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Una nueva política para rescatar a Ucrania

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george soros

Las sanciones impuestas a Rusia, por EEUU y Europa, han hecho efecto mucho antes de lo previsto y han dañado la economía rusa mucho más de lo que cualquiera pudiera esperar.

Las sanciones tenían como objetivo restringir el acceso de los bancos y compañías rusas a los mercados internacionales de capital. Pero su efecto se ha reforzado en gran medida debido a la fuerte bajada del precio del petróleo, sin la cual las sanciones serían mucho menos efectivas. Para equilibrar su propio presupuesto, Rusia necesita un precio del petróleo de 100$ por barril, más o menos. (Por el momento el precio se mantiene en los 55$ por barril).

Los precios bajos del petróleo junto con las sanciones han desatado en Rusia una crisis financiera, que, debido a ciertos factores, se compara con la crisis de 1998.

Entonces, en 1998, Rusia finalmente agotó sus reservas internacionales y se declaró incapaz de cumplir con sus obligaciones deudoras, poniendo patas arriba el sistema financiero mundial.

En esta ocasión el rublo ha bajado más del 50%, la inflación aumenta y las tasas de interés suben hasta el nivel de llevar la economía rusa a un estado de recesión. Una ventaja que sí tiene Rusia ahora a diferencia de 1998, es que aún posee reservas importantes de divisa extranjera.

Esto ha brindado al Banco Central ruso la posibilidad de recuperar un 30% del valor del rublo desde su nivel más bajo, gastando en ello alrededor de 100 mil millones de dólares y estableciendo un acuerdo “swap line” con el Banco Nacional chino de un coste de 24 mil millones de dólares. Pero de momento en el Banco Central ruso quedan reservas de alrededor de 200 mil millones o puede que menos, y la crisis no ha hecho más que tomar forma.

Por añadido a este aumento de la fuga de capital, en el año 2015 Rusia deberá pagar más de 120 mil millones para cubrir deudas externas. Y aunque, a diferencia de 1998, la mayoría de deudas rusas están concentradas en el sector privado, no sería de extrañar que la crisis actual acabe llevando el estado a la bancarrota. Pero esto, podría sobrepasar aquello que se esperaban los políticos americanos y europeos.

Si esa situación de bancarrota se incluyera a los procesos mundiales de deflación, procesos que son más notorios en la zona euro, así mismo a los conflictos militares, como por ejemplo el conflicto referente a la sociedad islámica de Iraq y Levante, se podría causar un serio desajuste del sistema financiero mundial, siendo la zona euro una de las más afectadas.

De aquí surge la imperiosa necesidad de reorientar la política de la Unión Europea en relación con Rusia y Ucrania. Antes yo llamaba al acercamiento por ambas partes, que hace que se equilibren las sanciones hacia Rusia mediante una ayuda mucho mayor a Ucrania. Debido a los motivos que trataré de exponer a continuación, este cambio de equilibrio deberá realizarse en el primer trimestre de 2015.

Las sanciones son un mal necesario. Son necesarias, puesto que ni la UE, ni EEUU desean el riesgo de una guerra con Rusia. Por ello, las sanciones económicas son el único modo de oposición a la agresión rusa. Son un mal, no solo porque dañan al país al que son impuestas, sino también a los países que las imponen. Este daño es mucho mayor de lo que nadie hubiera podido imaginar. Rusia envuelta en una crisis financiera que fomenta que la amenaza de la deflación en la zona euro se convierta en  una realidad.

Por otro lado, las consecuencias de ayudar a Ucrania, serán únicamente positivas. Ayudando a Ucrania a protegerse, Europa se protege indirectamente.

Aún más: proporcionando ayuda financiera a Ucrania facilitará la estabilización de la economía ucraniana, e indirectamente proporcionará a la economía europea ese estímulo tan necesario- alentando a la exportación e inversión en Ucrania. También podríamos esperar que los problemas de Rusia y el progreso de Ucrania hagan declarar como inútiles al presidente Vladimir Putin sus intentos de desestabilizar Ucrania.

Por desgracia, ni la población europea ni los líderes europeos parecen darle vueltas a semejantes ideas. Europa parece peligrosamente inconsciente del hecho que que indirectamente se está dejando manipular por la agresión militar rusa mientras trata de llevar sus asuntos de forma cotidiana. Se comporta con Ucrania como con un país más que necesita ayuda financiera, teniendo en cuenta que, a diferencia de Grecia o Irlanda, Ucrania ni siquiera es un país importante para la estabilidad del euro.

Predomina la idea de que Ucrania está sumida en la más o menos clásica crisis de balance de pagos, que se ha transformado en la crisis de la banca y de deudas.

Hay instituciones financieras internacionales requeridas para solucionar estas crisis, pero están mal adaptadas en cuanto a las medidas a tomar en los aspectos políticos de la situación ucraniana. Para ayudar a Ucrania, la Unión Europea comenzó en 2007 la preparación de un acuerdo de asociación con Ucrania, finalizando esta preparación en 2012, cuando la Unión Europea tuvo que lidiar con la situación del gobierno de Victor Yanukovich.

La UE elaboró un plan detallado de los pasos a realizar por parte del gobierno ucraniano para obtener la ayuda. Desde entonces en Ucrania se produjeron cambios revolucionarios, que exigen el cambio del plan elaborado previamente; pero los complicados procesos burocráticos de la UE son un impedimento para el cambio del plan.

Debido a esto, los problemas de Ucrania se formulan de la siguiente manera:

Ucrania necesita ayuda internacional, porque ha sufrido fuertes sacudidas, que han producido una crisis financiera. Pero los problemas que ha tenido son pasajeros: en cuanto Ucrania se recomponga, podrá devolver la deuda a sus deudores. Esto explica por qué la principal institución que proporciona ayuda financiera a Ucrania fue el Fondo Monetario Internacional.

Puesto que Ucrania de momento no es miembro de la UE, las instituciones europeas (tales como la Comisión europea y el Banco Central Europeo) le proporcionarán ayuda en un segundo plano.

El FMI aprovechó alegremente la ocasión de evitar complicaciones relacionadas con la triple vigilancia por parte de la UE, el BCE y el propio FMI, como ocurrió con Grecia y otros países.

Este reparto de roles también explica por qué la ayuda ofrecida por el FMI se basa en pronósticos excesivamente optimistas y por qué la inversión del FMI, de 17 mi millones de dólares aprox. supera con creces la ayuda ofrecida a Ucrania por parte de distintas instituciones europeas (alrededor de diez mil millones), y una ayuda aún más modesta por parte de EEUU.

Puesto que Ucrania cumplía mal con sus obligaciones en cuanto a programas previos del FMI, los prestamistas oficiales recalcan que Ucrania recibirá ayuda únicamente como respuesta a unas claras muestras de profundas reformas estructurales, y no solamente la idea de realizar ese tipo de reformas.

Desde esta cómoda perspectiva, la exitosa oposición al anterior gobierno de Yanukovich en el Maidán, y posteriormente la anexión rusa de Crimea y el establecimiento de enclaves separatistas en el este de Ucrania, parecen hechos insignificantes. Son analizados como problemas temporales y superficiales.

Es estrictamente necesario cambiar esta forma de ver las cosas. El surgimiento de una Ucrania nueva y la agresión de Rusia no son hechos pasajeros, son hechos históricos. En vez de lidiar con los restos de un condenado régimen soviético, la UE se ha dado de bruces con Rusia, que avanza hacia la confrontación, pasando de ser un compañero estratégico a ser un rival estratégico.

Como sustitución del comunismo, el presidente Putin ha iniciado una ideología nacionalista, que tiene una base étnica, de conservadurismo social, la idea de la “hermandad del pueblo slaveno”, la homofobia y la “santa Rus”. Putin ha declarado a los “mandos anglosajones en el mundo” como enemigos suyos y del resto del mundo. Así mismo Putin aprendió mucho de su guerra contra el presidente hungrío Mixeila Saakashvili en 2008.

Aquella guerra la ganó Rusia en cuanto al plano militar, pero fue menos fructífera en sus esfuerzos propagandísticos. Con el tiempo Putin ha desarrollado una estrategia completamente nueva, que se apoya fuertemente en el uso de la propaganda y fuerzas especiales militares.

Los deseos de Putin de restablecer el imperio ruso sin pretenderlo ha propiciado la formación de una Ucrania nueva, que hace frente a Rusia y que quiere ser lo contrario de lo que fue, dejando atrás la corrupción implantada y el gobierno ineficiente.

Entre los líderes de la Ucrania nueva se encuentran los mejores representantes de la sociedad: gente joven, que ha estudiado fuera y que en su regreso a trabajar en el gobierno o los negocios, puesto que les producía desprecio y asco. Muchos de ellos encontraron su lugar en escuelas superiores o de investigación, así como organizaciones no gubernamentales. Una amplia movilización de voluntarios, con una fuerza y un volumen sin precedentes, que no ha sido visto en otros países, ayudó a Ucrania a soportar la invasión rusa.

Los miembros de este movimiento ponían en peligro sus vidas en el Maidán por un futuro mejor y ahora tienen una gran seguridad y no piensan repetir los errores del pasado, incluyendo los conflictos políticos que arruinaron lo conseguido en la Revolución Naranja. La sociedad políticamente activa es la mejor prevención contra el retorno de la Ucrania antigua: si los políticos vuelven a poner cortinas de humo o fomentan la corrupción, lo cual destrozó a la Ucrania antigua, los activistas volverán a Maidán.

Los reformadores en el nuevo gobierno ucraniano están construyendo un programa de reformas rápidas y radicales, que tienen que cambiar la sociedad desde su base.

Este programa prevé, el vencimiento de la corrupción mediante la reducción de la burocracia, aumentando el sueldo simultáneamente a aquellos que permanezcan en el Servicio Público; así mismo, deshacer el monopolio del gas, el cual era la principal fuente de corrupción y de déficit del presupuesto en Ucrania.

Pero la antigua Ucrania está lejos de haber desaparecido. Permanece en el Servicio Público y en el sistema judicial,  también el sectores económicos privados (oligárquicos y cleptocráticos).

¿Por qué los funcionarios deben trabajar a cambio de un sueldo mísero, si pueden utilizar sus puestos para conseguir sobornos? Y ¿cómo un negocio privado, que se alimentaba de la corrupción, puede funcionar sin esa base de alimentación? Estos elementos retrógrados ahora protagonizan una lucha con los reformadores.

El nuevo gobierno se ha encontrado con un problema: ¿cómo disminuir radicalmente la cantidad de funcionarios, elevando simultáneamente su sueldo?

Simpatizantes de las reformas radicales afirman que se puede y se debe reducir los ministerios con la condición de que los grandes grupos de población no noten una reducción en su calidad de vida. Esto daría la posibilidad de desarrollarse en el sector privado a los funcionarios que abandonan el cargo público, y a los que se quedan, recibir una mayor recompensa por su trabajo.

Se pueden evitar muchos inconvenientes, pero para ello se necesita ayuda técnica y financiera por parte de la UE. Sin ese apoyo, las reformas rápidas y radicales que tanto necesita Ucrania no podrán llevarse a cabo con éxito. Es más, teniendo en cuenta el riesgo de fallar, el gobierno podría no seguir adelante con estas reformas.

El volumen del apoyo europeo y la persistencia por reformar Ucrania se apoyan mutuamente. Hasta ahora los europeos tiraban de la “correa” de Ucrania, y el gobierno de Arseniy Yatseniuk no tenía el valor de realizar reformas estructurales de gran envergadura.

El anterior ministro de economía, Pablo Sheremeta, un reformador radical, propuso hacer una reducción en su ministerio, de 1200, a 300 personas, pero se encontró con tal oposición democrática que tuvo que dimitir. No han habido más intentos de reforma de la administración pública, a pesar de lo mucho que la sociedad lo reclama.

Precisamente aquí los políticos europeos pueden adoptar un rol decisivo. Ofreciendo la ayuda técnica y económica de acuerdo con los objetivos de las reformas, podrían impulsar al gobierno ucraniano a cambios radicales y darles una oportunidad de obtener el éxito. Por desgracia, a los políticos europeos les frenan los límites presupuestarios a nivel de la UE y sus países- miembro. Es por ello que los esfuerzos internacionales se han concentrado en forma de sanciones contra Rusia, y la ayuda financiera a Ucrania se ha llevado al mínimo.

Para atraer la atención a la ayuda necesaria para Ucrania, los acuerdos se deberían pasar del plano burocrático al político. La burocracia financiera europea le es difícil reunir incluso 15 mil millones de dólares, suma que el FMI considera el mínimo absoluto. De momento la UE  puede proporcionar únicamente 2 mil millones de euros en los marcos de su programa de ayuda financiera, y los países miembro dudan en cuanto a ofrecer ayuda directamente de su parte.

Debido a esto Ucrania se ha visto en obligación de aceptar el 30 de Diciembre un presupuesto temporal, con una esperanza de beneficios poco realista y ciertas reformas moderadas. Ésta es la posición inicial de cara a acuerdos futuros. La ley de presupuesto prevé la implantación de cambios antes del 15 de Febrero, pero esos cambios deben ser desarrollados y apoyados.

Los líderes políticos europeos deberían hacer uso de créditos potentes y poco utilizados de la propia UE, así mismo buscar fuentes poco tradicionales, para proponer a Ucrania un mayor paquete financiero, y no como el que se considera en la actualidad. Esto daría al gobierno ucraniano la posibilidad de realizar reformas radicales. Remarco algunas posibles fuentes para esto:

  1. El programa europeo de mantenimiento del balance de pagos ( habilitado para Rumanía) tiene sin utilizar 45 mil millones de dólares, y el mencanismo europeo de estabilidad financiera (habilitada para Portugal e Irlanda) dispone de 15,8 mil millones de dólares de fondos que no están siendo utilizados.

Ambos mecanismos actualmente son disponibles únicamente a miembros de la UE, pero esta ley se puede cambiar con la decisión de una mayoría cualificada mediante una propuesta de la Comisión Europea.

  1. El aumento de la ayuda financiera por parte de la UE daría al FMI la posibilidad de aumentar su préstamo a Ucrania en 13 mil millones y cambiar el acuerdo stand by actual a un programa de crédito a largo plazo.

  2. El banco de inversiones europeo podría invertir 10 mil millones o más. Este dinero se podría utilizar para incorporar a Ucrania a un único mercado europeo de gas natural, así como para reformar el monopolio ucraniano del gas desde la base. Estos cambios aumentarían significativamente la efectividad energética de Ucrania y supondrían una gran compensación.

Esto contribuiría a la creación de un mercado único europeo de gas natural y reduciría la dependencia del gas ruso no solo a Ucrania, sino a toda Europa.

(…)

Europa necesita despertar, y reconocer, que está siendo atacada por Rusia. La ayuda a Ucrania también debe considerarse como un gasto necesario para la protección de los propios países que conforman la UE.

En este contexto, las cifras antes mencionadas no tienen valor.

Si los actores internacionales no proponen un programa de ayuda de peso en respuesta al agresivo programa ucraniano de reformas, la Ucrania nueva no progresará, y Europa se quedará frente a frente con la agresión rusa, y con ello dejará atrás los valores y principios sobre los que fue fundada la Unión Europea.

Esto, sería una pérdida incorregible.

En Abril de 2015 habrá que renovar las sanciones, hasta el día en el que el presidente Putin deje de desestabilizar a Ucrania y proporcione pruebas que muestren su disposición a comportarse según las leyes de comportamiento establecidas.

La crisis financiera de Rusia y los ataúdes, que llegan de Ucrania, han convertido a Putin en un presidente vulnerable. Hace poco, el gobierno ucraniano le desafió, negándose a cumplir sus obligaciones con los enclaves separatistas en el este de Ucrania, aquellas que se refieren al acuerdo de “alto el fuego”, puesto que Rusia no ha cumplido su parte del acuerdo desde el principio.

Después de este desafío Putin se echó atrás, ordenando a los militares a cumplir la orden de alto el fuego. Cabe esperar, que en un tiempo no lejano, estos ejércitos sean retirados de territorio ucraniano, y el alto el fuego se cumpla a rajatabla. Sería una pena acceder a detener las sanciones cuando están tan cerca de conseguir su propósito.

Si Europa reacciona y ayuda a Ucrania no solo a protegerse, sino convertirse en un país fuerte, Putin ya no podrá echar la culpa de los problemas de Rusia a los líderes europeos. Las responsabilidades caerán sobre él, y tendrá que cambiar el curso de su gobierno, o intentar mantenerse en el poder mediante represión y insuflando miedo en la población de su país.

Ayudando a Ucrania, Europa puede renovar aquellos valores y principios sobre los cuales se formó la Unión Europea.

Es por eso que me mantengo firme en la idea de que Europa necesita meditar sobre la situación actual. Y hacerlo cuanto antes.

El consejo de directores del FMI debe tomar su decisión con respecto a Ucrania el 18 de Enero.

George Soros.

Fuente original.

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