y con ello, Lukashenko ha manifestado con contundencia su intención de aferrarse al poder: «Mientras no me matéis, no habrá otras elecciones».

Aún estamos a la espera de los movimientos que pueda realizar el Kremlin, aunque parece que Putin ya ha mostrado su apoyo al mandatario actual en caso de ser necesario.

Según las redes, las protestas actuales constituyen una oportunidad única para desalojar al Presidente Lukashenko del poder. Se ha cruzado el punto de no retorno, luego es del interés de los manifestantes insistir en sus exigencias. Merece la pena recordar que, tal y como ha ocurrido en otras ocasiones, у Беларусі няма праблем са свабодай слову, а са свабодай пасля слову («En Bielorrusia no hay problema con la libertad de expresión, sino con la libertad después de la expresión.»)

Ilustración 8: Concentración en la Plaza de la Independencia de Minsk el 16 de agosto de 2020. Fuente: Nexta.

Por Jaime García Chaparro

Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Alfonso X el Sabio

Con la inestimable asistencia de Alberto García Chaparro


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La Servidumbre

La servidumbre en Ucrania (Кріпацтво) fue una especie de esclavitud hacia los campesinos, creando una dependencia de las clases altas, terratenientes, que eran características del sistema feudal, y existieron también en otras partes de Europa, desde le época medieval y hasta el siglo XIX.

Cuadro de Tarás Shevchenko “Familia campesina”, 1843

El grado de servilismo y la prevalencia de la relación sirviente-señor diferió según época y país, según las condiciones naturales, económicas y políticas imperantes. En Ucrania, en específico, este tipo de esclavitud se originó en los territorios gobernados por Polonia. Bajo el sistema polaco de servidumbre, los campesinos estaban atados por ley a sus parcelas de tierra, que eran propiedad de su señor.

La cantidad de trabajo obligatorio, conocido como “Corvea”(*) que el campesino debía al señor, dependía del tamaño y calidad de la parcela, pero la cantidad exacta de trabajo era más a menudo arbitraria. El sistema ruso de servidumbre, que fue establecido en territorios ucranianos bajo gobierno ruso a fines del siglo XVIII estaba basada en el principio de que el señor feudal era propietario incluso del campesino que estaba bajo su control (ver “Almas Muertas“). Podía disponer de sus sirvientes como quisiera: podía incluso separarlos de sus tierras. La cantidad de trabajo que los campesino les debían, y el tamaño de sus lotes, dependía de la cantidad de hombres adultos en sus familias.

Oleksander Murashko: Familia de Campesinos. 1914

Período Medieval

En la época del reino de la Rus´de Kyiv, el reino de Halytsya-Volhynia y el Gran Ducado de Lituania, las enormes fincas de los reyes, príncipes y boyares, a menudo producían lo suficiente como para satisfacer únicamente sus propias necesidades, y el trabajo era realizado mayormente por esclavos o campesinos nepojozhi semilibres, de diferentes clases: zakupy, izhoi, siabry, etc.

Pirograbado del siglo XVI – Campesinos

La gran mayoría de campesinos vivía en tierras de su propiedad y pagaba tributo en especia o en dinero al rey gobernante. Los campesinos libres, los pojozhi, algunas veces debían pagar por medio de labor sin paga en la construcción de fortificaciones y caminos y, en ocasiones de emergencia, eran convocados también a acudir a las armas, de forma de realizar el pago de la deuda en forma masiva.

Bajo gobierno polaco

Cuando el régimen polaco se difundió por Ucrania, en la segunda mitad del siglo XV y todo el XVI, la posición del campesinado en los territorios ucranianos cambió de forma radical.

Grabado del siglo XVI – Campesinos

En Polonia, la posesión de tierra alodial era ya un privilegio para la clase regente. La nobleza estaba exenta de cualquier forma de tenencia condicional (feudal), y los campesinos habían sido privados de sus antiguos derechos de posesión. Los magnates y nobles polacos extendieron su sistema de servidumbre a Ucrania Occidental y, después de la Unión de Lublin en 1569, también al lado derecho del país. Para igualar las obligaciones de las distintas categorías entre los campesinos, fue introducida la reforma de tierra Voloka en 1557 en los territorios ucranianos, y fue implementada de forma gradual a lo largo del siguiente siglo.

Los nobles polacos establecieron los filvarky en las mejores tierras y comenzaron a especializarse en producción de grano para exportación, algo conocido como Filvarok. Las “Dietas” de la nobleza de 1496, 1505, 1519, y 1520, emitieron decretos que ataban más que nunca a los campesinos a sus tierras, privándolos del derecho de movilizarse, y sujetándolos completamente a las cortes de tales nobles, además de incrementar sus obligaciones hacia ellos. Finalmente, la cantidad de trabajo que los esclavos debían a sus amos, y otros temas que les concernían, eran dejados al criterio de los nobles, sus tenentes o sus mayordomos.

Un campesino ucraniano – Obra de Tymofii Kalynsky

Un sistema uniforme de obligaciones y relaciones con los sirvientes fue mantenida en las fincas reales, en donde los esclavos recibían mejor trato que en las fincas nobles privadas.

Las obligaciones impuestas a los sirvientes surgieron de forma abrupta en los casos en los que el tenente, no el terrateniente, administraba la finca. Aunque las parcelas de los campesinos se iban encogiendo, no así sus obligaciones. En 1566, el 58% de las granjas campesinas en Halytsya consistía en más de medio pivlan.

Para 1648, sólo el 38% era de ese tamaño, y para 1665 sólo el 16%, mientras que para 1765 ya sólo el 11%. A fines del siglo XVI, la parcela estándard de los esclavos era de medio “campo” de extensión. Casi el 41% de ellas era de ese tamaño, y el 24% era de un cuarto de campo. Y cualquiera fuese su tamaño, requería de corvea a mano, con un buey o un caballo. Mientras que lotes más grandes requerían corvea con un par de animales de tiro, por lo que era conocido como “parovi” (par), los más pequeños eran llamados “poiedynky” (simple).

Dependiendo del período y de la localización era que variaba la cantidad de corvea, desde tres a seis días por semana, y por uno o más miembros de un hogar. Los sirvientes más pobres, como los horodnyky y los komornyky, con lotes muy pequeños o sin siquiera una parcela, proveían uno a seis días de corvea a pie por semana. La cuota de corvea semanal, otras formas de trabajo estacionales o especiales, y tareas adicionales en especia o dinero, variaban según la provincia y hasta según la finca, asi como la extensión de las parcelas.

Cuadro por Ivan Izhakevych – Siervos siendo intercambiados por perros

En la década de los 1620s, la corvea en fincas de magnates era de cuatro a seis días por semana por voloka (unidad de medida de extensión equivalente a 16.8 ha), pero algunos patronos requerían de trabajo para todos los días de la semana, incluídos días festivos. Mientras más al este, los lotes de los sirvientes eran más grandes y la corvea más pequeña, y la obligación del sirviente era menos fuerte.

Durante los siglos XVI y XVII había tres franjas distintas de exclavitud en los terrirotios ucranianos. En Ucrania occidental, en donde estaban más desarrollados los filvarky, los campesinos eran explotados intensamente y tenían los lotes más pequeños de todos. En la franja media, que abarcaba Podilia oriental y la región noroccidental de Kyiv, era mixta, alodial y condicional, y la transición al filvarok fue más lenta. Los grandes terratenientes allí estaban mayormente satisfechos con recibir el pago en especia, y los campesinos no estaban completa o uniformemente privados del derecho de poseer la tierra. En la tercera franja, que cubría las tierras a lo largo de los rios Dnipro y Boh en el sur de Ucrania, la esclavitud era difícil de imponer: por la proximidad de las estepas y el riesgo constante de ataques tártaros, la población era muy nómada.

Al norte de la linea defensiva de castillos, muchas fincas en la segunda y tercera franja ofrecían exenciones de corvea de 15, 20 o 30 años, o de otras obligaciones, a forma de atraer y conservar a los colonos.

Período Hetmánico

Al ser más explotados en incremento los sirvientes en las franjas occidental y media, y ya que las exenciones de corvea habían expirado o habían sido anuladas por los terratenientes, los campesinos huían a los territorios bajo control kozako y se unían a los levantamientos. Tales condiciones contribuyeron a la Guerra Kozako-Polaca.

El campesinado participó en la guerra en una escala masiva. Algunos de los combatientes campesinos se enrolaron en las filas kozakas y, junto con los kozakos recién unidos, de otras fincas, demandaban libre acceso a tierras y otros privilegios de estos guerreros. Los ex-campesinos, que habían fracasado en entrar al estado kozako, tomaron posesión de “tierras de nadie” en los territorios liberados.

Pero los hetmanes Bohdan Jmelnytsky y sus sucesores, exhortaron a los ex-sirvientes a regresar en ciertos casos al servicio de monasterios y de los nobles que reconocían el estado kozako. Generalmente, las obligaciones de los campesinos desde la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, eran livianas. La relación sirviente-señor y el nivel de corvea, dependía del tipo de aldea y de su propietario. Un gran número de pospolyti, que realizaban corvea para el estado, podían poseer tierras.

La starshyna kozaka, que recibió fincas según su rango, solicitaba trabajadores. Muchos campesinos de Ucrania Occidental y del lado derecho de Ucrania, que eran retenidos por Polonia, huyeron al estado hetmánico o a la Ucrania Slobidska. Muchos de ellos establecidos como campesinos desterrados en las fincas de los miembros de la starshyna kozaka o monasterios.

Según un censo realizado entre 1729 y 1730 en el estado hetmánico, sólo el 35% de los campesinos tenía obligaciones con terratenientes privados y no todos ellos eran requeridos a realizar corvea. La universal del Hetman Ivan Mazepa en 1701 prohibió más de dos días de corvea por semana.

Gradualmente, los campesinos de la Ucrania hetmánica perdieron el derecho de disponer de sus tierras y, eventualmente, también de su libertad. En la década de los 1740s, los pospolyti aún podían moverse de finquero en finquero, pero debían renunciar a su propiedad, ya que eran parte del inventario de la misma. Los oficiales kozakos y monasterios realizaban esfuerzos para atar a los campesinos a la tierra, y el proceso fue reforzado por el gobierno ruso, que estaba interesado en la expansión del sistema imperial de esclavitud a Ucrania.

En el lado derecho de Ucrania, particularmente en Volhynia, el levantamiento de Bohdan Jmelnytsky en 1648, no trajo cambios sustanciales a la posición del campesinado. Durante el siglo XVIII, el sistema de filvarok fue restaurado e incrementaron las demandas de corvea a los esclavos.

Bajo gobierno ruso

Por el decreto del 3 de mayo de 1783 por Catalina II, se introdujo el sistema ruso de servidumbre en las tierras del antiguo estado hetmánico, y el 1785 la starshyna kozaka recibió los derechos de la nobleza rusa.

Manifesto de los tres días de corvea

Después de la segunda y tercera de las particiones de Polonia, el sistema de servidumbre ruso se extendió también al lado derecho de Ucrania. Según estimados oficiales de 1858, el 60% de los sirvientes pertenecía a terratenientes, y el 40% vivía en tierras heredadas o estatales. De los sirvientes de terratenientes, sólo el 1.2% pagaba renta, y el resto realizaba corvea. Los campesinos del estado a menudo pagaban renta de liberación. Durante la primera mitad del siglo XIX, la tierra asignada a los campesinos disminuyó, con ventaja para las filvarky, la corvea incrementó, y el número de campesinos sin tierras aumentó drásticamente. La corvea y el impuesto por cabeza aumentaron en promedio hasta entre cuatro y seis días de trabajo por semana. El sistema normativo de trabajo (urochna) fue adoptado ampliamente. Muchos campesinos, conocidos como misiachnyky, perdieron sus tierras y trabajaban sólamente en heredad de su señor para una ración mensual de productos. Otros se convirtieron en sirvientes domésticos, que trabajaban y vivían en la casa patronal.

Los terratenientes también incrementaron la corvea para cubrir los impuestos personales y de deudas atrasadas, impuestos por el gobierno. En un manifesto separado en 1797, el gobierno ruso proponía que los terratenientes limitaran sus demandas a corveas de tres días a los campesinos.

Subasta de Siervos – 1910

En 1819 se clarificaron algunos aspectos de la relación siervo-maestro. Esos, y otros manifestos, fueron grandemente ignorados por los terratenientes. En 1847 y 1848, el gobierno emitió als llamadas “Regulaciones de Inventario” para el lado derecho de Ucrania, las cuales disminuyeron la dependencia personal de los campesinos en sus maestros, bajaron la corvea y la regularon según las parcelas asignadas, prohibieron transferir la corvea de una semana a otra, abolieron ciertos pagos y prohibieron la conversión de los siervos ordinarios a siervos domésticos. La infracción de tales regulaciones era penalizada en una corte militar.

“Venta de una sirvienta, por Nikolai Nevrev – 1866. La tituló “Mercado. Escena del pasado reciente, de una vida de servidumbre”

En la Transcarpatia

Este tipo de esclavitud fue practicada en la Transcarpatia desde el siglo XIV.

En la primera mitad del siglo XVI, los sirvientes estaban atados a la tierra, y la corvea aumentó grandemente. En 1546, Stephan Werböczy codificó las leyes que gobernaban la relación amo-esclavo en el código Tripartitum. Un sirviente debía pagar al estado un impuesto doméstico (podymne), a la iglesia un diezmo (una décima parte de su grano) y a su amo una décima parte de sus ingresos, y cumplir con al menos tres días de corvea por semana.

Realmente, todos los gravámenes pesaban sobre los campesinos, aunque sin embargo, variaban según las condiciones externas (por ejemplo, disminuyeron en tiempos de guerra) y en la voluntad del terrateniente.

La condición de los siervos mejoró en 1767, cuando Maria Teresa restauró su derecho a recolonizar, definió sus obligaciones y redujo a la mitad la corvea. En 1848 la Dieta Húngara abolió la corvea, pero la ley no entró en vigencia sino hasta 1853.

En Bukovyna

Bajo gobierno moldavo, los campesinos de Bukovina generamente sólo realizaban 12 días de corvea al año, y pagaban a su amo una décima parte de su cosecha.

Pero tenían libertad de locomoción. El sistema de servidumbre introducido en 1544 fue menos explotativo que el polaco y, como resultado, muchos campesinos de Pokutia y Podilia escaparon a Bukovyna. En 1749, el gobernante moldavo K. Mavrokordatos (Mavrocordat) abolió la servidumbre e impuso 24 días de corvea por año y como impuesto. Según la ley de oro del voivod G. Ghica en 1766, los campesinos estaban obligados a realizar 12 días de corvea y dejarle una décima parte de su cosecha. Esa ley estuvo vigente hasta 1848.

Galitzia y Bukovina bajo gobierno austriaco

Para aumentar la recolección de impuestos y mejorar la cantidad de reclutas para el ejército en las tierras recién anexadas, Maria Teresa y José II intentaron regular las relaciones entre siervo y amo, y limitar la dependencia del campesino en el terrateniente.

En la década de los 1780s, se llevaron a cabo un catastro y una encuesta sobre las obligaciones de servidumbre. Las tierras pertenecientes a los terratenientes fueron separadas de las tierras rústicas reservadas para los campesinos, y fueron prohibidas las transferencias entre categorías. La dependencia personal del siervo en su amo fue restringida, y el sirviente tenía permitido apelar a instituciones estatales en contra de veredictos de su señor. La corvea se limitó a una cantidad fija de días dependiendo del tamaño de la parcela asignada, y fueron abolidos gravámenes adicionales.

Los campesinos adquirieron el derecho de vender libremente sus productos. Las comunidades en aldeas recibieron también nuevos poderes de autogobierno. Fue asignado un mediador especial del gobierno para que velara por los asuntos de los campesinos.

Muchas de las reformas fueron ignoradas por los sucesores de José II. Su decreto limitaba las obligaciones de los sirvientes a un 30% del ingreso total, fue revocado.

En beneficio de la ley, para 1848 los terratenientes anexaron a sus filvarky alrededor de un millón de parcelas rústicas. A principios del siglo XIX, ya un 78% de las familias de siervos en Galitzia habían sido adjuntadas a fincas privadas, y el restante 22% a tierras estatales. Los campesinos fueron divididos, según la cantidad de tierra y número de obligaciones, en siervos parovi (de par), con un 2.5% de ellos domésticos, poseyendo el 6.9% de las tierras rústicas; en siervos poiedynky (simples), con un 42.6 y un 60.5%, respectivamente, siervos pedestres, con el 45.9% y 32.6%, y los komornyky (sin tierras), con un 9% para labores domésticas.

En promedio, un campesino doméstico debía labrar una extensión de 2 hectáreas de las tierras de su amo, y prestar 78 días de corvea al año en tierras estatales, y 133, o a veces hasta 300, en fincas privadas. La mayor parte, el 68.2%, de las obligaciones de los campesinos consistían en corvea, el 26.6% en pagos con moneda, y el 5.2% de otros servicios y cuotas.

El amo a veces realizaba más exacciones, ilegales, de los campesinos al imponer multas variadas, u obligándolos a comprarle ciertas cantidades de alcohol, hecho conocido como “Propinación”.

Abolición de la servidumbre

La abolición de este sistema en Galitzia, Bukovina y la Transcarpatia tuvo lugar el 16 de abril de 1848, acelerada por los eventos revolucionarios en Austria.

En Rusia las repercusiones políticas de la guerra de Crimea trajeron indirectamente la emancipación de los siervos el 19 de febrero de 1861. Pero los pagos de amortización y la continuada desigualdad de los campesinos, disminuyó el impacto de dichas reformas y entorpeció el progreso económico del campesinado.

Definición de “Corvea”

Esta es la definición de la palabra “Corvea” en el sentido general: La Corvea Real consistía en la obligación de trabajar gratuitamente en las tierras del noble o señor feudal.

Fue adoptada como más conveniente que la esclavitud al surgir los varios tipos de feudos —aunque no surgió en la Edad Media esta modalidad de pago—, ya que al morir un esclavo había que comprar otro, y en la corvea se involucraba a las familias y su descendencia a pagar con trabajo los servicios y deudas contraídos con su señor feudal, por permitir trabajar la tierra, usar el molino, los ríos, etc.

También en un sentido práctico, se observaba que el esclavo era un mal trabajador, ya que su rendimiento se estimaba bajo en todas partes, pero en la corvea su trabajo era de mejor calidad, y como tenía que pagar las rentas, será de su propio trabajo del que dependerá el excedente (al cual estaba sujeto su vida) de productos.

Filvarok

Una Filvarok era una granja señorial, o un caserío, palabra proveniente del polaco “folwark”.

Una gran granja en las propiedades de dignatarios de la nobleza y, a veces, de la realeza e iglesia. Bajo el sistema del corvée, se utilizaba la fuerza de trabajo gratuita en los filvarok; más adelante fue usada mano de obra pagada.

Las Filvarky existieron en Polonia y el el Gran Ducado de Lituania. Mayormente producían grano, destinado al mercado general, incluída la exportación; aunque también producían otros productos, como lácreos o cultivos industriales. Algunas filvarky se especializaban en la ganadería, y criaban bueyes en territorio ucraniano. A veces, las operaciones en tales granjas señoriales incluían algunas otras actividades como minería de potasa, apicultura o destilado de licores.

Durante el siglo XIX comenzó a bajar la importancia de las filvarky, debido a su improductividad, carencia de tecnología moderna y el alto costo de la mano de obra. Las granjas y campos de la alta burguesía eran conocidos como filvarky en el lado derecho de Ucrania y Halytsya, hasta la revolución de 1917, y en Polonia hasta la década de 1930.

Fuente 1: Панщина і оброк

Fuente 2: Serfdom


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Dmytro Vyshnevetsky – Baida

Dmytro Vyshnevetsky (o también Wiśniowiecki) nació después de 1516 y falleció el 29 de octubre de 1563 en Estambul.

Fue el primer otaman kozako en la historia de Ucrania, miembro fundador de la nobleza kozaka y terrateniente del sur de Volhynia; sobrino de Kostiantyn Ostrozky.

En la década de los 1550s fue “starosta” de Cherkasy y Kaniv.

Erigió un fuerte, alrededor de 1552, en la isla de Mala Jortytsia en el medio del rio Dnipró. Reclutó kozakos para la guerra contra los tártaros, la que libró, con la ayuda de Lituania y Moscovia, y viajó a Turquía a intentar conseguir apoyo del Imperio Otomano en 1553.

Entre 1557 y 1561 sirvió para el gobierno moscovita y luego, de nuevo, organizó una guerra contra los tártaros, pero sus intentos de formar una alianza para la batalla en Crimea, no tuvo éxito, y fracasó en 1561. En 1563, durante una campaña militar en Moldavia, fue derrotado, tomado prisionero por los turcos, y ejecutado.

Vyshnevetsky es el héroe mencionado en la canción histórica sobre Baida. Los historiadores soviéticos intentan negar el hecho de que él fundó el Sich Zapórogo y de que sea el héroe folclórico Baida.


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Kozakos (Cosacos)

La palabra “Kozako”, “козак” en ucraniano, se deriva del turco “Kazak”, que significa “Hombre libre”, y que se refiere a cualquiera que no podía hallar un lugar apropiado en la sociedad y se iba a las estepas, en donde no se reconocía autoridad. En español se ha escrito “Cosaco”, pero escribir “Kozako” se apega más a la pronunciación original del ucraniano.

Guardando las tierras libres de Zaporizhia – Cuadro por Serhyi Vasylkivskyi – 1890

En fuentes europeas, el término aparece por primera vez en un diccionario de idioma cumano de mediados del siglo XIII. Se puede encontrar también en fuentes bizantinas, y en las instrucciones giradas por las ciudades italianas a sus colonias en la costa del Mar Negro, en donde se aplica a hombres armados involucrados en el servicio militar en regiones fronterizas y que protegían caravanas comerciales en las rutas de las estepas.

Para finales del siglo XV el nombre adquirió un sentido más amplio, y era aplicado a todos los ucranianos que iban a las estepas en la práctica de varios oficios o embarcados en la cacería, pesca, apicultura, recolección de sal y salitre, y otras.

“Un tipo de Kozako zapórogo” – Cuadro por Serhyi Vasylkivskyi – 1890

La historia de los kozakos ucranianos posee tres aspectos:

  • su lucha contra los tártaros y turcos en las estepas y Mar Negro;
  • su participación en la lucha del pueblo ucraniano contra la opresión socioeconómica y nacional-religiosa ejercida por magnates polacos;
  • y su papel en la construcción de un estado ucraniano autónomo.

El importante papel político que jugaron los kozakos ucranianos en la historia de su nación los diferencia de los cosacos rusos.

“Un Bandera Kozako” – Cuadro por Tymofii Kalynskyi

Primer Período (1550–1648).

A mediados del siglo XVI fue creada la estructura kozaka en la Zaporizhia, en el proceso de defensa de los colonos de las estepas en contra de las incursiones tártaras. Los ataques tártaros forzaron al ejército del Gran Ducado de Lituania a construir fortalezas en la región sur de Ucrania (en Kaniv, Cherkasy, Vinnytsia, Khmilnyk, Bratslav, Bar, y otros).

Una segunda categoría de kozakos, conocidos como “kozakos de pueblo” (horodovi kozaky), se formó con el objetivo de defender los pueblos. Eran organizados por los oficiales locales (en Cherkasy por Ostafii Dashkevych y S. Polozovych; en Jmilnyk por Przecław Lanckoroński; en Bar por Bernard Pretwicz) asi como Samuel Zborowski, El rey Dmytro Vyshnevetsky (Baida), el rey B. Ruzhynsky, y otros. Estos líderes, junto con los kozakos de pueblo y los zapórogos, fueron muy lejos en las estepas en persecución de los tártaros para rescatar a los prisioneros o atacar pueblos costeros tártaros o turcos.

Kleinody (tesoros) kozakos

Con el tiempo, la fuerza y experiencia en el campo militar de los kozakos fue mejorando, asi como el prestigio en su propia sociedad, y su fama, que llegó a los confines de Europa, que resistía también en ese entonces los embistes del Imperio Otomano.

Otro factor importante en el crecimiento de los kozakos ucranianos es el de los cambios socioeconómicos que tomaron lugar en la Mancomunidad Polaco-Lituana durante el siglo XVI. Dadas las condiciones favorables para la venta de grano en Europa Occidental, la nobleza polaca introdujo el Filvarok, un sistema de cultivo agrícola. Esto empeoró la situación de la mayoría del campesinado, pues las cosechas disminuyeron, la libertad de locomoción fue limitada y el corvée fue expandido. La nobleza y el gobierno polaco intentaron imponer el catolicismo y la polonización de la población ucraniana. La forma básica de oposición por parte de los campesinos y, por extensión, también algunos burgueses, fue huir. Los pueblerinos y campesinos fugitivos migraron a las estepas, establecieron sus asentamientos, y recibieron, por un período específico, de hasta 30 años, el derecho de exención de impuestos a todo el poblado, que se conoció como “sloboda”, y se autonombraron “hombres libres” o “kozakos libres”. Pero la expansión legal en la tenencia de la tierra fue lograda de primero para los reyes polacos, por medio de la nobleza, que creó enormes latifundios e intentó imponer una dependencia tipo feudal sobre la población local, tanto en campesinos como kozakos.

Sables kozakos ucranianos

Para fines del siglo XVI y principios del XVII, tal presión ejercida por los magnates y nobleza, llevó a conflictos sangrientos en los que los kozakos lucharon contra los terratenientes polacos y el gobierno en si: los levantamientos de Kryshtof Kosynsky (1591–3), Severyn Nalyvaiko (1594–6), Hryhorii Loboda (1596), Marko Zhmailo (1625), Taras Fedorovych (1630), Ivan Sulyma (1635), Pavlo Pavliuk y Dmytro Hunia (1637), además de Yakiv Ostrianyn y Karpo Skydan (1638), todos ellos suprimidos brutalmente por los polacos.

El crecimiento del “Kozakato” planteó un dilema al gobierno polaco: en una mano, los kozakos eran necesarios para la defensa de las fronteras en las amplias estepas pero, por otro lado, eran una amenaza para los magnates y nobles que gobernaban la mancomunidad Polaco-Lituana. El gobierno intentó regular y controlar “el problema kozako” con el establecimiento de un registro, al principio pequeño, de no más de 300 personas; más adelante, bajo la presión de los eventos, este número fue aumentado a 6,000 y luego a 8,000 personas. Y en vez de permitir que eligieran a sus líderes, el gobierno nombraba al “anciano” y a los coroneles.

Bunchuk – Símbolo de poder

Pero la guerra entre la Mancomunidad Polaca y Moscovia, Suecia y Turquía, forzó al gobierno a realizar concesiones con los kozakos. En 1578, el rey Estefan Báthory les otorgó derechos y libertades. Gradualmente, los kozakos comenzaron a manejar la situación a modo de tener su propia política externa independiente del gobierno y, frecuentemente, contraria a sus intereses; por ejemplo, tomaron parte en los asuntos de Moldavia, y firmaron un tratado con el emperador Rodolfo II en la década de los 1590s.

Los kozakos se tornaron particularmente fuertes durante el primer cuarto del siglo XVII, cuando el hetman Petro Konashevych-Sahaidachny no sólo difundió su fama gracias a sus exitosas campañas contra los tártaros y turcos, y su ayuda al ejército polaco contra Moscú en 1618 y en la batalla de Jotyn en 1621, sino que también enlazó los intereses kozakos con la lucha de Ucrania contra la subyugación polaca, reviviendo las tradiciones del antiguo estado de la Rus de Kyiv.

La reunión de Jmalnytskyi con Tuhaj Bej – acuarela de 63 x 98 cm por Juliusz Kossak – 1885

Segundo Período (1648–1775)

La supresión de los levantamientos kozakos de la década de los 1630s restringió el desarrollo del movimiento kozako. El registro de estos guerreros disminuyó significativamente; los “kozakos registrados” (reiestrovi kozaky) fueron aislados de los que se habían salido de tal registro y del sich zapórogo. La ofensiva de la Mancomunidad Polaca contra los kozakos, junto con la opresión socioeconómica que se incrementaba, asi como la nacional y religiosa de las otras “clases ” en la sociedad ucraniana, resultó en la Guerra Kozako-Polaca, que lideró el Hetman Bohdan Jmelnytsky y el resultante establecimiento del estado hetmánico.

Paralelo a estos sucesos, el sich zapórogo o “Huestes zapórogas” existió de forma autónoma en el territorio del Sich. A partir de 1654, cuando Ucrania reconoció la autoridad del zar moscovita en el tratado de Pereiaslav de 1654, el principal problema político de los kozakos y, en especial sus líderes, se convirtió en la defensa de los derechos autónomos de Ucrania contra la creciente expnsión del centralismo ruso.

Oleksandr Vasylevych Korochentsov – un kozako registrado – 1903

Los hetmanes Ivan Vyhovsky, Petro Doroshenko e Ivan Mazepa, intentaron resolver este problema al intentar separar Ucrania de Rusia. Tras sus fracasos, hetmanes posteriores, como Danylo Apostol, Ivan Skoropadsky y Pavlo Polubotok, aunque no apoyaron un rompimiento abierto con Rusia, defendieron con todo la autonomía de Ucrania.

Al mismo tiempo tuvieron lugar cambios socioeconómicos significativos entre los kozakos. Para 1725, los kozakos del lado izquierdo de Ucrania ya sumaban entre 55,000 y 65,000; además, había entre 8,000 y 10,000 kozakos zapórogos, y alrededor de 23,000 kozakos en la Ucrania Slobidska, que era parte del estado ruso. Sólo aproximadamente un 50% de todos los kozakos se podía dar el lujo de llevar armas. A principios del siglo XVIII, los kozakos y sus familias constituían hasta un 40% de la población del lado izquierdo de Ucrania.

La diferenciación entre kozakos durante el siglo XVIII se pronunció un poco más. Tomando la posición privilegiada de los gentiles polacos como su modelo, la “Starshyna kozaka” (los oficiales, alrededor de 1,000 familias), tuvo éxito en el cambio de su estatus por elección a uno por herencia. Expropiaron las tierras de kozakos comunes y comenzaron a explotar a los campesinos. Los kozakos comunes fueron divididos en dos categorías: los más ricos, los “kozakos electos” (vyborni kozaky), quienes podían prestar su servicio militar, y los más pobres, los “Ayudantes kozakos” (pidpomichnyky), quienes no podían portar armas o equipo militar.

Bandera del siglo XVIII de los Kozakos sloboda de la región de Sumy

Con el tiempo, un gran número de ayudantes kozakos redujeron su estatus al de campesinos. En 1764, los “kozakos electos” y sus familias ya sumaban los 176,886; mientras que los “ayudantes kozakos” y sus familias ya eran 198,295.

En la Ucrania Slobidska, los kozakos disfrutaban de una autonomía total dentro del estado ruso. En el lado derecho de Ucrania, que hasta fines del siglo XVIII estuvo bajo gobierno polaco, existieron varias unidades mercenarias kozakas. Su centro estaba en Dymer, en la provincia de Kyiv, hasta la década de los 1680s y luego en Nemyriv, en la región de Bratslav. Los hetmanes y coroneles eran nombrados por el gobierno polaco.

La necesidad de asegurar sus fronteras de las invasiones turco-tártaras, forzó al gobierno a organizarse en una base territorial. Los kozakos vinieron desde el lado izquierdo de Ucrania y del sich zapórogo, y se establecieron en la región de Kyiv, y también de Bratslav, a principios de la década de 1680s.

Sello de los kozakos zapórogos – 1576

Con la aurotización del gobierno polaco, fueron formados los regimientos kozakos en Korsun, Bratslav, Fastiv y Bohuslav bajo el mando de coroneles kozakos, liderados por un Hetman interino, como el coronel Samiilo Samus de Bohuslav. Pero el líder real de los kozakos del lado derecho fue Semen Palii, coronel de Fastiv y Bila Tserkva; guió a los kozakos del lado derecho en su lucha contra el gobierno y opresión polaca por la nobleza, y por la unificación de ambos lados de Ucrania, bajo el gobierno del Hetman Ivan Mazepa en el levantamiento de 1702.

Esta unificación se hizo realidad en 1704, y el nuevo movimiento kozako en el lado derecho duró hasta 1714, cuando fue barrido por la alianza entre los gobiernos polaco y ruso. Los pocos kozakos que quedaron vivos fueron re-establecidos en el lado izquierdo. Pero las tradiciones kozakas permanecieron en el lado derecho por todo el siglo XVIII en los levantamientos de los Haidamaky.

En 1790, los Sejm polacos decidieron establecer dos regimientos kozakos, pero esto nunca fue puesto en marcha.

Kozakos del Mar Negro – Obra de Gottfried Heinrich Geißler – 1807

Tercer Período.(1775–1917)

El tercer período en la historia de los kozakos ucranianos comenzó con la destrucción del Sich Zapórogo en 1775, y la abolición del hetmanato en la década de los 1780s. La abolición del sistema kozako evocó descontento entre la población ucraniana, tanto de los oficiales, que habían perdido su autoridad política y temían perder también sus derechos dentro de la nobleza (ya que sólo una parte de la Starshyna kozaka gozaba de los mismos derechos de la nobleza del imperio ruso), como de los kozakos comunes quienes, tras el decreto del 3 de mayo de 1783, enfrentaban la amenaza de perder privilegios como estado e incluso la posibilidad de volver a ser esclavizados.

Kozako del mar negro – 1813

Como resultado de ello, hubo numerosas protestas de la Starshyna, como la ‘Oda na rabstvo’ (Oda a la esclavitud de Vasyl Kapnist en 1782 y su misión a Berlin a buscar ayuda de Prusia) en una mano, y un número de disturbios de campesinos kozakos, que en ocasiones llegaron a dimensiones que amenazaron el orden existente, como el levantamiento de Turbai en 1789–93, en la otra.

Ante este fondo aparecieron varias peticiones y proyectos en apoyo a la restitución de los kozakos, como por ejemplo en proyecto Kapnist en 1788. En ocasiones fueron exitosas, como la de los cuerpos de mosqueteros de la “Pequeña Rusia” (asi se le decía a Ucrania en esa época) en Kyiv, organizada por ex-kozakos por el General Andrei Levanidov en 1796, y los regimientos de fusileros creados en base a los antiguos regimientos kozakos, en particular cuando el Imperio Ruso era amenazado, como en la guerra con Turquía y Francia, los levantamientos en Polonia, etc.

Ilustración del libro “Kozakos registrados del siglo XVIII”.

En 1812, durante la guerra de Napoleon Bonaparte, el Senador Mykhailo P. Myklashevsky arregló un proyecto para restaurar los regimientos kozakos en la parte izquierda de Ucrania. Tal proyecto fue apoyado por Vasyl Kapnist y Dmytro Troshchynsky y se realizó, parcialmente, con la formación de regimientos kozakos, militantes locales, etc. Este influenció el proyecto de los príncipes Nikolai Repnin y I. Kapnist (el hijo de V. Kapnist) durante la Insurrección polaca de 1830 y 1831, y proyectos posteriores, como el de la guerra de Crimea de 1853 a 1856.

Aunque estos proyectos se realizaron sólo parcialmente y fueron efímeros, ejercieron una influencia en la preservación de los kozakos como una clase social distintiva en las regiones de Chernihiv y Poltava. El estedo kozako sobrevivió allí hasta la revolución de 1917 y retuvo sus derechos legales y privilegios, excluyendo aquéllos conectados con el servicio militar.

“Kozako en la estepa” (zapórogo) – Cuadro por Alfons Dunin Borkowskyi – entre 1881 y 1886

Hubo, sin embargo, algunas unidades kozakas, formadas según la base de los kozakos zapórogos, que tuvo carácter militar. Estas incluyeron a los siguientes: el Sich del Danubio en territorio turco (1775–1828); los kozakos en la región de Banat, en el Imperio Austriaco (1785–1812); el ejército de los kozakos del Boh, formado en 1784, que recibió tierras entre los rios Dnister y Boh y fue trasladado a la región de Kuban como “Kozakos del mar Negro” y, en 1861, tras su unificación con el asi llamado “Ejército de la frontera”, fue renombrado como “Huestes de los kozakos de Kuban”; y el ejército kozako de Azov, formado de las partes que quedaron del ejército del Danubio, que fue establecido en la costa del Mar de Azov y, en 1865, re-establecido en la región de Kuban. El ejército kozako del Kuban fue la única formación de de kozakos ucranianos que existía en 1817, y que tuvo una autonomía muy limitada.

Ciertas familias ucranianas de la nobleza conservaron sus tradiciones kozakas nacionales, y muchos de sus miembros participaron en los movimientos independistas y de renacimiento nacional del siglo XX. Muchos miembros de la nueva “inteligentsia” ucraniana eran descendientes de kozakos. Y la influencia de las tradiciones kozakas fue evidente en la lucha por la independencia entre 1917 y 1920, en especial en la formación de los Kozakos libres y unidades regulares del ejército, y en el establecimiento del gobierno hetmánico en 1918. Pero el intento del Hetman Pavlo Skoropadsky de revivir el estado kozako, lamentablemente, no tuvo éxito.

“Kozako abrevando su caballo” – obra de Juliusz Kossak – 1889


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Sombras de los ancestros olvidados en español – Parte final (7)

Él siguió, apretando firmemente sus hombros con los de ella, con un único pensamiento: continuar así, y no quedar detrás. De otra manera, en vez de ropa, en la espalda de Marichka hubiera visto … Ah, ¿cuál era el punto? Se rehusaba a pensar. *-> El bosque se tornaba más denso. El pútrido aroma de pantanos estancados llegó a ellos desde un matorral en donde los abetos yacían caídos y emergían setas venenosas. Las rocas eran frías al tacto bajo su cobertura de resbaloso musgo, y las desnudas raíces de los abetos entrelazaban las veredas, cubiertas por una capa de agujas secas. Ivan y Marichka continuaron andando, más y más profundo entre las frías e inatractivas espesuras de los bosques de las alturas.

Emergieron a un prado. Aquí, el cielo era más ligero. Los abetos parecían estar sosteniendo la negra noche. Súbitamente se detuvo Marichka, con un estremecimiento. Ladeando su cabeza hacia adelante, se quedó escuchando. Ivan notó la mueca de ansedad en su semblante y cómo frunció sus cejas. ¿Qué sucedía? Pero Marichka, impaciente, silenció esta pregunta colocando un dedo sobre sus labios, y luego desapareció.

Todo sucedió tan rápido e insólito, que Ivan no tuvo tiempo de darse cuenta. ¿Qué la había asustado? ¿A dónde había huído? Quedó inmóvil por un momento, esperando que Marichka volviera pronto, pero pasó un largo tiempo, por lo que llamó, callado, “¡Marichka! La suave cobertura de ramas de abeto absorbió el sonido, y de nuevo todo se tornó silencioso.

Ivan se puso ansioso. Quiso ir a buscar a Marichka, pero no sabía hacia dónde ir, pues no pudo notar en dónde se había desaparecido. Se pudo haber perdido en el bosque o tropezado hacia un acantilado. ¿Debía él encender una fogata? Ella vería la luz y sabría ubicarse para hallarlo de regreso. Juntó ramas secas y encendió fuego. Las llamas tronaban un poco, y produjeron humo. Cuando el humo remolineaba sobre el fuego, las sombras de los abetos reclinados comenzaron a bailar, poblando el prado.

Ivan se sentó en un tocón, y vio alrededor. El prado estaba lleno de troncos podridos esparcidos, y cubierto por una espinosa red de frambuesas silvestres. Las finas y secas ramas bajas de los abetos colgaban como una barba roja. La tristeza invadió de nuevo a Ivan. Estaba sólo de nuevo. Marichka no venía.

Encendiendo su pipa, quedó viendo el fuego, mientras el tiempo volaba. Marichka tenía que regresar, tarde o temprano. Incluso creyó escuchar pasos y pisadas sobre hojas secas. ¡Oh!. Finalmente regresó … Quiso levantarse e ir a su encuentro, pero antes que pudiese hacerlo, las ramas secas se partieron suavemente, y un hombre emergió del bosque.

Estaba desnudo. Un fino cabello oscuro cubría todo su cuerpo, circulando sus redondos ojos compasivos, entrelazándose con su barba y colgando hasta su pecho. Apretó sus peludos brazos en su gran estómago, y se aproximó al fuego. Ivan lo reconoció de inmediato. Era el feliz chuhaistyr, el espíritu benevolente de los bosques, que protege a las personas de las ninfas de madera. Era la muerte para ellas: si atrapaba una, la haría pedazos, miembro por miembro.

El chuhaistyr le sonrió afable, y le dijo con un tímido guiño. “¿A dónde fue ella?”

¿Quién?

La ninfa del bosque.

Se está refiriendo a Marichka, pensó Ivan con temor, y su corazón comenzó a latir fuertemente. O sea que por eso fue que desapareció ella. “No sé, no logré ver”, respondió con indiferencia, invitando al chuhaistyr a sentarse.

El chuhaistyr se sentó sobre un tocón, se sacudió las hojas secas prendidas en su cabello, y extendió sus pies hacia el fuego. Ambos quedaron en silencio. El hombre del bosque se calentó con el fuego, sobando su redondo estómago. Ivan se preguntaba cómo detener más tiempo al chuhaistyr para que Marichka tuviese más tiempo para huir.

El propio chuhaistyr lo ayudó. Guiñando con timidez a Ivan, dijo, “¿Bailarías conmigo un poquito?”

¿Por qué no? E Ivan se levantó alegremente. Echando ramas secas al fuego, examinó sus zapatos, se arregló la camisa, y se alistó para bailar.

El chuhaistyr colocó sus manos peludas en las caderas, y comenzó a sacudirse, ¡Bien, comencemos!

Muy bien, si tenía que comenzar, comenzaría. Ivan puso un pie en posición, sacó una pierna, sacudió todo su cuerpo, y entró en una ligera danza hutsul. El chuhaistyr se balanceaba cómicamente hacia atrás y adelante. Arrugando los ojos, sonaba sus labios y sacudía el estómago mientras sus piernas peludas, como de oso, se flexionaban y enderezaban. La danza le advertía. Saltaba cada vez más alto y se agachaba más bajo, animándose con alegres gritos y resuellos que lo hacían sonar como un fuelle.

En torno a sus ojos aparecieron gotas de sudor, que corrían en riachuelillos desde su frente hasta su boca, y sus antebrazos y panza relucían como flancos de caballo.

¡Una vez Haiduk!, ¡Y otra vez! le gritó a Ivan, somatando los pies.

¡Otra más! llamó Ivan animado. ¡Otra a ciegas! ¡Jo-jo!¡Si vamos a bailar, bailemos de verdad!”

¡Asi mero! El chuhaistyr aplaudía con las manos, se agachaba y daba vueltas en remolino.

¡Ja ja ja! gritaba Ivan, palmeando sus muslos.

Las llamas subieron, por lo que proyectaban las móviles sombras de los danzarines sobre el lado iluminado del prado. El chuhaistyr ya se estaba cansando. Alzó su mano con las sucias uñas a su frente, para enjugar el sudor, y ahora sólo sacudía su peludo cuerpo, en vez de los brincos de antes. “¿Será que ya ha sido suficiente?”, dijo resollando.

¡Oh no, un poquito más! Ivan también ya se caía de lo exhausto. Estaba caliente y mojado. Ya le dolían las piernas, y sus pulmones anhelaban un poco de aire. “Tocaré una melodía para bailar”, animó al chuhaistyr, buscando su floiara dentro del morral. ¿Has escuchado algo como ésto, amigo mío?

Tocó la melodía que había escuchado aquella vez en el bosque, por el “que se desvanece”. “¡Mis cabras regresaron, mis cabras regresaron!” Animado con esa canción, el chuhaistyr se puso a mover los talones de nuevo, con los ojos cerrados por la satisfacción, con su agotamiento aparentemente olvidado. Ahora Marichka estaría a salvo. Huye, Marichka, no temas, amor. Tu enemigo está bailando”, cantaba la floiara.

El cabello del chuhaistyr estaba tan brillante como si acabara de salir del agua. Fluía la saliva en un arroyo desde su boca, abierta en la felicidad de la danza, y su cuerpo entero brillaba a la luz del fuego mientras Ivan lo animaba con su alegre tonada, golpeando las rocas en el prado con los pies, de los que ya habían volado los zapatos.

Finalmente, quedó demasiado agotado el chuhaistyr. ¡Suficiente, ya no puedo más!” Cayó sobre el césped, respirando con dificultad, con los ojos cerrados. Ivan colapsó junto al chuhaistyr. Y de esa manera, respiraban juntos.

Por último, el chuhaistyr quedó riendo traviesamente. ¡Oh, que buen momento he pasado!” Sobando su redondo estómago, suspiró, aspiró lentamente para suavizar el aire en su pecho, y comenzó a despedirse.

Muchas gracias por la danza.

Que te vaya bien.

Adiós. Partiendo las ramas secas de un abeto, el chuhaistyr se adentró en el bosque.

El prado volvió a quedar envuelto en silencio y penumbra. El fuego, ya agonizante, solamente guiñaba un ojo. ¿En dónde estaría Marichka? Ivan aún tenía mucho que contarle. Sentía una tremenda necesidad de narrarle toda su vida, su anhelo por ella, sus días tristes, su soledad entre gente hostil, su infeliz matrimonio. ¿Pero, en dónde estaba? ¿A dónde se habría ido? ¿Será que a la izquierda? Le parecía que la había visto irse a la izquierda.

Ivan se movió entonces a la izquierda. Los abetos se habían cerrado tanto que era muy difícil pasar entre sus duros troncos. Las ramas bajas y secas golpeaban la cara de Ivan, pero continuó. Rugiendo dentro de la espesura, continuamente tropezaba y corría hacia tres troncos. Otras veces pensaba haber escuchado a alguien llamándolo. Se detenía, sostenía el aliento y escuchaba. Pero el bosque estaba tan silencioso, que el topar las ramas secas que sobaban sus hombros, sonaba como si cayera madera. Ivan continuó andando, extendiendo sus manos como un no-vidente, temeroso de tropezar en obstáculos.

Repentinamente, un apenas audible aliento, llegó a sus oídos. ¡Ivan! La voz venía de detrás de una espesura, como emergiendo de un mar de agujas de abeto. Significaba que Marichka no estaba aquí. Tuvo que dar la vuelta. Se apuró, chocando sus rodillas contra los árboles, cayendo sobre ramas y medio cerrando los ojos para no ser pinchado por las agujas. La noche estaba sosteniendo sus piernas, no lo dejaba ir, y tuvo que arrastrarla. Había estado vagando por bastante tiempo y seguía sin encontrar el prado. Ahora se desmoronaba el suelo bajo sus pies. Las rocas le bloqueaban el camino. Rodeándolas, se resbaló en el musgo, cayó sobre duras raíces, y se agarró de un manojo de pasto para evitar caer al abismo. De éste, le llegó un casi imperceptible grito, de nuevo. “¡Iva-an!”

Quiso responder el llamado de Marichka, pero temía que el chuhaistyr escuchara. Ahora ya sabía en dónde buscarla. Tenía que ir a la derecha y bajar. Pero la pendiente aquí era incluso más fuerte, y él no supo cómo ella había sido capaz de bajar hasta allí. Los guijarros que saltaban de debajo de sus pies caían con un gruñido amortiguado al negro abismo. Pero Ivan era ágil y sabía moverse en las montañas, y fue capaz de maniobrar al borde del abismo, cuidadosamente, buscando apoyo para sus pies. La cuesta se tornaba cada vez más difícil. En una ocasión casi cae, pero pudo agarrarse con las uñas de una roca y colgar de los brazos. No sabía qué había debajo de él, pero sentía el frío y malévolo aliento del abismo que había abierto sus insaciables fauces hacia él.

¡Iva-an! Lamentaba Marichka desde abajo, con una voz que fundía amor y sufrimiento.

¡Ya voy, Marichka! Ivan se esforzó en gritar. Había olvidado la precaución. Saltando de roca en roca como una cabra montés, con su boca apenas capaz de tomar un bocado de aire, continuó golpeando sus brazos y piernas, cayendo en rocas filosas, perdió el suelo bajo sus pies y, a través de la gruesa niebla de pasión por la cual iba a toda velocidad hacia el valle, escuchó la amada voz que le pedía: “¡Iva-an!”

¡Aquí estoy! Gritó Ivan, y repentinamente, sintió que el abismo lo halaba hacia abajo. Tomándolo por el cuello, lo dobló hacia atrás. Agitó hacia todos lados sus brazos, intentando agarrarse de alguna roca, igual con sus piernas, y sintió que volaba de cabeza, con su cuerpo lleno de un helado y extraño vacío. La pesada y negra montaña desplegó sus alas y voló como un ave. Una aguda curiosidad mental quemó su cerebro: ¿sobre qué golpearía su cabeza? Escuchó un óseo golpe y sintió un insoportable y agudo dolor que invadió su cuerpo: luego, todo se derritió en el rojo fuego que consumió su vida.

Al día siguiente, unos pastores hallaron al moribundo Ivan.

La trembita anunció la muerte en las montañas. Pues la muerte aquí tiene su propia voz, que le habla a los picos solitarios. Cascos de caballos comenzaron a recorrer las pedregosas veredas, y los mocasines de cuero susurraban bajo el brillo de la noche mientras los hutsules corrían desde sus casas en la montaña, para ir a ver la muerte. Cayendo de rodillas frente al cuerpo, apilaban monedas sobre el cuerpo del difunto para que pudiera pagar por el transporte de su alma, y luego se sentaban silenciosamente en bancas. Cabellos grises mezclados con el carmin de los pañuelos de seda, y un rosado saludable con el amarillo de los rostros cerosos y arrugados. Una mortal luz tejió una red de sombras con el muerto y los rostros vivos. Los mentones de las esposas de granjeros ricos se estremecían; ancianos ojos brillaban en respeto a la muerte; una serena calma unía la vida y la muerte, y rústicas y trabajadoras manos descansaban pesadas sobre rodillas.

Palahna ajustó la mortaja. Sus dedos sintieron la frialdad del cadáver, y el cálido y dulce aroma de la cera chorreando de las velas, elevaba pena de su pecho a su garganta. Las trembitas lloraban afuera de la ventana.

El rostro amarillento de Ivan descansaba sobre el lino, habiendo cerrado algo dentro de sí, algo que sólo él conocía, y el ojo derecho astutamente observaba por debajo del párpado ligeramente abierto las monedas de latón apiladas sobre su pecho y la vela que ardía junto a sus manos plegadas. Su alma descansaba a la cabecera junto al cuerpo: no se atrevía a salir aún de la casa.

¿Por qué no me hablas? Llamaba Palahna a la solitaria alma de su esposo. ¿Por qué no me miras? ¿Por qué no vendas los cayos de mis dedos? ¿Por cuál camino te diriges, esposo mío? ¿En dónde debo buscarte?”

Guarda bien ella el luto, las ancianas se inclinaban, y otras respondían con señas que se fundían en el barullo.

Pastoreamos juntos en los altiplanos. Una vez, cuidábamos las ovejas, cuando rompió una ventisca, como si fuese invierno. La tormenta de nieve era tan fiera que no podíamos ver nada, y él, el difunto…” contaba un granjero a sus vecinos. Sus labios se movían en sus propios pensamientos, pues era para reconfortar la triste alma que había partido de su cuerpo.

Te has ido y me has dejado sola. ¿Con quién cuidaré ahora la granja? ¿Con quién voy a atender ahora el ganado?” preguntaba Palahna al alma de su esposo.

Nuevos huéspedes entraban constantemente a la cabaña por la puerta abierta desde la oscura noche. Las rodillas se doblaban frente al cuerpo; monedas de latón tintineaban sobre su pecho, y la gente se corría en las bancas para hacer lugar a las que recién llegaban. Las gruesas velas ardían calmas, su cera cayendo como lágrimas. Una pálida llama lamía el aire fétido, y el vapor azul, mezclado con el aroma nauseabundo de la cera y el sudor, colgaba sobre el barullo.

La cabaña ya estaba demasiado concurrida. Rostros presionando junto a rostros. Cálidos alientos mezclados juntos, y frentes sudorosas reflejaban la luz mortal que las blusas ornamentadas con hilo metálico reflejaban, asi como morrales y cintos de cuero. Y llegaban más y más huéspedes, amontonándose bajo el dintel. El cuerpo rogaba moverse. Una apenas visible sombra de puntos blancos, parecidos al líquen, se arrastraba sobre él.

¡Mi dulce esposo, me has abandonado al dolor!” Lamentaba Palahna. “Nadie queda para ir al pueblo, o traer cosas…”

Afuera de la ventana, la trembita continuaba repitiendo sus lamentos, aumentando el duelo de Palahna. ¿No había tenido ya la pobre alma suficiente dolor? Este pensamiento debía haber sido disimulado bajo el opresivo peso del dolor, porque comenzaba movimiento bajo el dintel. Los pies taconeaban vacilantes; los codos empujaban; una banca se sacudía ocasionalmente, y surgieron voces de dentro del ruido de la multitud. Repentinamente, una aguda risotada, de voz femenina, cortó el pesado velo de la tristeza, y el encerrado barullo explotó como una llama de debajo de una tapa de humo negro.

¡Hey, tu, nariz respingada! ¡Cómprame un conejo!” bramó un joven en grave voz.

¡Ja ja, nariz respingada!” Una ola de risas se desenrolló. Comenzó el regocijo. Los que estaban sentados junto a la puerta se voltearon dando la espalda al cuerpo, prestos para unirse al juego. Explotaron muecas felices en los rostros que hacía un momento habían estado anudadas en dolor, y el conejo avanzó y avanzó, extendiéndose en círculos más amplios, hasta llegar al cadáver. “¡Ja ja, jorobado!, ¡Ja ja, cojo!”.

La luz parpadeaba y se ahumaba con las risas. Huésped tras otro se levantaban de las bancas y se movían hacia las esquinas de la jata, en donde los alborotadores se reunían en grupitos apretados. Los puntos en el rostro del cadáver se dispersaban como si sus pensamientos ocultos estuvieran aún en movimiento, cambiando su expresión. Un amargo pensamiento pareció haber sido atrapado en la comisura del labio: ¿Qué es la vida? Un destello en el cielo, una flor de cerezo.

La gente ya se besaba junto a la puerta exterior.

¿A quién estás conquistando?

A la Annychka, la del cabello negro.

Annychka fingía resistirse, pero docenas de manos la sacaban a empujones de la apretada multitud, y calientes labios la animaban, ¡Ve, muchacha, anda! Annychka abrazaba al chico que la pretendía, y lo besaba en la boca con entusiasmo, mientras el gentío daba alaridos de felicidad.

El cuerpo había sido olvidado. Solamente tres ancianas quedaban junto a él, con sus vítreos y adoloridos ojos que se posaban en una mosca que revoloteaba sobre el rostro inmóvil y amarillento.

Las mujeres casadas se arrojaban al juego. Con miradas en las que la moribunda luz no se había extinguido aún y la imagen de la muerte aún estaba fresca, iban ansiosas a besar, en olvido de sus maridos, que estaban abrazando y apretujando a las mujeres de otros. Los besos resonaban por toda la casa, mezclados con el lamento de la trembita, que seguía anunciando a las distantes montañas que la muerte había venido a este pico solitario. Palahna ya había dejado de lamentarse. Ya estaba anocheciendo y debía entretener a sus visitas.

Las bromas crecían. La habitación se tornaba sofocante. La gente sudaba dentro de sus chalecos, respirando el olor del sudor, los nauseabundos humos de la cera caliente y la fetidez del cuerpo en descomposición. Todos hablaban en voz alta como olvidando por qué estaban allí, narrando sus aventuras entre carcajadas. Agitando sus brazos, se daban palmadas entre si mientras guiñaban un ojo a las mujeres.

Aquéllos que no cabían en la jata, encendieron una fogata en el jardín y jugaban alegremente. La luz en el vestíbulo se extinguió finalmente. Las chicas chillaban con fuerza, y los muchachos se ahogaban en sus carcajadas. Los festejos hacían temblar las paredes de la casa y vibrar el féretro. Las amarillas llamas de las velas parpadeaban en el denso aire.

Inclusive los ancianos se unieron a los juegos. Las risotadas descuidadas sacudían sus canos cabellos, explayando las arrugas y revelando los tocones podridos de sus dientes. Los viejos extendían sus brazos inestables y ayudaban a los jóvenes a atrapar a las chicas. Los collares de monedas tintineaban en el pecho de las muchachas. Los chillidos femeninos resonaban en los oídos. Las bancas saltaban y chocaban contra el ataúd. Los retumbos de risas rodaban desde las esquinas con íconos, al umbral, y las hileras enteras de personas se doblaban de la risa, sosteniendo sus estómagos.

Un “molinero” hizo estruendo con un rugido de madera en el medio del bullicioso gentío. “¿Qué tenéis para moler en mi molino?” gritaba el molinero constantemente.

Tenemos maíz, gritaban las muchachas, mientras se apretujaban unas a otras hacia él.

Judíos que habían hecho “barbas” al colocar varias tiras de lino hiladas unas con otras, y una toalla húmeda enrollada que golpeaba las espaldas de la gente con un chasquido. Las personas huían de ella, gritando y rugiendo entre carcajadas, chocando unos con otros, levantando el polvo y viciando el aire. El piso de la casa temblaba bajo el peso de los jóvenes pies, y el cuerpo del muerto saltaba arriba y abajo dentro del féretro, con la misteriosa sonrisa de la muerte dibujada aún en su amarillento rostro. Las monedas de latón amontonadas por buenas personas en el pecho del cadáver, por el bien y paz de su alma, tintineaban.

Afuera de la ventana, se lamentaban las trembitas.

Cherníhiv, octubre de 1911

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Sombras de los ancestros olvidados en español – Parte 6

Llegaron los días calurosos. El Ihret fumaba; la tierra echaba vapor, y las nubes sin cesar corrían desde la Chornohora, vertiendo lluvia en donde el sol mostraba su inclinado resplandor. El tiempo estaba tan húmedo que Palahna nunca hubiese ascendido al pico si un sueño no le hubiese advertido que algo malo se avecinaba contra el ganado. Quiso visitar a las vacas en el bosque. Las montañas alrededor de ella estaban cubiertas de niebla, como si los arroyos hirvieran y se hubieran convertido en vapor. El Cheremosh ebullía debajo. El rio hallaba demasiado duras las rocas, por lo que saltaba de una a otra. Apenas había llegado Palahna al pico cuando un viento procedente de la Chornohora movió un ala y sacudió los árboles. Dios olvidó que allí debería desatarse una tormenta, pensó ella, y volteó su rostro al viento. Pero ahí estaba. Una pesada nube azul blancuzco rugía. Parecía que la propia chornohora se había elevado en el cielo y estaba lista para caer en la tierra y aplastar todo en ella. El viento rugía frente a ella, ladeando los abetos, y las montañas y valles inmediatamente se tornaron negros, como barridos por un incendio forestal. No se podía pensar en proseguir. Palahna se hizo un refugio con la rama de un abeto. El árbol rechinaba. Los truenos rodaban suavemente en las colinas lejanas; las sombras corrían velozmente sobre las montañas, lavando sus colores, y los jóvenes abetos se sacudían bajo el viento en los picos distantes. Si sólo no cayera granizo, pensaba Palahna con miedo, mientras se acurrucaba dentro de su chaleco.

Los truenos ya sonaban sobre su cabeza. Dentro de la Chornohora, ya los nigromantes picaban el hielo en los lagos congelados, y las almas de los suicidas juntaban el hielo en bolsas y lo elevaban a las nubes, para regar el granizo sobre toda la tierra. Los prados quedarían arruinados cuando se cubrieran con las heladas bolas, y el hambriento ganado lloraría, pensó Palahna. Repentinamente cayó el rayo. Las montañas temblaron, y los jóvenes abetos cayeron crujiendo sobre el suelo. La tierra tembló y todo giró en un remolino. Palahna apenas se pudo asir de un tocón. Como si entre la niebla, ella pudo ver un hombre trepando la montaña. Luchaba contra el viento, extendiendo sus piernas como un cangrejo y sosteniéndose de rocas con sus manos. Ahora estaba cerca de la cumbre. Redobló, y luego corrió y, finalmente, ya estaba sobre el mero pico. Palahna reconoció a Iura.

Debe estar viniendo hacia mi, pensó temerosa, pero Iura aparentemente no la veía. Esbozado contra una nube, un pie adelante, colocó sus brazos en cruz en su pecho. Lanzando hacia atrás su pálido rostro, miraba fija y tórvamente a la nube .Quedó asi por un largo momento, mientras la nube avanzaba hacia él. Repentinamente estrelló su sombrero en el suelo, con un movimiento afilado. El viento inmediatamente sopló desde el valle y elevó su largo cabello. Entonces alzó la vara en su mano, y gritó al azul estruendo, “¡Detente! ¡No te dejaré pasar!”

La nube lo reflexionó por un momento, y luego respondió enviando una feroz flecha.

¡Oh! Palahna se tapó los ojos con una mano, mientras las montañas se desparramaban.

Pero Iura continuó firme, su cabello rizado ondeando casi como un nido de serpientes. “¡ajá! ¡De forma que eso quieres!” gritó a la nube. “Deberé exorzisarte entonces. ¡Te exorziso, grande y pequeño trueno, nubes grandes y pequeñas! Calamidad, te disipo, a la izquierda, a los bosques y aguas. ¡Ve, disípate como el viento por todo el mundo! ¡Dispérsate y desaparece! ¡No tienes mando aquí!”

Pero la nube simplemente sacudió su ala izquierda en señal de menosprecio, y comenzó a girar hacia la derecha, en dirección a los prados. “¡Guau!” exclamó Palahna, apretando sus puños. “¡Aplastará todo el heno!”

Iura no estaba listo para rendirse. Solamente palideció un poco más, y sus ojos se tornaron aún más oscuros. Al moverse la nube hacia la derecha, él también se hizo hacia la derecha. Cuando la nube se movió hacia la izquierda, también la siguió. Corrió tras ella, luchando contra el viento, ondeando sus brazos y amenazándola con su vara. Se deslizaba por las montañas mientras combatía a la nube. Sólo un poquito más, sólo un poquito, aquí, a este lado… Sintiendo el poder en su pecho, disparó relámpagos desde sus ojos mientras alzaba sus brazos en lo alto, y profería su conjuro. El viento casi le saca el chaleco para pegarle directo en el pecho.

La nube rezongó, mandó más truenos, lanzó lluvia entre sus ojos, y se estremeció sobre su cabeza, lista para caer, al igual que Iura, empapado en sudor, apenas aspirando, cayendo casi en un frenesí, temiendo perder la fuerza restante. Sintió que se debilitaba, que su pecho estaba vacío, que el viento arrancaba su voz y se la llevaba, y que la lluvia se vertía entre sus ojos, y que la nube ganaba el combate. Con el último poco de fuerzas, Iura alzó su corta vara. “¡Alto!”

La nube se detuvo. Reparando como un caballo asustado, la nube hirvió en rabia y desesperación, y rogó. “¡Déjame ir!”

¡No lo haré!

¡Dejémoslo ya, estamos muriendo! gritaron las almas lastimosamente, mientras luchaban bajo el peso de sus sacos de granizo.

¡Ajá!, ¡Ahora estáis rogando! Os conjuro: Idos a los abismos en donde los relinchos de caballos y el mugido de las vacas, y el balido de las ovejas, nunca lleguen, en donde no vuele una bandada, en donde las voces Cristianas nunca sean escuchadas. ¡Allí es donde os permitiré ir!”

Como cosa rara, la nube obedeció, sumisamente cruzando a la izquierda, desatando sus sacos sobre el rio y regando el grueso granizo sobre sus orillas de guijarros. Una blanca cortina cubrió las montañas, y algo rugió y se estrelló en el valle debajo. Iura cayó al suelo y boqueó aire.

Cuando el sol rompió a través de la nube y sonrió el pasto mojado, Iura vio, como en un sueño, que Palahna corría hacia él. Era como el propio sol cuando se lanzó sobre él con ansiedad. “¿Te ha sucedido algo malo, mi dulce Iura?”

Absolutamente nada, mi amadísima Palahna, nada. Ya ves, ¡He hecho regresar a la tormenta!” Y la envolvió con sus brazos. Allí, Palahna se convirtió en la amante de Iura.

Ivan estaba asombrado con Palahna. Ella siempre había gustado de vestir finas ropas, pero algo parecía haberla poseído: comenzó a usar pañuelos de seda caros, finamente bordados, blusas bordadas con hilos de oro y plata, y pesados collares de monedas, incluso en los días entre semana. A veces se desaparecía de la casa y regresaba tarde por la noche, ruborizada, desvelada y, aparentemente borracha.

¿Por dónde has andado? preguntaba Ivan con enfado. ¡Mírate, amante!

Palahna simplemente reía. ¡Y qué hay con eso! No se me permite pasar un buen rato. Quiero disfrutar de la vida. Sólamente se vive una vez en este mundo.

Lo que es verdad, es verdad. Nuestra vida es breve – parpadea por un momento, y luego se va. Ivan pensaba también asi, pero Palahna ya estaba yendo muy lejos. Bebía todos los días en la taberna, con Iura, besándolo y abrazándolo en público sin siquiera intentar disimular que tenía un amante. ¿Habrá sido ella la primera en tener uno? Desde tiempos inmemoriales, ninguna mujer había sido tolerada por únicamente un hombre.

Todos hablaban sobre Palahna y Iura. Ivan escuchaba los chismes, también, pero lo aceptaba con indiferencia. Si era el hechicero, pues que así sea. Palahna se maquillaba y disfrutaba de la vida, e Ivan languidecía. Él mismo estaba sorprendido por el cambio. ¿Qué le estaba sucediendo? Su fuerza lo abandonaba. Sus ojos ya estaban hundidos y acuosos. La vida perdía su sentido. Incluso el ganado ya no le daba el placer que una vez. ¿Alguien le habría echado un conjuro? No albergaba malicia en contra de Palahna y no sentía agravio, aunque luchaba por ella, con Iura.

Luchaba no por furia, sino por apariencia, por lo que diría la gente. Si no hubiera sido por Semen, su amigo del alma, quien hablaba por Ivan, nada habría llegado a suceder. Una vez, por ejemplo, Semen se encontró a Iura en una taberna, y lo golpeó en la cara, gritando: “¡Sinvergüenza! ¿Qué estás haciendo con Palahna? ¿No tienes tu propia esposa?”

Entonces, Ivan se sintió avergonzado y saltó sobre Iura. “¡Preocúpate por tu Hafiia, y no toques a mi esposa!” le gritó, esgrimiendo su hacha a Iura, en su cara.

¿La compraste en el mercado? explotó Iura. Su hacha también destelló frente a los ojos de Ivan.

¡Malandrín, te golpearé!

¡Tú, bandido!

¡Aquí, toma! Ivan atestó el primer golpe, directo en el medio de la frente. Inundado en sangre, Iura se las arregló para darle un hachazo a Ivan entre los ojos, cobriendo su rostro y pecho de sangre. Ambos hombres quedaron cegados por las calientes olas que caían sobre sus ojos a borbotones, pero siguieron golpeando, hacha contra hacha, apuntando las tajadas directo al pecho del contrincante. Fluyendo la sangre, estas rojas máscaras bailaban la danza de la muerte, la mano de Iura estaba ya lisiada, pero por un hachazo de suerte, repentinamente destrozó el hacha de Ivan. Ivan se dobló, esperando la muerte, pero Iura controló su ímpetu y, con un fino y grande gesto, arrojó su hacha a la par de la de Ivan. “¡No ataco a hombres indefensos con mi hacha!”. Se tomaron uno al otro por los hombros. Los otros, que estaban observando todo, se las arreglaron para separarlos.

¿Bien, qué? Ivan se lavó las heridas, coloreando el Cheremosh con su sangre, y fue de regreso con su ganado. Ahí fuen donde, como siempre, encontró descanso y consuelo. La pelea no había ayudado en nada. Todo siguió como antes. Palahna seguía fuera de casa, e Ivan languidecía cada vez más. Su piel se oscurecía y se pegaba a los huesos. Sus ojos se hundían incluso más. Fiebre, irritación e intranquilidad se apoderaban de él. Incluso perdía el apetito por la comida. Debía ser un embrujo, pensaba Ivan con amargura. Me quiere sacar de este mundo.

Fue con una exorcista, pero ella no pudo deshacer el conjuro: aparentemente, Iura era más fuerte. Ivan estaba seguro de ello. Al ir caminando, al pasar frente a la casa del hechicero, escuchó la voz de Palahna. ¿Podría ser ella?

Presionando una mano en su pecho, Ivan pegó un oído en la puerta. No estaba equivocado. Era Palahna la que estaba adentro. Buscando una hendidura para poder espiar, se movió Ivan calmo a lo largo de la cerca. Finalmente, encontró un agujero y vio a Palahna con el hechicero. Iura sostenía un muñeco de arcilla frente a Palahna y le daba con la punta del dedo golpes de pies a cabeza.
Apunto aquí”, susurró con malicia, “y que se sequen sus brazos y piernas. En el estómago, para que sufra de dolores y no pueda comer.”

¿Y si le apuntas a la cabeza?”, preguntó Palahna, inquisitiva.

¡Se muere de inmediato!

¡Ambos se confabularon en su contra! Ivan quiso saltar la cerca y matarlos a ambos en el instante. Apretó el hacha en su mano, midió la cerca con la mirada, y se puso pálido. La debilidad e indiferencia lo volvieron a invadir. ¿Para qué? Esto debió haber sido dictado por el destino. Se estremeció, bajó el hacha, y se fue. Caminó desolado, sin sentir el suelo bajo sus pies, y tambaleándose por el camino. Frente a sus ojos miraba sólamente círculos rojos que flotaban, y que se disolvían sobre las montañas.

¿A dónde iba? Ivan no sabía. Vagando sin rumbo, escaló montañas y descendió a los valles. Finalmente se fijó que estaba sentado junto al río. La verde sangre de las montañas espumeaba y rugía bajo sus pies, y quedó viendo fija e incomprensiblemente la ligera corriente, hasta que el primer pensamiento claro que llegó a su mente agotada fue: Marichka había caminado por estos lares. Aquí era donde se la había llevado el agua. Entonces subieron a la superficie, un pensamiento tras otro, llenando su vacío corazón. Vio el dulce rostro de Marichka de nuevo, su amabilidad simple y sincera, y escuchó su canción.

Piensa en mi, amor mio, dos veces al día, y yo pensaré en ti siete veces por hora”. Ahora todo se había ido. Desaparecido, para nunca regresar, asi como la espuma en el río no puede retornar. Una vez Marichka, y ahora él… Su estrella apenas se sostenía allá arriba, en el cielo. ¿Para qué es la vida? Un destello en el cielo, una flor de cerezo, fugaz y efímera.

El sol se ocultó detrás de las montañas y, en esta calmada tarde, sombras humeantes de azur se colaban por las grietas, saliendo de los tejados de las cabañas hutsul, que florecían en las verdes montañas como azules inflorescencias. La angustia envolvía el corazón de Ivan. Su alma anhelaba algo mejor, algo desconocido. Fue halada a otros mundos, mejores, en donde podría descansar, finalmente.

Cuando cayó la noche y las negras montañas titilaban con las luces de las cabañas dispersas como criaturas malignas parpadeando, Ivan sintió que las fuerzas hostiles eran más fuertes que él mismo, que ya había caído en la batalla.

Ivan despertó.

Levántate, le dijo Marichka. Levántate y ven a mi. La volteó a ver, para nada sorprendido. Era algo muy bueno el hecho de que ella hubiese venido finalmente. Se levantó y se dirigió hacia ella.

Silenciosamente, se pusieron a caminar entre las montañas. Aunque era de noche, Ivan podía ver claramente el rostro de Marichka a la luz de las estrellas. Trepando una cerca que dividía el prado del bosque, entraron a una arboleda muy densa de abetos.

¿Por qué te ves tan pálido? preguntó Marichka. ¿Has estado enfermo?

Languidezco por tí, Marichka, amor mío. No preguntó hacia dónde se dirigían. Simplemente estaba muy feliz de estar acompañado de ella.

¿Recuerdas, mi dulce Ivan, cómo nos reuníamos en este bosque? Tocabas para mi, y yo envolvía mis brazos alrededor de tu cuello y besaba tus lindos rizos.

Si, Marichka, lo recuerdo, y jamás lo olvidaré.

Miraba a Marichka a su lado, pero sabía muy bien que era una ninfa de bosque, y no su Marichka. Caminaba junto a ella, sin permitirle que se le adelantara para no mirar el sangriento agujero en su espalda, en donde el corazón y pulmones de una ninfa pueden verse, por ser transparente en este punto de su cuerpo. En veredas angostas, se apretujaba a ella, para evitar quedar atrás, y sentía el calor de su cuerpo.

Siempre quise preguntarte, ¿por qué me golpeaste en el rostro? Recuerdas, cuando nuestros padres peleaban y me escondí de miedo bajo la carreta, al ver la sangre.

Corriste esa vez. Lancé tus listones al agua, y me diste una golosina.

Me enamoré de ti inmediatamente.

Ellos se internaban más en el bosque. Los negros abetos extendían sus musgosas ramas sobre ellos, como bendiciéndolos, y un lóbrego silencio reinaba sobre todo, roto sólamente por el caprichoso espumeo de los riachuelos del valle.

Una vez quise asustarte, me enterré entre el musgo y los helechos, y quedé allí, con tranquilidad. Me llamaste, me buscaste, y casi lloras. Y quedé allí, yaciendo pero aguantando la risa. ¿Y, qué hiciste conmigo cuando finalmente me hallaste?

¡Ja, ja!

¡Uy, sinvergüenza! Frunció dulcemente sus labios, lanzándole una mirada traviesa.

¡Ja, ja! rió Ivan.

Ella le recordó los juegos infantiles que ambos gozaban, sus aventuras bañándose en los fríos arroyos, sus bromas y canciones, sus alegrías y temores, y sus abrazos apasionados, y su dolorosa partida. Todos los dulces recuerdos que calentaron sus corazones.

¿Por qué te quedaste tanto tiempo en los pastizales de las tierras altas, Ivanko? ¿Qué hacías allá?

Ivan estuvo tentado de contarle cómo una ninfa lo había llamado, con la voz de Marichka, pero guardó silencio. Su conciencia se dividía. Sentía a Marichka junto a él, aunque al mismo tiempo, sabía que Marichka ya se había ido, y que algo más lo guiaba a lo desconocido, a las desoladas sierras, para destruirlo. Aún así, se sentía bien. Seguía sus risas y gorjeos de niña, ligero, feliz y ya sin el miedo que había sentido antes. Sus preocupaciones, sus pensamientos sobre Palahna y el hostil hechicero, y su temor a la muerte, todo había desaparecido. La juventud de corazón ligero, y la alegría, lo guiaban a los despoblados picos, tan desolados y solitarios que incluso el susurro del bosque no podía ser conservado allí, y era acarreado a los valles por los rugientes ríos.

Yo siempre te busqué y esperé tu retorno de los pastizales de las alturas. No comía ni dormía, y perdí mis canciones, y el mundo se marchitó para mi. Cuando estábamos enamorados, hasta los robles secos floreaban, pero cuando nos separamos, los fuertes robles se secaron.”

¡No digas eso, Marichka, no lo digas, mi amor! ¡Ahora estamos juntos, y nunca más nos vamos a separar!

¿Nunca? ¡Ja ja!

Ivan se estremeció y se detuvo. La seca y maliciosa risa cortó su corazón. La vio con incredulidad. “¿Te ríes de algo, Marichka?”

¡Claro que no, Ivanko! ¡No me reí! Debiste de habértelo imaginado. ¿Estás cansado? Caminemos un poco más. ¡Ven!”

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Sombras de los ancestros olvidados, en español – Parte 4

Para la fiesta de los santos Pedro y Pablo, se desataba siempre una ventisca. La nieve quedaba en el suelo durante tres días, y muchas ovejas morían al resbalar y se rompían las ingles. ———-

En ocasiones subían personas de los bajíos. Los pastores los rodeaban y luchaban entre ellos por realizar las preguntas, “¿Qué noticias traéis de la aldea?”. Y luego quedaban escuchando como niños a las simples respuestas: que estaban escasas las patatas, o que el maíz estaba creciendo muy delgado, o que Ilena Mocharnyk había fallecido. Todos bebían por la salud del ganado, y los huéspedes llenaban sus bolsos con queso y partían de regreso, pacíficamente, al valle.

Por las noches se encendían fogatas a un lado del aprisco. Los pastores se sacaban la ropa y sacudían las garrapatas en el fuego o, hambrientos de damas tras un verano completo sin ellas, se embeberían en una charla salaz. Los rugidos de las carcajadas sacaban al ganado de su sueño.

Antes de irse a dormir, Ivan llamaba a Mykola, quien siempre era platicador y le gustaba cantar. “¡Mykola, amigo mío!. Ven aquí.”

“Espera un minuto, hermano Ivan, ya voy” el cuidador del fuego respondía desde el aprisco, e Ivan escuchaba resonar su canción:

La Chornohora no cultiva ni grano ni heno. Cria a jóvenes pastores, y queso, y fino suero.

Mykola era un huérfano que había crecido en las tierras altas. “Fui criado por las ovejas”, decía, suavizando sus rizos despeinados.

Habiendo finalizado sus labores, el cuidador del fuego se acostaba junto a Ivan. Estaba hollinoso y saturado de humo, y sus jóvenes dientes brillaban a la luz del fuego. Ivan se colocaba más cerca, lo abrazaba por el cuello, y le imploraba: “Cuéntame una historia, amigo. Sabes muchas.”

Las estrellas bajaban del cielo, y la vía láctea fluía como la blanca espuma en el río. Las montañas ya dormían. “Seguro están creciendo” gritaba Ivan como si fuera para si mismo.

¿Quién?

Las montañas.

Al principio crecían, pero ahora ya se detuvieron. Mykola guardaba silencio y luego agregaba callado, al principio no había montañas, sólo agua. El agua era como un mar sin playas. Y Dios caminaba sobre el agua. Pero una vez notó Él que la espuma se arremolinaba en el agua. ´¿Quién eres tu?´, preguntó, ´Yo no sé´respondió. Estoy vivo pero no puedo caminar´Ese era el Aridnyk. Dios no sabía nada sobre él pues el Arydnik, como Dios mismo, había existido desde el puro principio. Dios le dio brazos y piernas, y se volvieron como hermanos de sangre. Cuando se cansaron de caminar sobre el agua, Dios decidió crear tierra, pero no pudo obtener arcilla del fondo del mar, porque Él conoce todo en el mundo, pero no puede hacer nada. Pero el Aridnyk tenía el poder de hacer de todo y dijo ´Yo puedo bucear´. ´Sumérgete entonces´respondió Dios. Entonces el Aridnyk se zambulló, tomó un puñado de arcilla y ocultó otro poco entre su boca, para sí mismo. Dios tomó la arcilla y la dispersó. ´¿No hay más?´´No´Entonces Dios bendijo la tierra, y ésta comenzó a crecer. Pero la tierra que estaba entre la boca de Satán también creció. Creció y creció hasta que forzó a que abriera su boca. No podía respirar, y sus ojos ya se salían de sus órbitas. ´¡Escupe!´le aconsejó Dios. El Arydnik comenzó a escupir, y hacia donde quiera que escupía, crecía una montaña, cada una más alta que la anterior, hasta que alcanzaron el cielo. Y hubiesen perforado los cielos si Dios no las hubiera detenido. Y desde entonces, las montañas ya no han crecido más.”

A Ivan se le hizo muy raro el pensar que las alegres y finas montañas hubiesen sido creadas por el Maligno. “Dime más, mi amigo”, le rogó.

El aridnyk era capaz de hacer cualquier cosa que quisiera,” continuó Mykola. “Cuando Dios quería algo, Él lo tendría que hacer por artificio o por sigilo. El Aridnyk creó las ovejas y se fabricó un violín que tocaba mientras las pastaba. Dios vio ésto y le robó algunas ovejas al Arydnik, y entonces ambos las criaron. Toda la sabiduría e inteligencia en este mundo provienen de Satán. Toda carreta, caballo, instrumento musical, molino y cabaña, fueron inventados por él. Dios simplemente se las robó y se las dio a la gente. De forma que hubo una vez… ”

En cierta ocasión, al Arydnik le dio frío y, para calentarse, inventó el fuego. Dios vino y obsevó el fuego. El Arydnik supo lo que él quería. ´Me has robado todo lo demás´le dijo, ´pero ésto, no te lo daré.´Entonces vio que Dios estaba encendiendo también una fogata. Se enfadó tanto que escupió en el fuego de Dios. Salió humo de su saliva. El primer fuego era limpio y sin humo pero, desde entonces, humea.”

Mykola contaba estas historias por bastante tiempo y, cuando fuera que mencionara al diablo, Ivan se persignaba bajo su camisa, y Mykola escupía para evitar que el Maligno tomara poder sobre él.

En una ocasión, Mykola se enfermó, e Ivan fue quien se encargó de cuidar el fuego por él. El jefe pastor dormía en una banca junto al fuego, mientras el enfermo gemía en una esquina, en donde se movían de un lado a otro las sombras de los quesos que colgaban, secándose. El agua bullía en una olla negra, y el humo forzaba su marcha hacia arriba, colándose por entre las rajaduras de las piezas del tejado. En ocasiones el malvado soplaba por algún resquicio, haciendo que el humo golpeara el rostro de Ivan, causando ardor en sus ojos. Pero eso era bueno, pues así no se atrevía a dormir. Para espantar el sueño que lo asechaba y pesaba tanto sobre él, quedaba viendo fijamente al fuego. Debía cuidarlo, pues era un espíritu de los pastizales de las tierras altas, pues quién sabe si se le permitía irse. Las brasas le sonreían desde la fuerte carga de leña, y luego se desvanecían. Algunas manchas verdes salían flotando frente a sus ojos y navegaban hacia prados y bosques.

Los blancos pies de Marichka pisaban a través de un prado. Arrojando a un lado su rastrillo, extendía sus brazos hacia Ivan. Y, justo cuando su suave cuerpo estaba a punto de tocar el fuerte pecho del amado, emergía un oso rugiendo desde el bosque, dispersando las blancas ovejas y separando a su amado de Marichka. ¡El diablo se lo llevaba! ¿En verdad me quedé dormido? Las brasas le guiñaban; el jefe pastor aún roncaba, y Mykola se quejaba bajo una pesada cubierta de sombras incansables.

¿No era ya hora de preparar la kasha (sopa, gachas) para el desayuno de los pastores? Ivan salió de la cabaña. El silencio y el frío lo envolvieron. Podía escuchar el ganado respirando en los corrales. Las ovejas ya estaban agrupadas, y comenzaban a vislumbrarse los fuegos encendidos en las cabañas de los pastores. Los perros rodearon a Ivan, estirando sus adormilados cuerpos, y restregando sus flancos en las piernas del muchacho. Las negras montañas llenaban los bajíos como una enorme grey. Habían vivido en silencio desde tiempos tan inmemoriales, que podían escuchar incluso la respiración de vacas y ovejas. Sobre ellas se extendía el cielo, el celestial pastizal en donde pastan las estrellas, como blancas ovejas. ¿Había algo en el mundo además de estos dos pastizales? Uno se extendía sobre la tierra y el otro sobre las montañas, y el pastor era solo un punto negro entre ambos.

Pero tal vez no era nada. ¿Tal vez la noche había inundado las montañas, y ellas se habían movido, aplastando todo lo que vivía entre ellas, y sólo el corazón de Ivan había sido dejado intacto para latir dentro de su chaleco y los infinitos espacios? La soledad lo roía, como un dolor de muelas. Algo enorme y ajeno, una tranquilidad indiferente, el sueño de algo que no existe, lo aplastaba. La impaciencia golpeaba en su cerebro, y la ansiedad lo apretaba por la garganta. Sacudiéndose de repente, brincó en los pastizales, sus gritos y chillidos destruyendo el silencio y astillando la noche como una roca lanzada contra una ventana. ¡Oh-oh-oh! llamaban las sobresaltadas montañas. ¡Ha-haha! gritaban ansiosos los distantes picos. Y entonces se cerraba de nuevo el silencio. Los perros pastores se volteaban, mostrando sus dientes a Ivan mientras meneaban sus colas.
Ahora se sentía más triste incluso. Quería ver la luz del sol, escuchar el alegre saludo del rio, compartir el calor y plática de su vida hogareña. Las penas y anhelos presionaban su corazón. LLovían recuerdos que destellaban frente a sus ojos. Repentinamente, escuchó una sosegada llamada ¡Iva-an! Y nuevamente. ¡Ivaan!

¿Marichka? ¿En dónde estaba? ¿Habría venido hasta estos pastizales? ¿De noche? ¿Estaba perdida y lo llamaba? ¿O estaba él escuchando cosas? No. Estaba aquí.

El corazón de Ivan latía más fuerte mientras él dudaba. ¿A dónde debía ir? Luego, por tercera vez, le llegó el grito. ¡Iva-an! Marichka… tuvo que haber…. Corrió a toda velocidad, sin respetar veredas, en la dirección de la voz, pero allí encontró el precipicio que le impedía llegar al pastizal. Se detuvo a ver el negro abismo. Entonces fue cuando comprendió: una ninfa lo estaba llamando. Se persignó con el signo de la cruz y, viendo hacia atrás siempre con cuidado, regresó a la cabaña.

Ya era hora de cocinar la Kasha. Colocar harina dentro de la olla hirviendo, cortó por la masa espesante, y pronto emanó un fragante aroma mezclado con el humo de leña. El jefe pastor se desperezaba, y despuntaba el alba. ¿Quién lo habría llamado? Se preguntaba Ivan. ¿Tal vez habrá sido Marichka, después de todo?

Algo lo llamó a ir a ver de nuevo, por lo que regresó a la pastura tras el recreo del día. Un rocío frío se asentaba sobre sus mocasinas. El cielo enrojecía, y las estrellas bajaban su intensidad. Ivan subió a un pico y repentinamente sintió un escalofrío. ¿En dónde estaba? ¿Qué le había sucedido? ¿Por qué habían desaparecido las montañas? El agua había inundado los valles de los pastizales, sumergiendo los picos, y los pastos flotaban como una isla solitaria en un mar infinito. Un viento soplaba desde la Chornohora. Las aguas profundas susurraban, y el sol, invisible, podía ser escuchado creciendo en sus profundidades. Ahora emergía un pico gris del mar, y se drenaba el agua de él. El viento frío se tornó más intenso en su soplido; las olas del mar crecían, y un pico tras otro, emergían de la blanca espuma. Parecía que estaba volviendo a nacer el mundo. Las aguas se escurrían de los picos y ahora se arremolinaban bajo sus pies. El sol ya había arrojado su corona sobre el cielo, y en cualquier momento mostraría su rostro, mientras la solitaria voz de la trembita era transportada por el aire desde los corrales, despertando a las tierras altas de su sueño.

Ivan pasó el verano en los pastizales de las mesetas hasta que quedó despoblado. El ganado fue arreado de regreso a sus propietarios en los valles; las trembitas sonaron por última vez; el césped quedó todo pisoteado y el viento otoñal suspiraba sobre él como si fuera un cadáver. Sólo el jefe pastor y el cuidador del fuego quedarón atrás. Tuvieron que esperar hasta que el fuego se hubiese consumido por completo. El fuego en los pastizales, que había nacido como un dios, también tenía que ir a dormir por si mismo. Y cuando el pastor jefe y el cuidador del fuego se habían retirado también, un espectro se puso a vagar por los pastos entristecidos e iba a tientas por chozas y corrales para ver si se le había dejado algo.

Ivan corrió en vano desde las tierras altas: no encontró viva a Marichka. El día anterior, cuando vadeaba el Cheremosh, se la había llevado el agua. Había surgido de repente una inundación, y las salvajes olas golpearon a Marichka, soltando sus pies y arrastrándola sobre una cascada, para luego llevarla entre las rocas de debajo. La gente observó cómo las olas la sacudieron y escucharon sus gritos y ruegos, pero no la lograron salvar.

Ivan no pudo creer esas noticias. Tenía que ser un truco jugado por los Huteniuks. Se habrían enterado de su amor por Marichka y la habrían ocultado. Pero cuando escuchó las mismas noticias de cada bando, decidió ir en busca del cuerpo. Debía haber sido lanzado contra las márgenes pobladas de árboles que guarnecían el rio. La gente debió haberla encontrado en algún lugar. Recorrió el rio a lo largo, repleto de rabia ardiente y rugidos incesantes.

Encontró el cuerpo en otra aldea. Había sido arrastrado a una orilla con mucha pendiente, pero no pudo reconocer a Marichka. No era Marichka sino un saco mojado, una masa sangrienta de carne azul que había sido triturada por las rocas del río como si hubiese sido pasada por piedras de molino.

Una gran pena se apoderó de su corazón. Al principio estuvo tentado de saltar de una roca a un remolino: ¡Aquí, devórame también! Pero entonces su ardiente dolor lo llevó a las montañas, lejos del rio. Cubrió sus oídos para no escuchar el rugido traicionero que había absorbido el último aliento de Marichka. Vagó por el bosque, entre rocas y acantilados, como un oso lamiendo sus heridas, y ni siquiera el hambre lo pudo llevar de regreso a la aldea. Vivió de moras y arándanos y bebió agua de los arroyos.

Entonces desapareció. La gente supuso que había muerto de dolor, y las muchachas comenzaron a componer canciones que hablaban del trágico amor entre Ivan y Marichka. Por seis años no hubo noticias de Ivan. Pero apareció inesperadamente durante el séptimo. Estaba chupado y ennegrecido, y se veía mucho mayor de lo que era en realidad, pero estaba calmo. Dijo que había sido pastor en el lado húngaro. Hizo eso por otro año, y luego se casó. Ya era tiempo de levantar una granja.

Hasta que las canciones y disparos de pistola por la boda habían acabado, y hasta que su esposa había llevado su ganado a los corrales, quedó satisfecho Ivan. Su Palahna era de una familia rica. Era una chica altiva y robusta con una voz grave y un cuello grueso. Era verdad que le gustaban las ropas finas y que gastaba mucho dinero en pañuelos de seda y collares de monedas, pero Ivan no se preocupaba mientras estuviera viendo las ovejas balando en los corrales y las vacas pastando en el bosque.

Ahora tenía algo qué atender. No era ambicioso de obtener riquezas – no es el propósito de ningún hutsul en la vida – un simple oficio de pastoreo del ganado era suficiente para llenar de alegría su corazón. Los animales eran para él lo que un hijo es para su madre. Todos sus pensamientos revoloteaban en torno al heno, la comodidad del ganado, y sus preocupaciones más grandes eran que el ganado no se debilitara o que tuviera una maldición sobre si, sólo quería que las ovejas tuviesen borregos y las vacas terneros. El peligro asechaba por todos lados, y tenía que cuidar su ganado de serpientes, bestias y brujas, que hacían de todo para dañar a las vacas y privarlas de su maná. Tenía que saber trucos y tenía que fumigar, lanzar conjuros de protección y recolectar hierbas benéficas. Palahna lo ayudaba. Era una buena ama de casa, y él compartía sus preocupaciones con ella.

¡Qué vecinos nos ha dado el Señor!” se quejaba ella con su esposo. “Jyma vino al corral esta mañana, vio los terneros y aplaudió. ´¡Oh, pero que finos!´Aquí están, pensé dentro de mi. Ni tan pronto se había ido, dos borregos giraron y cayeron muertos. ¡Uf, que bruja!”

“Y yo caminaba de paso por su casa por la noche,” dijo Ivan, “cuando vi algo rodando como un morral. Era brillante como una estrellita. Me detuve a ver, y rodó a través de la pradera y el cerco, y directo a la puerta de Jyma. ¡Dios me ampare! Si lo hubiera pensado a tiempo y me hubiera quitado los pantalones, hubiera capturado con ellos a la bruja, pero era demasiado tarde…”

Su vecino en la colina más cercana al otro lado era Iura. La gente decía que era como un dios. Sabio y poderoso, como un mago que sostiene en sus fuertes manos las fuerzas del cielo y la tierra, de la vida y la muerte, y la salud de ganado y humanidad. Era temido, pero también necesitado, por todos. Ocasionalemente Ivan iba con Iura por ayuda, pero cada vez encontraba la ardiente mirada en los ojos negros del hechicero, que escupía discretamente. “¡Sal en tus ojos!”

Pero Jyma era la peor molestia. Una vieja intrigante, siempre amigable, que de noche se convertía en un perro blanco y vagaba por los cercados de los vecinos. Ivan a menudo tenía que lanzar una horquilla o un hacha para sacarla.

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