Duscurso de V Putin del 24 de febrero de 2022 al lanzar la invasión a Ucrania

El 24 de febrero de 2022, el presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, dio el discurso que presentamos a continuación, seguido de un masivo bombardeo a todo el país libre, soberano e independiente de Ucrania, sin que éste haya realizado ninguna provocación.

Como parte de la invasión del ejército ruso a Ucrania, además de bombardeos a objetivos militares, los rusos también lanzaron todo tipo de bombas y misiles, incluídas bombas hiperbáricas, de fósforo y demás armamento de destrucción masiva, en contra de instalaciones civiles como hospitales, clínicas de maternidad, asilos de ancianos, teatros, civiles haciendo fila para comprar comida o recibir ayuda humanitaria, etc. Soldados rusos, en tanques, vehículos blindados y otros medios, dispararon cobardemente en contra de civiles que, en señal de encontrarse desarmados, alzaban los brazos; asesinaron familias completas, incluídas mujeres y niños, y cientos de crímenes de guerra.

Esta guerra (realmente invasión) inició realmente en 2014 con la toma ilegal, o «anexión» de Crimea, una provincia ucraniana, más la invasión de dos provincias en el este del país, Donetsk y Luhansk, que en conjunto se conoce como «la región del Donbás», lo que conllevó 16,000 muertos, entre civiles (incluídos niños) y defensores de la integridad territorial de Ucrania.

Varios gobiernos rusos, llamárase «Imperio ruso», o «URSS» o «Federación de Rusia» históricamente han esclavizado al pueblo ucraniano, o lo han intentado eliminar por completo, como sucedió en el «Holodomor» o «Genocidio por hambre» cuando fallecieron alrededor de 11 millones de ucranianos de hambre, causada intencionalmente por el régimen de Iosif Stalin; la deportación de los tártaros de Crimea, el asesinato de los kobzares, las ejecuciones de artistas, escritores y pensadores ucranianos sólo porque si, y muchos actos más a lo largo de la historia.

Notamos que el discurso, transcrito en español a continuación, no sólo anuncia la ejecución de una invasión a Ucrania, sino que también culpa a occidente, en especial a los países de la OTAN, de guerras en varios países y el rompimiento del equilibrio mundial, o amenaza a cualquier país que intente intervenir.

Invitamos al lector a leer lentamente el discurso del presidente ruso, a quien los medios han apodado «Putler», como una mezcla entre «Putin» y «Hitler», pues su gobierno, en todo sentido, se asemeja al régimen nazi que creó Adolfo Hitler y que desplegó la segunda guerra mundial. Y no como acusa en el discurso al presidente y pueblo ucranianos.

Y colocamos insertos con extractos de noticias recientes, que se pueden abrir completas al pinchar la imagen, que nos ilustrarán la gran diferencia entre las palabras de Putin de «atacar únicamente objetivos militares» con la realidad, el asesinato de miles de civiles.


¡Estimados ciudadanos de Rusia! ¡Queridos amigos! Hoy, una vez más,
considero necesario volver a los trágicos acontecimientos que ocurren en
Donbás y a los puntos clave de la propia seguridad de Rusia.

Comienzo con lo que dije en mi discurso del 21 de febrero de este año,
sobre lo que particularmente nos alerta y preocupa. Las amenazas
fundamentales que paso a paso, año tras año, están siendo creadas de
forma agresiva y sin contemplaciones por los políticos irresponsables de
Occidente contra nuestro país. Me refiero a la expansión del bloque de la
OTAN hacia el Este, a la proximidad de su infraestructura militar a las
fronteras de Rusia.

Todos saben que durante 30 años hemos intentado de forma persistente y
paciente llegar a un acuerdo con los países miembros de la OTAN sobre
los principios de una seguridad igualitaria e indivisible en Europa. En
respuesta a nuestras propuestas, nos hemos encontrado constantemente
con engaños y mentiras cínicas o con intentos de presión y chantaje,
mientras que la Alianza, a pesar de todas nuestras protestas y
preocupaciones, no deja de expandir sus posiciones. Esta máquina de
guerra avanza y, repito, se está acercando cada vez más a nuestras
fronteras.

¿Por qué ocurre todo esto? ¿Por qué esta actitud arrogante de hablar
desde una posición de exclusividad propia, infalibilidad y permisividad?
¿De dónde viene esta actitud indiferente y despectiva hacia nuestros
intereses y demandas absolutamente legítimas?

La respuesta es clara, comprensible y obvia. La Unión Soviética se
debilitó a finales de la década de 1980 y luego se derrumbó. Todo el curso
de los acontecimientos de entonces es una buena lección para nosotros y
ahora se ha demostrado convincentemente que la parálisis del poder y la
voluntad es el primer paso hacia la degradación y el olvido por completo.
Una vez que habíamos perdido la confianza por un tiempo, el equilibrio
de poder en el mundo se rompió.

Esto ha provocado que los tratados y acuerdos ya no sean válidos en la
práctica. La persuasión y las propuestas no ayudan. Todo lo que no
conviene a la hegemonía, al poder, se declara arcaico, obsoleto e
innecesario. Y viceversa, todo lo que les parece conveniente se presenta
como la verdad definitiva que impulsan a toda costa, groseramente por
todos los medios. A quienes no están de acuerdo, los destruyen.

De lo que estoy hablando ahora se refiere no solo a Rusia, y no solo a
nosotros nos preocupa. Esto se refiere a todo el sistema de relaciones
internacionales y, a veces, incluso a los propios aliados de Estados
Unidos. Después del colapso de la URSS, de hecho, comenzó la
redistribución del mundo y las normas del derecho internacional que se
habían establecido en ese momento —y las normas principales, básicas
que fueron adoptadas después de la Segunda Guerra Mundial y
consolidaron en gran medida sus resultados— comenzaron a
obstaculizar a los que se autoproclamaron vencedores de la guerra fría.

Por supuesto, en la parte práctica de la vida, en las relaciones
internacionales y en las reglas que la rigen, era necesario tener en cuenta
los cambios de la situación mundial y del equilibrio de poder. Sin
embargo, esto se debía hacer con profesionalismo, despacio, con
paciencia, teniendo en cuenta y respetando los intereses de todos los
países así como entendiendo su propia responsabilidad.

Pero esto no fue así. En un estado de euforia de superioridad absoluta, de
una especie de absolutismo moderno e incluso en el contexto del bajo
nivel de cultura general y la arrogancia de aquellos que prepararon,
tomaron y cabildearon decisiones beneficiosas solo para ellos mismos, la
situación comenzó a desarrollarse en un escenario diferente.

No hace falta buscar mucho para encontrar los ejemplos. Al principio, sin ninguna autorización del Consejo de Seguridad de la ONU llevaron a cabo una sangrienta operación militar contra Belgrado, utilizaron aviones y
misiles en el corazón de Europa. Varias semanas de bombardeos
continuos contra ciudades e infraestructuras vitales.

Tenemos que recordar estos hechos, porque a algunos homólogos
occidentales no les gusta recordar esos acontecimientos, y cuando
hablamos de ellos prefieren mencionar no las normas del derecho
internacional, sino las circunstancias que ellos interpretan cómo les
parece.

Luego llegó el turno de Irak, Libia, Siria. El uso ilegítimo de la fuerza
militar contra Libia, la perversión de todas las decisiones del Consejo de
Seguridad de la ONU sobre la cuestión de Libia llevó a la destrucción total
del Estado, tanto fue así que surgió un gran foco de terrorismo internacional, se sumió al país en una catástrofe humanitaria, al abismo de una guerra civil que no ha cesado desde hace varios años. La tragedia, que ha condenado a cientos de miles, millones de personas, no solo en
Libia, sino en toda esta región, ha generado un éxodo migratorio masivo
desde el Norte de África y Oriente Medio a Europa.

A Siria le esperaba un destino similar. La acción militar de la coalición
occidental en el territorio de ese país sin el consentimiento del Gobierno
sirio y la sanción del Consejo de Seguridad de la ONU es nada menos que una agresión, una intervención.

Sin embargo, la invasión de Irak, también sin ningún fundamento legal,
ocupa un lugar especial. El pretexto era que Estados Unidos supuestamente tenía información fiable sobre la presencia de armas de
destrucción masiva en el país. Para demostrarlo públicamente, delante
de todo el mundo, el secretario de Estado estadounidense agitó un frasco
con polvo blanco, asegurando a todo el mundo que se trataba del arma
química que se iba a desarrollar en Irak. Y luego resultó ser una invención, un farol: no había armas químicas en Irak. Increíble,
sorprendente, pero el hecho permanece. Hubo mentiras al más alto nivel estatal y desde la alta tribuna de la ONU. Y el resultado fue un enorme número de víctimas, destrucción y un increíble aumento del terrorismo.

En general, parece que prácticamente en todas partes, en muchas regiones del mundo, donde Occidente llega para establecer su orden, quedan como resultado heridas sangrientas que no cicatrizan, llagas de terrorismo internacional y extremismo. Todo lo que he dicho son los más atroces, pero los únicos ejemplos de desprecio del derecho internacional.

Las promesas a nuestro país de no ampliar la OTAN ni un centímetro
hacia el Este también están entre ellas.

Permítanme repetirlo: nos engañaron, por decirlo en la lengua común, simplemente se burlaron. Sí, a menudo se oye decir que la política es un negocio sucio. Tal vez, pero
no tan sucio, no hasta ese punto.

Al fin y al cabo, este comportamiento tramposo no solo es contrario a los
principios de las relaciones internacionales, sino sobre todo a las normas de moralidad y ética generalmente aceptadas. ¿Dónde está la justicia y la verdad aquí? Nada más que mentiras e hipocresía.

Por cierto, los propios políticos, politólogos y periodistas estadounidenses escriben y dicen que en los últimos años se ha creado un verdadero «imperio de la mentira» dentro de Estados Unidos. Es difícil no estar de acuerdo con esto: es así. Pero no hay que ser modesto: Estados Unidos sigue siendo un gran país, una potencia de importancia sistémica. Sus satélites no solo asienten dócil y obedientemente, cantando en cada
ocasión, sino que copian su comportamiento y aceptan con entusiasmo las reglas que propone. Con razón, se puede decir con certeza que todo el llamado bloque occidental, formado por EEUU a su imagen y semejanza, es el mismo «imperio de la mentira».

En cuanto a nuestro país, después de la disolución de la URSS, con una
apertura sin precedentes de la nueva Rusia moderna y su disposición a
trabajar honestamente con EEUU y otros socios occidentales en condiciones de desarme unilateral, inmediatamente trataron de aplastarnos, acabar con nosotros y destruirnos totalmente.

Esto es lo que ocurrió en los años 90 y principios de los 2000, cuando el
llamado colectivo Occidente apoyó activamente el separatismo y a los
grupos de mercenarios en el sur de Rusia.

Cuántos sacrificios y pérdidas
nos costaron en ese entonces y por cuántas pruebas tuvimos que pasar
antes de acabar con el terrorismo internacional en el Cáucaso. Lo
recordamos y nunca lo olvidaremos.

De hecho, incluso hasta hace poco, no han cesado los intentos de utilizarnos para sus propios intereses, para destruir nuestros valores tradicionales e imponernos sus pseudovalores, que corroerían a nuestro pueblo desde dentro. Esas actitudes que ya están imponiendo agresivamente en sus países y que conducen directamente a la
degradación y a la degeneración, ya que va en contra de la propia naturaleza humana. No sucederá, nunca ha funcionado para nadie y tampoco lo conseguirán ahora.

A pesar de todo, en diciembre de 2021 hemos vuelto a intentar llegar a un
acuerdo con EEUU y sus aliados sobre los principios de seguridad en Europa y sobre la no expansión de la OTAN. Todo en vano. La posición de EEUU no cambia. Ellos no consideran necesario llegar a un acuerdo con Rusia en esta cuestión clave para nosotros, persiguen sus propios intereses y se desentienden de los nuestros.

Y, por supuesto, de esta situación surge la pregunta: ¿qué hacer ahora,
qué esperar? Sabemos bien por la historia, que en 1940 y principios de 1941, la Unión Soviética hizo todo lo posible para evitar o al menos retrasar el estallido de la guerra. Para ello, entre otras cosas, se intentó
literalmente hasta el último minuto no provocar a un potencial agresor, no se realizó o pospuso las medidas más necesarias y obvias para prepararse a repeler un ataque inevitable. Y las medidas que finalmente se tomaron fueron desastrosamente tardías.

Como resultado, el país no estaba preparado para afrontar plenamente la invasión de la Alemania nazi, que atacó nuestra patria sin una declaración de guerra el 22 de junio de 1941. El enemigo fue detenido y luego aplastado, pero a un costo colosal. El intento de complacer al agresor en vísperas de la Gran Guerra Patria fue un error que le costó caro a nuestro pueblo. En los primeros meses de combate perdimos
enormes territorios de importancia estratégica y millones de personas.

No cometeremos ese error por segunda vez, no podemos permitírnoslo. Los que pretenden dominar el mundo, públicamente, con impunidad y, recalco, sin ninguna base, nos declaran a nosotros, a Rusia, como su enemigo.

Hoy en día ellos realmente tienen grandes capacidades financieras,
científicas, tecnológicas y militares. Somos conscientes de ello y evaluamos de manera objetiva las amenazas que constantemente nos dirigen en el ámbito económico, así como evaluamos de manera objetiva nuestra capacidad para resistir este descarado y permanente chantaje.

Repito, los evaluamos sin ilusiones, de una manera totalmente realista.

En cuanto al sector militar, la Rusia contemporánea, incluso después de
la disolución de la URSS y la pérdida de una parte importante de su
potencial, hoy en día es una de las potencias nucleares más poderosas del mundo y, además, tiene ciertas ventajas en los armamentos más modernos. En este sentido, nadie debe tener dudas de que un ataque directo a nuestro país conducirá a la derrota y tendrá consecuencias nefastas para cualquier posible agresor.

Al mismo tiempo, las tecnologías, incluidas las de defensa, están
cambiando rápidamente. El liderazgo en esta área es pasajero y seguirá
cambiando de manos; sin embargo, la exploración en términos militares
de los territorios adyacentes a nuestras fronteras, si lo permitimos, se mantendrá durante décadas, y tal vez para siempre, y creará una amenaza creciente y absolutamente inaceptable para Rusia.

Incluso ahora, a medida que la OTAN se expande hacia el Este, para nuestro país la situación empeora cada año y se hace más peligrosa.

Además, en los últimos días, los líderes de la OTAN han estado hablando abiertamente sobre la necesidad de acelerar y forzar el avance de la infraestructura de la Alianza hasta las fronteras de Rusia. En otras palabras, están endureciendo su postura. Ya no podemos simplemente seguir observando lo que está sucediendo. Sería absolutamente irresponsable de nuestra parte.

Una mayor expansión de la infraestructura de la Alianza del Atlántico Norte, la exploración militar de los territorios de Ucrania que ya ha
comenzado es inaceptable para nosotros. El punto, por supuesto, no es la OTAN en sí misma, que es solo un instrumento de la política exterior de Estados Unidos. El problema es que en los territorios adyacentes a nosotros —quiero señalar, en nuestros propios territorios históricos— se está creando una anti-Rusia hostil a nosotros, que ha sido puesta bajo un control externo completo, se están acomodándose las fuerzas armadas de los países de la OTAN y están llenado estos territorios con las armas más modernas.

Para Estados Unidos y sus aliados se trata de la llamada política de
contención de Rusia, un evidente dividendo geopolítico.

Para nuestro país; sin embargo, es en última instancia una cuestión de
vida o muerte, una cuestión de nuestro futuro histórico como nación. Y no es una exageración: es así. Se trata de una amenaza real no solo para nuestros intereses, sino para la propia existencia de nuestro Estado, su soberanía. Esta es la línea roja de la que se ha hablado repetidamente. La
han cruzado.

En este contexto, sobre la situación en Donbás. Podemos ver que las fuerzas que dieron un golpe de Estado en Ucrania en 2014, tomaron el poder y lo retienen con la ayuda de procedimientos electorales esencialmente decorativos, se han negado definitivamente a resolver el conflicto de forma pacífica. Durante ocho años, ocho años infinitamente largos, hemos hecho todo lo posible para que la situación se resolviera por medios pacíficos y políticos. Todo en vano.

Como dije en mi discurso anterior, es imposible mirar lo que está ocurriendo allí sin sentir compasión. Simplemente ya no era posible tolerarlo. Esta pesadilla —el genocidio contra los millones de personas que viven allí, que solo esperan a Rusia, que solo nos esperan a nosotros — debía detenerse inmediatamente. Fueron estas aspiraciones, los sentimientos y el dolor de la gente los principales motivos que nos llevaron a tomar la decisión de reconocer las repúblicas populares de Donbás.

Lo que creo que es importante resaltar más. Los principales países de la OTAN, para lograr sus propios objetivos, apoyan a los nacionalistas extremos y a los neonazis en Ucrania, que a su vez nunca perdonarán a los habitantes de Crimea y Sebastopol su elección, libre, de reunirse con Rusia.

Por supuesto, irán a Crimea, igual que a Donbás, a hacer la guerra y a matar, igual que las bandas punitivas de los nacionalistas ucranianos, colaboradores de Hitler durante la Gran Guerra Patria, mataron a gente indefensa. Afirman abiertamente que reclaman otros territorios rusos.

Todo el curso de los acontecimientos y el análisis de la información que
llega muestra que el choque de Rusia con estas fuerzas es inevitable. Es
solo cuestión de tiempo: se están preparando, están esperando el
momento oportuno. Ahora también reclaman la posesión de armas
nucleares. No permitiremos que esto ocurra.

La gimnasta campeona olímpica, Karia Diachenko, de 11 años de edad, es asesinada en uno de los bombardeos en la ciudad de Mariupil

Como he dicho antes, Rusia ha aceptado las nuevas realidades geopolíticas tras el colapso de la URSS. Respetamos y seguiremos respetando a todos los países recién formados en el espacio postsoviético.

Respetamos y seguiremos respetando su soberanía, y un ejemplo de ello
es la ayuda que hemos prestado a Kazajistán, que se ha enfrentado a
unos acontecimientos trágicos y a un desafío a su condición de Estado y a
su integridad. Pero Rusia no puede sentirse segura, desarrollarse, ni
existir con una amenaza constante procedente del territorio de la actual
Ucrania.

Les recuerdo que entre 2000 y 2005 opusimos una resistencia militar
contra los terroristas en el Cáucaso, defendimos la integridad de nuestro
Estado y mantuvimos a Rusia. En 2014, apoyamos a la población de Crimea y Sebastopol. En 2015, utilizamos nuestras Fuerzas Armadas para poner una barrera fiable contra la llegada de los terroristas desde Siria hacia Rusia. No teníamos otra forma de defendernos.

Lo mismo está ocurriendo ahora. Simplemente no nos queda otra forma de defender a Rusia y a nuestro pueblo que la que nos vemos obligados a utilizar hoy. Las circunstancias nos obligan a actuar con decisión y de inmediato. Las repúblicas populares en Donbás han pedido ayuda a Rusia.

En este sentido, de conformidad con el artículo 51, párrafo 7, de la Carta
de las Naciones Unidas, con la autorización del Consejo de la Federación de Rusia y de acuerdo con los tratados de amistad y asistencia mutua con la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk ratificados por la Asamblea Federal el 22 de febrero de este año, he decidido llevar a cabo una operación militar especial.

Su objetivo es defender a las personas que han sido objeto de abusos y
genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años. Y, para ello,
procuraremos desmilitarizar y desnazificar Ucrania y llevar ante la
justicia a quienes han cometido numerosos crímenes sangrientos contra la población civil, incluidos ciudadanos de la Federación de Rusia.

Al mismo tiempo, nuestros planes no incluyen la ocupación de territorios
ucranianos. No pretendemos imponer nada a nadie con la fuerza. Nos enteramos de que últimamente han aumentado las declaraciones en Occidente de que los documentos firmados por el régimen totalitario soviético, que consagran los resultados de la Segunda Guerra Mundial, no deberían seguir aplicándose. Bueno ¿cuál es la respuesta a eso?

El resultado de la Segunda Guerra Mundial, así como las víctimas de
nuestro pueblo puestas en el altar de la victoria sobre el nazismo, son
sagrados. Pero esto no contradice los altos valores de los derechos y las
libertades humanas, teniendo en cuenta la realidad actual formada durante todas las décadas de posguerra. Tampoco anula el derecho de las naciones a la autodeterminación consagrado en el artículo 1 de la Carta de la ONU.

Permítanme recordarles que ni durante la creación de la URSS, ni después de la Segunda Guerra Mundial, a las personas que vivían en los territorios que forman parte de la Ucrania moderna, nadie preguntó cómo ellos mismos querían arreglar sus vidas.

Nuestra política se basa en la libertad, la libertad de elección para todos, determinar su propio futuro y el de sus hijos. Y creemos que es importante que este derecho —el derecho a elegir— pueda ser ejercido por todos los pueblos que viven en el territorio de Ucrania de hoy, por todos aquellos que lo deseen.

En este sentido, también hago un llamamiento a los ciudadanos de
Ucrania. En 2014, Rusia tenía la obligación de proteger a los residentes de Crimea y Sebastopol de los que ustedes mismos llaman «nazis». Los habitantes de Crimea y Sebastopol eligieron estar con su patria histórica, con Rusia, y apoyamos esa decisión. Repito una vez más, no podíamos hacerlo de otra manera.

Los acontecimientos de hoy no tienen nada que ver con el deseo de atentar contra los intereses de Ucrania y del pueblo ucraniano. Se trata de proteger a la propia Rusia de quienes han tomado a Ucrania como rehén y tratan de utilizarla contra nuestro país y su pueblo.

Repito, nuestras acciones son autodefensas contra las amenazas que se nos plantean y contra un desastre aún mayor que el que está sucediendo hoy.

Por muy difícil que sea, pido entender esto y llamo a colaborar para pasar esta trágica página lo antes posible y avanzar juntos, no permitir a nadie interferir en nuestros asuntos, en nuestras relaciones, y construirlas por cuenta propia, de manera que cree las condiciones necesarias para superar todos los problemas y, a pesar de la existencia de fronteras estatales, nos fortalezca desde dentro como un todo. Creo en eso, ese es nuestro futuro.

Debo dirigirme a los militares de las Fuerzas Armadas de Ucrania.

¡Estimados compañeros! Sus padres, abuelos, bisabuelos lucharon contra
los nazis, defendiendo nuestra Patria común no para que los neonazis de
hoy tomaran el poder en Ucrania. Ustedes juraron lealtad al pueblo
ucraniano, y no a la junta que tiene intereses contrarios al pueblo, que
roba a Ucrania y se burla de esta misma gente.

No acaten sus órdenes criminales. Les insto a que depongan sus armas de
inmediato y se vayan a casa. Que quede claro: todo el personal del Ejército ucraniano que cumpla con este requisito podrá abandonar la zona de guerra sin obstáculos y regresar con sus familias.

Insisto una vez más, toda la responsabilidad del posible derramamiento de sangre recaerá en el régimen ucraniano.

Ahora, algunas palabras muy importantes para aquellos que pueden sentirse tentados a intervenir en los eventos que están sucediendo.

Cualquiera que intente impedirnos, y aún más crear una amenaza para
nuestro país, para nuestro pueblo, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata y lo llevará a consecuencias que nunca ha enfrentado en su historia. Estamos listos para cualquier evento. Se han adoptado todas las decisiones necesarias a este respecto. Espero ser escuchado.

¡Queridos ciudadanos de Rusia!

El bienestar, la existencia misma de Estados y pueblos enteros, su éxito y
vitalidad tienen origen en un poderoso sistema de raíces de su cultura y sus valores, la experiencia y las tradiciones de sus antepasados y, por supuesto, dependen directamente de la capacidad de adaptarse rápidamente a una vida en constante cambio, de la cohesión de la sociedad, de su voluntad de consolidarse, de reunir todas sus fuerzas para seguir adelante.

La fuerza es siempre necesaria, siempre, pero la fuerza puede ser de
diferentes magnitudes. La política del «imperio de la mentira» a la que me refería al principio de mi discurso se basa sobre todo en la fuerza agresiva y directa. En estos casos, solemos decir: «Tienes poder, no necesitas inteligencia».

Pero ustedes y yo sabemos que la verdadera fuerza está en la justicia y la verdad, que están de nuestra parte. Y si esto es cierto, entonces es difícil no estar de acuerdo en que la fuerza y la voluntad de lucha son la base de la independencia y la soberanía, la base necesaria sobre la que se puede construir un futuro, un hogar, una familia, nuestra patria.

Estimados compatriotas

Estoy seguro de que los soldados y oficiales de las Fuerzas Armadas de
Rusia que son leales a su país cumplirán con su deber con
profesionalidad y valentía. No me cabe duda de que todos los niveles de
poder y los especialistas responsables de la estabilidad de nuestra economía, del sistema financiero y de la esfera social, así como los dirigentes de nuestras empresas y todo el empresariado ruso, trabajarán
de forma armoniosa y eficaz. Cuento con la postura consolidada y
patriótica de todos los partidos políticos en el Parlamento ruso y las
fuerzas públicas del país.

Finalmente, como siempre ha ocurrido en la historia, el destino de Rusia está en las capaces manos de nuestro pueblo plurinacional. Eso significa que las decisiones que hemos tomado se aplicarán, nuestros objetivos se alcanzarán y la seguridad de nuestra patria estará garantizada.

Creo en su apoyo y en la fuerza invencible que nos da nuestro amor a la patria.


Invitamos al lector a acceder a más entradas en los sitios de Ukrinform, Euromaidan Press, y el tag «Rusia invade Ucrania» en ConUcrania.

La página Stopfake (en español) desmiente con pruebas fehacientes éstas y las demás MENTIRAS que el presidente Putin, otras autoridades y medios rusos difunden.

Publicado por Ucrania Fantástica

Слава Україні! ¡Que viva Ucrania! Libre, independiente, soberana

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