Señales de paz de rusia: ¿diplomacia o trampa política?



El 30 de abril de 2025, el kremlin reiteró su disposición a negociar con Ucrania. Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, comunicó que moscú está abierto al diálogo sin condiciones previas, pero insistió en que las conversaciones deben llevarse a cabo directamente con Kyiv y no a través de Washington. Esta declaración se produjo en el contexto de la propuesta rusa de declarar una tregua de tres días, del 8 al 10 de mayo, con motivo de la celebración del Día de la Victoria.
La reacción ucraniana fue cauta. En su discurso del 30 de abril, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy calificó la iniciativa de «manipulación» y enfatizó: «Para detener la guerra no hace falta esperar al 8 de mayo. Es necesario cesar los ataques y los asesinatos, y después buscar una solución en las negociaciones». Esta postura refleja la exigencia constante de Kyiv: ninguna negociación sin el cese previo de las hostilidades por parte de rusia.
Mientras tanto, se observan avances en las iniciativas diplomáticas de Estados Unidos. Keith Kellogg, enviado especial de Donald Trump, informó de que Ucrania había acordado la semana pasada en Londres 22 puntos de un plan de acción propuesto por EE. UU. para poner fin a la guerra. Según Kellogg, las discusiones con Kyiv se están desarrollando en un espíritu de colaboración y ahora «la pelota está en el tejado de rusia». También criticó la propuesta de tregua de tres días, ya que la consideró «insuficiente y oportunista».


Además, EE. UU. anunció la primera exportación directa de armamento a Ucrania bajo la administración Trump, por valor de 50 millones de dólares. Esto ocurrió simultáneamente al anuncio de un nuevo acuerdo estratégico entre Ucrania y EE. UU. para crear un fondo conjunto de desarrollo en el sector de los recursos minerales. El acuerdo prevé inversiones de ambas partes en proyectos en territorio ucraniano, desde la extracción hasta la infraestructura, con la reinversión de los beneficios en la reconstrucción del país durante los primeros diez años. De esta manera, EE. UU. no solo apoya la recuperación económica, sino que también consolida su papel en la futura arquitectura de seguridad de la región.
Según algunos observadores occidentales, estas acciones demuestran la disposición de EE. UU. a actuar no solo en el ámbito militar, sino también en los ámbitos político y económico. De este modo, Washington señala que ve a Ucrania como un socio a largo plazo y no solo como un receptor de ayuda temporal. Al mismo tiempo, esto podría servir de señal a moscú de que la prolongación de la guerra no altera la tendencia general de Occidente a apoyar a Kyiv.
En paralelo, el senador republicano Lindsey Graham, uno de los aliados clave del presidente Trump, presentó en el Congreso el proyecto de ley «Sanctioning russia Act of 2025». Este prevé sanciones máximas contra rusia y un arancel del 500% sobre la importación de bienes de países que compren petróleo, gas, uranio y otros recursos rusos. Según Graham, el proyecto ya cuenta con el apoyo de 72 senadores, lo que permitiría superar un posible veto presidencial. Subrayó que estas medidas buscan presionar a Moscú para alcanzar la paz, pero también son una señal de que, si no hay progreso, la economía rusa sufrirá un duro golpe.
Por su parte, rusia continúa con intensas acciones de combate. Durante las últimas semanas, las ciudades ucranianas han sufrido nuevos bombardeos masivos, lo que pone en duda la sinceridad de las intenciones de la federación rusa de poner fin a la guerra. El 29 de abril, rusia llevó a cabo otro ataque con drones contra la ciudad de Sumy, que causó víctimas civiles. Estas acciones socavan la confianza en las declaraciones del kremlin sobre la paz y obligan a los socios occidentales a considerar las iniciativas rusas como un instrumento de juego diplomático, más que una solución real.
En este contexto, surge la pregunta clave: ¿son las declaraciones de moscú sobre su disposición a la paz parte de una maniobra diplomática o una señal de que realmente quiere negociar? Dada la simultaneidad de las declaraciones de apertura al diálogo y la continuación de los bombardeos, los socios occidentales deben actuar con cautela. Cualquier arreglo pacífico debe basarse en el respeto a las normas del derecho internacional, y no en la consolidación de facto de los resultados de la agresión.
Para alcanzar una paz estable, no es suficiente con el cese del fuego, sino que también es necesario establecer responsabilidades por su violación. Solo sobre estas bases será posible restablecer la confianza en el diálogo como herramienta para la resolución de conflictos en Europa.

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