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Las muertes secretas de la guerra rusa no declarada

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Debido a la negación del Kremlin de que los soldados rusos luchan en Ucrania, las familias de los soldados muertos buscan la verdad y la justicia.

Artículo de The Telegraph, informa Tom Parfitt. Tumanov-ukraine-ru_3149378b

Anton Tumanov dio su vida por su país, pero éste no dirá ni dónde ni cómo.

Su madre lo sabe. Ella sabe que su hijo de 20 años, un sargento del ejército ruso, fue asesinado en el este de Ucrania, hecho pedazos por el impacto de un misil, el 13 de agosto. Yelena Tumanova, de 41 años, supo estos hechos sobre la muerte de su hijo gracias a uno de sus compañeros, que vio cómo Anton fue golpeado y levantó su cuerpo.

¿Lo que no comprendo es por qué causa murió?”, dice.“¿Porqué no podemos dejar a los ucranianos que resuelvan sus problemas ellos mismos? Y puesto que nuestras fuerzas enviaron a Anton ahí, porqué no pueden admitirlo y contarnos qué fue lo que le pasó exactamente”.

El año llega a su fin y Kremlin sigue insistiendo en que ningún soldado ruso ha entrado en Ucrania para combatir junto a los separatistas prorrusos, que han estado luchando contra las fuerzas gubernamentales desde abril. Durante su conferencia anual, que tuvo lugar este mes, el presidente Vladimir Putin dijo que todos los combatientes rusos de Donbass, la región ucraniana, son voluntarios que fueron ahí por “la llamada de su corazón”.

La historia de Tumanov y las misteriosas muertes de los soldados rusos desde verano contradicen esta afirmación.

Los activistas de derechos humanos han registrado por lo menos 40 casos de soldados que posiblemente murieron en el conflicto, muchos creen que la cifra ronda los cientos, pero la fiscalía se niega a abrir las investigaciones criminales sobre sus muertes a pesar de que lo exija la ley. Privados de un estatus que les corresponde por las mentiras y la tiniebla que envuelve sus casos, estos hombres y sus familias son las víctimas de una guerra no declarada.

La causa de las lesiones “no establecida”

Oficialmente Tumanov murió “cumpliendo el deber del servicio militar” en “el punto de despliegue temporal de la unidad 27777” , parte de la 18º División de Guardia de Rifles Motorizada , cuya base permanente está en Kalinovskaya, Chechenia.

En el certificado de su muerte, firmado el día 18 de agosto por el centro de la medicina del Ministerio de Defensa en Rostov del Don, el suroeste de Rusia, se informa de que murió por “una lesión causada por una explosión”, recibiendo “multiples heridas de metralla en las extremidades inferiores” que dieron lugar a una “cuantiosa y aguda pérdida de sangre”. En cuanto a la causa de la lesión, la casilla de “acciones militares” está vacía, prefirieron poner el check en la de “origen no establecido”.

Después de recibir la noticia de su muerte, la señora Tumanova esperó 5 días para que el cuerpo de su hijo fuera traído a casa, “5 días de agonía” como dice ella.

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Anton Tumanov, el último a la derecha, con sus compañeros en la fotografía, probablemente tomada uno o dos días antes de su muerte en Snizhne

Yelena es una inspectora sanitaria y vive con su marido y dos hijos menores en el segundo piso de una casa de madera en Kozmodemyansk, un pequeño pueblo cerca de Volga, a 600 kilómetros de Moscú.

El ataúd de cinc, cerrado con su hijo dentro, llegó el miércoles. Había una pequeña ventanita en la parte superior para poder verle la cara”, recuerda ella.“Entonces no sabía cuáles eran sus lesiones, pero algo dentro de mi me dijo que había perdido sus piernas”.

El funeral se realizó al mismo día. Había una orquesta militar y unos pocos funcionarios locales. Nadie vino de la unidad de Tumanov. Su madre habló por teléfono con el comandante que se encuentra en Chechenia, éste le confirmó que el joven falleció en Ucrania, pero se negó a entrar en detalles. La orden de dirigirse hacia allí “vino desde arriba sólo en forma oral”, dijo el comandante.

La búsqueda de trabajo lleva a la guerra

La biografía de Tumanov no es inusual para un chico de la provincia y de una modesta familia. Fue reclutado al ejército como un conscripto después del instituto y sirvió 8 meses en Osetia del sur, una república prorrusa separatista en Georgia. Cuando regresó a casa, a Kozmodemyansk, en primavera del año pasado, estuvo buscando trabajo. Después de cortos periodos como barman y en la obra en Moscú, decidió regresar a las fuerzas como soldado. En junio fue enviado a Chechenia.

Intenté convencerlo de que no vaya por los hechos que ocurrían en Ucrania”, dice la señora Tumanova, “pero nuestro presidente dijo que ninguno de nuestros soldados sería mandado ahí y que solamente son ucranianos luchando entre ellos, y yo me lo creí. Así que, finalmente deje de discutir”.

Anton Tumanov fue puesto en un periodo de prueba de 3 meses, pero no estuvo en Chechenia ni 10 días cuando a él y a otros soldados los preguntaron si irían a luchar a Donbass como voluntarios. Él y sus amigos se negaron, se lo contó a su madre por teléfono. “¿Quién quiere morir?”, dijo ella. “Así es como pensaban ellos. Nadie atacó a Rusia, de haber sido así, Anton sería el primero en la fila”. A mitades de junio las cosas habían cambiado.

Su unidad 27777 fue enviada a un campamento militar temporal en la región de Rostov, cerca de la frontera ucraniana, oficialmente “para practicas”.

Le contó a su novia Nastya Chernova que iba a realizar un breve viaje a Ucrania para acompañar los envíos de armas y los vehículos militares a los rebeldes prorrusos. Ocurrió cuando las fuerzas prorrusas del este de Ucrania estaban a punto de ceder bajo el gobierno ucraniano, que casi había rodeado la capital separatista, Donetsk.

El mes siguiente, Rusia había realizado una gran intervención mandando tanques y tropas, cruzando las fronteras para hacer retroceder a las fuerzas ucranianas y reclamar el territorio de los separatistas. El 10 de agosto Tumanov llamó a su madre y le dijo “mañana nos mandan a Donetsk”, “vamos a ayudar a los separatistas”.

Al día siguiente le dijo “estamos entregando nuestros documentos y teléfonos. Nos han dado dos granadas y 150 cartuchos a cada uno”. Unas horas después le llegó su último mensaje, a través de VKontakte, una red social rusa parecida a Facebook, “Ya entregué mi teléfono y estoy en Ucrania”.

Nastya Chernova, una estudiante de 17 años, dice que su novio se fue en contra de su voluntad. “La última vez que hablamos, me dijo que junto a unos amigos estaban pensando en huir, pero el camino a casa era muy largo y no tenían comida”, dice. “Era imposible”.

La señora Tumanova sabe lo que pasó después gracias a uno de los compañeros de su hijo, él sirvió en la misma unidad y fue con él. El soldado le entregó una descripción escrita a mano.

El 11 de agosto nos dieron la orden de retirar las placas de identificación de nuestros vehículos militares, cambiarnos a trajes de camuflaje y atarnos trapos blancos a los brazos y piernas”, escribió el soldado. “En la frontera recibimos suministros de munición. El día 11 y 12 cruzamos la frontera ucraniana. El 13, a la hora del almuerzo, nuestra columna fue golpeada por un misil, allí murió Anton Tumanov. En ese momento, estábamos en Ucrania, en Snezhnoye (una ciudad cerca de Donetsk)”.

Cientos de muertos

Sergei Krivenko, el líder de Ciudadano y Ejército, un grupo civil en Moscú que ayuda a los soldados y sus familias a proteger sus derechos, dice que los activistas están seguros de por lo menos 40 muertes de soldados rusos en verano y otoño, pero sospechan que el número total puede rondar los cientos.

En un reciente encuentro de Krivenko y otros activistas con un oficial superior, éste admitió que han habido muertes entre los soldados pero fue vago en cuanto a dónde y cuándo pasó.

Nos dijo que un proyectil voló desde la frontera de Ucrania y golpeó a un tanque, o que algo estalló por casualidad cuando los soldados estaban sentados alrededor de una hoguera en el campo de tiro”, dice Krivenko, que también es un miembro de la comisión presidencial de Putin de los derechos humanos.

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 La tumba de Anton Tumanov en Kozmodemyansk

Oficialmente Rusia no está en guerra, así que deben haber investigaciones criminales sobre cada muerte, pero las autoridades rechazan nuestras peticiones de que las abran”, añade.

Algunos soldados les han contado a Ciudadano y Ejército cómo los enviaban a Ucrania para trasladar las armas y después rompían sus contratos cuando éstos se negaban a volver ahí, o cuando las unidades eran reducidas en personal.

Los compañeros de Tumanov corroboraron el informe que le fue entregado a su madre, contándole a Krivenko que el joven murió cuando una lluvia de misiles del Grad ucraniano golpeó sus camiones de munición en una fábrica de Snezhnoye (conocido como Snizhne en ucraniano). Ellos estiman que solo en aquel ataque murieron unas 120 personas.

La investigación de esas muertes puede ser un riesgo. Lyudmila Bogatenkova, de 73 años, representante del Comité de las Madres de los Soldados de Stavropol, fue acusada de fraude después de haber estado investigando las muertes en Snizhne.

La sucursal del mismo grupo en San Petersburgo fue añadida a la lista de Agentes Externos, una lista negra de ONGs con financiación del extranjero, después de que su director haya publicado informes sobre heridos que ingresaban en el hospital de la ciudad.

Algunas familias parece que han aceptado el destino de sus familiares. En una entrevista de la radio de Moscú, el padre de Nikolai Kozlov, un paracaidista de la unidad de Ulyanovsk que perdió su pierna, dijo que estaba orgulloso de su hijo. Dijo que su hijo “dio un juramento y cumplió las ordenes”. En un reportaje de la televisión el tratamiento de Kozlov se presentaba interrumpido con fotos de peleas callejeras y tanques con banderas ucranianas. Calificaron a Kozlov como “un hombre que recientemente ha estado en el infierno y que por fin regresó a casa, a Rusia”, pero no informaron dónde ha estado.

Lev Shlosberg, un diputado de Pskov, ciudad del noroeste de Rusia, dice que hay una atmósfera de

ocultación y miedo que envuelve esas pérdidas. Está haciendo una campaña para descubrir cómo doce paracaidistas, cuya base militar está en la ciudad, murieron este verano. Después de que haya escrito sobre esto por primera vez en su blog, unos desconocidos lo atacaron por la espalda cerca de su casa, tirándolo al suelo y pegándolo hasta dejarlo inconsciente. Los periodistas, que visitaron a los paracaidistas a sus tumbas, fueron amenazados con que “nadie los vuelva a ver con vida” y les rajaron los neumáticos de los coches.

Una gran parte de los soldados rusos ha muerto en Ucrania y sus familias están indignadas, pero no hablan de ello porque temen por sus vidas”, afirma Shlosberg, que se ha recuperado después del tratamiento en el hospital. Además, dice que ha hablado con los familiares de los soldados fallecidos y con aquellos que están con vida que lucharon en Ucrania en contra de su voluntad, pero ellos prefieren permanecer anónimos. “Hoy en día, la gente en Rusia vive aterrorizada por las autoridades”, añade.

Nuestros hijos se han quedado sin nombres

En Kozmodemyansk, Nastya Chernova regresa del instituto a casa atravesando la nieve. No puede olvidar a su novio. Publica poemas sobre él en su página de Vkontakte y recuerda el momento en el que se despertó bruscamente por un malestar, el día que él murió.

Anton no era un voluntario”, dice ella con énfasis. “Él no quería ir a Ucrania a luchar y matar gente. No tenía esa agresividad. Se fue al ejército para defender a su país”.

En su casa, Yelena Tumanova sigue esperando una explicación sobre la muerte de su hijo. Su gorra de plato está sobre la bandera rusa doblada encima de la televisión. En la pared hay un pequeño retrato de su hijo en el uniforme con una cinta negra en la esquina.

Tumanova, a través de un grupo de derechos del ciudadano, pidió a la fiscalía estatal que investigue los últimos días de vida de su hijo. No ha obtenido ninguna respuesta.

En el comisariado militar de la ciudad los empleados le han dicho a The Telegraph que no tienen ninguna información sobre Tumanov. El comandante del centro médico de Rostov, donde fue registrada la muerte, también se negó a hablar.

Para mí lo importante es que nuestro gobierno no esconda lo que está pasando”, dice la señora Tumanova. “En la televisión nos dicen que nuestros corresponsales (rusos) que murieron en Ucrania son héroes. Conocemos sus nombres, fueron premiados con el Orden a la Valentía. Pero no se trata de las medallas. Se trata de que nuestros hijos han perdido sus nombres y se han quedado anónimos. Como si fuesen unos vagabundos”.

Si mandan a nuestros soldados ahí, que lo admitan. Eso es lo más amargo para una madre como yo. Anton ya no volverá, pero es simplemente inhumano”.

Artículo original

Autor: Anna Khrunyk

Traductora y revisora

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