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Ucrania también tiene refugiados

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Por Jaime Aznar Auzmendi.
 Junta de Gobierno de CDL Navarra
 Analista especializado en Unión Europea y Eurasia

Son muchas las noticias que vienen publicándose sobre la gran migración que, procedente de Oriente Próximo, trae a miles de personas a nuestras costas. Además, debemos añadir un conflicto inacabado en Siria y la vorágine terrorista que ha golpeado desde Costa de Marfil hasta Pakistán, pasando por la Unión Europea. La preocupación  lógica de este momento nos hace pensar que vivimos una situación sin precedentes, pero en realidad no es así.

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Desde que en febrero de 2015 se firmaran los acuerdos de Minsk II, hemos dado carpetazo a la crisis más grave sucedida en Europa tras la descomposición de Yugoslavia. Los detalles se han silenciado a fin de no incomodar a nuestros adversarios rusos, cuya cooperación es tan importante para estabilizar la región comprendida entre el Trigris y el Eufrates. No obstante, una motivación meramente política no resta dramatismo ni importancia a lo que hoy en día continúa sucediendo. La BBC hablaba de el año pasado de “una crisis humanitaria oculta”, y cifraba en cerca de un “millón y medio” el total de personas huidas a otras partes del país. Ya que esta marea humana no ha traspasado las fronteras de la Europa adinerada, nos ha resultado fácil mirar para otro lado. Estoy convencido que el acuerdo de septiembre de 2015, por el que la Unión Europea se comprometía a acoger refugiados mediante cuotas, es insuficiente, pero los desplazados en Ucrania no han sido objeto de la misma atención. Nadie organizó una cumbre internacional de donantes, como la de febrero de 2016, para reparar a estas otras víctimas, y no sólo hablamos de refugiados. También debemos pensar en aquellas familias rotas por el conflicto, dónde la perdida de un padre, hermano o hijo, significa la pobreza para los que quedaron atrás.

Pensemos un momento en las condiciones materiales que envuelven este drama. Ucrania ha sido protagonista de titulares económicos poco prometedores: rebaja de calificación de deuda, caída de la moneda nacional, solicitudes de préstamo a la UE y FMI, recesión, inflación, contracción, corrupción, y más recientemente, una quita del 20% sobre su deuda. Las dificultades por las que atraviesa un país próximo a la suspensión de pagos, impiden a éste hacer esfuerzos adicionales. En tales circunstancias se hace muy difícil cubrir las necesidades de los refugiados, condenados a sobrevivir por sus propios medios. Muchos de estos desdichados obtienen atención gracias a la labor desinteresada de  organizaciones locales, voluntariado fundamentalmente, y también a las aportaciones de ayuda exterior, pues el abandono del gobierno ucraniano es total. Se calcula que solo el 5% de estos refugiados están debidamente atendidos por instancias oficiales. La situación es desesperada. Hace pocas semanas tuvimos noticia de la movilización de un grupo de activistas, para conseguir una mejora en la calidad de vida de los refugiados provenientes de Crimea. Se calcula que 22.000 salieron de la península tras la ocupación rusa, pero la respuesta de las autoridades de Kyiv sigue siendo insuficiente, cuando no problemática.

Mientras la guerra continúe en sus hogares, el retorno se hace imposible. La Unión Europea y los Estados Unidos están enfrascados en la cuestión siria, al tiempo que crecen los rumores sobre una posible intervención en Libia. ¿Cómo volver a situar a Ucrania en el centro del debate internacional? ¿Cómo llegar a un entendimiento con Rusia en Oriente Próximo, que no suponga el deliberado olvido de Crimea, Lugansk y Donetsk? Una vez más, la opinión pública se convierte en la última esperanza de aquellos que sufren las consecuencias de una guerra injusta y arbitraria. Los entresijos de la política exterior se han desentendido de los daños colaterales, y precisamente por ello, alguien debe de recoger el testigo. Son varios los inviernos que esta gente ha pasado sin la protección de ningún gobierno. Solo el calor de la solidaridad y el esfuerzo admirable de una sociedad ya de por sí arruinada, está sacando adelante lo que otros hemos preferido ignorar.

Antes de acabar me gustaría llamar la atención sobre la absoluta desidia que hemos mostrado en Occidente, pues todo el apoyo demostrado hacia los refugiados sirios, ha faltado hacia Ucrania. Yo también me manifesté por los derechos de los ciudadanos sirios, pero jamás he tomado parte en ninguna convocatoria similar por los refugiados ucranianos, simplemente por que no las ha habido. Somos una sociedad que vive demasiado atada a las grandes corrientes de opinión, a los grandes medios y sus prioridades informativas, algo que entendiendo pero no comparto. Europa no debería permanecer impasible a este respecto, sin embargo, el acuerdo UE-Turquía y los últimos atentados nos alejan todavía más de la guerra en Ucrania.

No por ignorar un problema, éste se resuelve por sí solo. Deseo sinceramente que estemos mucho más pendientes de esta tragedia europea, que sigue provocando el sufrimiento de centenares de miles de personas.

 

Jaime Aznar Auzmendi
Junta de Gobierno de CDL Navarra
Analista especializado en Unión Europea y Eurasia

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