El Ejército ruso Ha Bombardeado Járkiv

Rusia está cometiendo deliberadamente actos de terror contra la población civil en un intento de acabar con la resistencia y provocar el pánico. El uso de armas de gran potencia tiene un efecto destructivo y psicológico impresionante. Hoy mismo, el ejército ruso ha atacado cinco localidades de Járkiv, causando la muerte de personas y casi tres docenas de heridos.

Con el telón de fondo de la crisis en la región de Kursk, que podría convertirse en sistémica, y los intentos desesperados de conquistar territorio en Donbás, los devastadores ataques contra objetivos civiles y zonas residenciales ucranianas tienen como objetivo presionar a las autoridades ucranianas y desmoralizar a la sociedad y al ejército. Putin quiere demostrar la victoria a su población, aunque ello signifique la muerte de un niño en un parque infantil o la destrucción de un rascacielos.

Estos sucesos se han convertido en algo cotidiano y tienen lugar en un contexto de alarmas incesantes, destrucción de instalaciones energéticas y ataques mortales con drones contra ancianos, rescatadores o policías. Las convenciones internacionales sobre las reglas y costumbres de la guerra parecen haber perdido su significado para los dirigentes rusos. El bombardeo de Járkiv es una continuación del ciclo mortal que comenzó con Bucha y OKHMATDYT. La lista de víctimas entre los ciudadanos ucranianos, niños, mujeres y ancianos, que mueren a causa de los misiles y las bombas rusas, sigue creciendo.

Sin embargo, la comunidad internacional sigue dudando si autorizar a Ucrania a utilizar armas de largo alcance contra objetivos en el interior de Rusia. Mientras Occidente teme a Putin e intenta limitar la maquinaria bélica rusa con sanciones simbólicas, los ucranianos se ven obligados a huir de sus hogares y convertirse en refugiados. Más de 50.000 ciudadanos ucranianos han desaparecido durante la guerra, incluidos más de 1.700 niños en paradero desconocido.

Para los rusos, la verdadera guerra sigue siendo algo lejano y fantasmal. La guerra debe devolverse al agresor. Ucrania pide una vez más a la comunidad internacional que deje de apoyar las acciones criminales de Rusia. La noción de «fatiga de guerra» es inapropiada cuando un niño muere en un parque infantil y ciudadanos de a pie arden en sus casas.

Las acciones de Putin y su ejército recuerdan a las prácticas más brutales del Holocausto, con el exterminio de naciones y grupos sociales enteros. Europa observa en silencio esta barbarie, sin pensar siquiera que podría estar reservada a algún país occidental. Las tácticas de espera (esperar la muerte de Putin, la disminución de la riqueza de los oligarcas rusos, las elecciones en EEUU) son tácticas de espera de su propio fin.

Las restricciones artificiales a la adhesión de Ucrania a las estructuras euroatlánticas son un camino europeo a ninguna parte. Ucrania debería convertirse en miembro de la UE y de la OTAN, y Europa debería pensar por fin en su propia estrategia de defensa y en su apoyo técnico e innovador. Al fin y al cabo, el turno de Europa puede llegar justo después de Ucrania.

— Autor anónimo

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