
“Hasta el último momento no creíamos en el intercambio. Porque ellos [N. del T.: los rusos] nos engañan tanto, se burlan de nosotros… Nos llevaban a fusilamientos, a intercambios… Y luego nos devolvían y se reían en nuestra cara. Y cuando un militar subió a la furgoneta y dijo: “Estáis en casa, chicos. ¡Gloria a Ucrania!”, yo simplemente empecé a respirar, porque en todo el camino iba sentado sin respirar, de verdad, mamá.
Y cuando vimos a la gente a lo largo de la carretera recibiéndonos con banderas, con flores, con pancartas, era como en una película, como si no nos estuviera pasando a nosotros. Y luego, cuando llegamos, el primer cigarrillo, los abrazos, nos dieron un teléfono… y yo me había olvidado de tu número, mamá, ¿te imaginas? ¿No te enfadas, verdad? Porque, ¿cómo podría olvidarlo? Me lo repetí mentalmente durante los dos años [N. del T.: en cautiverio]. Como cuando me enseñabas de niño: “Me llamo…, vivo en…, el teléfono de mamá es…”
[N. del T.: Ya de vuelta] Los chicos lloraban, pero yo no. Hasta que en el hospital nos dieron ropa y nos llevaron al comedor. Y ahí, mamá, la comida… Sobre la mesa, tres platos diferentes para cada uno. Creo que en un mes de cautiverio no comí tanto como ese día. Y el olor de la sopa… El cuenco era profundo, la sopa hasta el borde. Yo cogía la cuchara con cuidado para no derramar nada, pero las manos me temblaban, mamá. Quería comer bien, con calma, aunque en realidad lo que más deseaba era agarrar el cuenco y bebérmelo entero. Y las manos temblaban. Tenía tanta hambre, no te imaginas. Pero yo, con cuidado, con calma…
Había una señora que iba sirviendo más comida, rellenando los platos. Se acercó a mí, me abrazó, me acarició la cabeza, como lo hacía la abuela antes. Me besó en la sien y me dijo: “Come, hijo, que ahora te traigo más.” Y ahí, mamá, ahí sí que lloré. Comía y lloraba, con la cabeza gacha porque me daba vergüenza. Y cuando miré alrededor, casi todos estábamos igual: comiendo y llorando.
Y esa sopa, mamá… No he probado nada más rico en mi vida. ¿No te ofendes, verdad?”
Traducción de ConUcrania del texto de Oksana Makarenko.
