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Península de terror

         Se pone sol. La carretera estrecha se extiende entre las montañas. De un lado están las rocas, del otro, el mar. El automóvil se dirige a la costa sur de la península de Crimea por una pintoresca serpentina. Suena una canción tártara de Crimea en la radio “Meydan”. Y el aroma a ciprés…… y la libertad se siente en el aire. Era el verano de 2010. Fue la última vez que estuve en Crimea. Cuatro años después la Federación Rusa ocupó la península ucraniana. Comenzó una nueva realidad. Los registros, detenciones e intimidaciones de las personas que no habían aceptado la ocupación se convirtieron en sinónimos de Crimea.

En febrero del 2014, en el fondo de la Revolución de la Dignidad, Rusia invadió Ucrania cínicamente y ocupó la parte del estado independiente. Tras los disparo a los manifestantes en el centro de Kyiv pensamos que lo más horrible había quedado atrás. El 26 de febrero todas los canales de televisión transmitieron en vivo multitudinaria manifestación por la integridad territorial de Ucrania delante del Tribunal Supremo de Crimea en Simferópol. Miro atentamente las caras, revisando el vídeo. Aquí está Akhtem Chiygoz, vicepresidente de Mejlis, órgano de representación de los tártaros de Crimea. Fue condenado a ocho años de prisión por falsa acusación de “organizar disturbios masivos” el 26 de febrero. Realmente fue por su posición cívica pro-ucraniana. En ese mismo vídeo está Ervín Ibrahímov, miembro de Mejlis regional, secuestrado en primavera del 2016 en la Crimea temporalmente ocupada. Su destino aún se desconoce. Así como el destino de 14 personas más secuestradas en la Crimea ocupada. Las seis personas desaparecidas fueron encontradas muertas.

         El destino me unió a Crimea en el 2017, cuando comencé a trabajar en el canal de televisión de los tártaros de Crimea ATR, que abandonaron Crimea después de su ocupación. Seitumer Seitumerov estaba entre los que no aceptaron la ocupación. Habría sido preso político, si no hubiera abandonado la península ocupada. Dice, después de así llamado “referéndum” del 16 de marzo del 2014 Rusia comenzó a establecer sus propias reglas. “Los tártaros de Crimea por su mayoría fueron la única fuerza que se opuso a la ocupación. Apoyaron a los militares ucranianos, bloqueados en las bases militares, organizaron acciones de protesta. Y Rusia comenzó a “abrochar un casco”; cuenta Seitumer. Desaparecieron unas 45 personas. Algunas de ellas las encontraron muertas, brutalmente torturadas. El destino de la mayoría de ellas aún se desconoce, dice Seitumer. A principios del 2015 comenzaron los primeros arrestos de los tártaros de Crimea por los cargos fabricados políticamente motivados. Por ejemplo, arresto de Mustafá Degermendzhy e Alí Asanov.

Las familias de los presos políticos se comunicaban, coordinando sus acciones. Así se formó una plataforma de activistas y abogados “Solidaridad de Crimea”. Seitumer que era fotógrafo y se dedicó a los paisajes, asistió a las audiencias de los asuntos judiciales políticos de los tártaros de Crimea. “Mi actividad principal durante el último medio año fue edición de vídeos para “Solidaridad de Crimea”, dice.

“Cada uno entiende que es peligroso. Pero hubo necesidad de llenar el vacío de información, que había formado Rusia, destruyendo todos los medios de comunicación independientes en Crimea. No había nadie para ilustrar registros, torturas y otras violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, según dicen, los ojos temen y las manos trabajan”, explica. En noviembre del 2017 las fueras de seguridad rusas irrumpieron en su casa con un registro. “Tuve mensaje escrito en el móvil “tengo invitados” para unos 7 –8 destinatarios. Tan pronto como escuché los golples en la puerta a las 6.15 de la mañana, envié un mensaje”, recuerda. Unos diez oficiales de seguridad enmascarados con armas lo pusieron a Seitumer frente a la pared. En la estación de policía redactaron un informe sobre la infracción administrativa por las publicaciones en las redes sociales en los años 2011– 2013. Según la legislación rusa tengan carácter extremista. Seitumer explica que fueron símbolos musulmanes. “Me dijeron: “Tienes muchos amigos con procesos administrativos, más tarde convertidos en procesos penales por terrorismo”. Le espiaron a Seitumer, forzándolo abandonar la península ocupada. Lo hizo en diciembre del 2017.

El hombre trabaja de periodista en Kyiv, ilustrando los temas de la Crimea ocupada. “Lo que la gente no puede decir en Crimea ocupada, podemos hacerlo aquí”. El 11 de marzo del 2020 los representantes del Servicio Federal de Seguridad de Rusia efectuaron un registro en los domicilios de cinco habitantes de Bajchysarai, incluso en casa de la madre de Seitumer. “Los bandidos armados con fusiles irrumpieron en su casa a las 6.15 de la mañana, casa de una mujer solitaria, de 74 años”.  A su hijo lo acusaron de organizar la célula terrorista en Bajchysarai, acusación falsificada. “¿En qué consiste?– se centraba en una de las mezquitas en Bajchysarai, donde era feligrés desde el quinto grado de la escuela (…)nos reuníamos los jueves y discutíamos sobre los temas religiosos. A otras cuatro personas, que visitaron mis clases, los acusaron de participar en la organización terrorista. Reunirse en las mezquitas es un hecho punible para la Federación Rusa”, explica. Los hombres se enfrentan a penas de prisión ilegales de hasta 19 años. Seitumer podría estar entre ellos.

            Según la Defensora del Pueblo para los Derechos Humanos de Ucrania, Rusia persigue por razones políticas a 133 ciudadanos de Ucrania, la mayoría de ellos son tártaros de Crimea. 114 personas están escarceladas ya. Según la organización “Crimea SOS”, 98 ciudadanos de Ucrania son presos de Kremlin en la Crimea ocupada.

            “Me falta mucho el ambiente de Crimea, faltan lugares natales de la niñez, me falta mi Patria”, resume el activista.

            Voy paseando por el parque, recordando Crimea ucraniana donde reina el ocupante actualmente y siento el aroma a ciprés…aroma en mi memoria.