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El Viy – Novela de Mykola Hóhol (Historia y análisis literario)

Comenzaremos este análisis literario por el final y tocando cada elemento cultural.

En primer lugar, es aconsejable leerlo: por medio de este enlace se puede acceder al cuento en línea.

O descargar enpdf por medio de este enlace.

“Viy” (Вий), también traducido como “El Viy”, es una novela de horror escrita por Mykola Hóhol, publicada en el primer volumen de su colección de cuentos titulado “Mirgorod”, en 1835.

Tal y como mencionamos en el análisis literario de “La nariz” (enlace) del mismo autor y, de hecho, la mayoría de sus obras, no fue equívoco catalogar el estilo como “realismo mágico”: personas y escenarios reales (el seminario, sus alumnos, la ciudad de Kyiv y sus alrededores) interactuando con personajes mágicos (la bruja, el Viy, los monstruos). La mitología era en ese entonces, y sigue siendo, un aspecto importante dentro de la cultura ucraniana, y Hóhol nació y creció en Soróchyntsi, un poblado relativamente pequeño, rodeado de estos elementos.

El título de esta novela es también el nombre del ente demoníaco, parte central de la obra, aunque aparece detallado casi al final de la misma. Hóhol especifica en una anotación que Viy, el rey de los gnomos, es un personaje del folclore ucraniano. Sin embargo, muchos folcloristas afirman que es puramente invento del autor. No ha sido comprobada esa teoría y el autor de este análisis piensa que el escritor se basó totalmente en la mitología ucraniana, aunque con detalles provenientes de su imaginación.

Algunos piensan que el Viy es, al menos, parcialmente inspirado en la antigua tradición folclórica en torno a Casio el Inmerisericordioso, quien se dice, en algunos cuentos, tenía cejas que llegaban hasta sus rodilas y podía levantarlas sólamente cada año bisiesto.

-¡Que llamen a Viy! ¡Mandad llamar a Viy! -gritaba furiosa la bruja muerta..

Inmediatamente reinó el silencio en la iglesia y sólo se oyó el lejano aullido de los lobos. Pero poco después resonaron los pasos de alguien que andaba pesadamente dentro de la iglesia. Al volverse el seminarista a mirar al sitio de donde llegaba el ruido de los pasos, vio a unos monstruos que conducían a un hombre muy bajo y muy robusto, que caminaba igual que un oso. Estaba totalmente cubierto de tierra negra, dejando sólo al descubierto sus pies y sus manos, semejantes a raíces de viejos árboles, y los pasos que daba parecían de un cojo. Tenía las cejas y las pestañas tan largas que casi las arrastraba por el suelo. Cuando Jomá Brut se fijó en su cara, vio que era de hierro.

Los monstruos lo llevaron hasta el sitio donde empezaba el círculo mágico.

-Levantadme las cejas y las pestañas, pues así no veo nada -gritó.

En el acto los monstruos le obedecieron.

El seminarista escuchó entonces una voz interior que le repetía sin cesar: “¡No lo mires! ¡No lo mires!” Pero el filósofo no pudo contenerse y lo miró…

-¡Ya lo veo, ya lo veo! ¡Está aquí! -rugió Viy con voz de trueno, mientras lo señalaba con un dedo de hierro.

Algunos filólogos han dicho que Viy, en cirílico Вий, tiene relación con la palabra “Vishniy” del antiguo eslavónico, que significa “cosmos”; la raíz “Ви” en ella daría origen al pronombre personal “Usted”, o “vosotros” – Ви (vy), y por otro lado a “Vyshyvka”, que significa “divino”, que a su vez lleva a “Vyshyvanka“, la camisa bordada tradicional de Ucrania. Pero en este caso lo vemos como un adjetivo, Вий, funcionando también como apellido ucraniano. No se sabe con certeza el origen de esta palabra, y existe discordancia entre los expertos en si es inventada totalmente por el autor, proviene de algún ser mitológico del que el escritor se enteró en sus estudios profundos sobre estos temas, o tiene la etimología mencionada.

Hóhol utilizó anteriormente la trama de esta historia y, en la ciudad de Nizhyn, en la provincia de Chernihiv, existe una leyenda similar:

Durante la época en la que Mykola Hóhol era joven, el distrito “Maherki” de Nizhyn era conocido por ser concurrido por gente de dinero; bodas lujosas con novias muy bellas, y los muchachos se quedaban durante la noche contando historias “de miedo”.

Este relato llegó a oídos del joven Mykola, y lo impresionó al punto de escribirlo luego entre sus obras.

Se dice que una jovencita falleció súbitamente y, ya que sus padres eran adinerados, colocaron el cuerpo para ser velado en el centro de la Iglesia de la Cruz Vozdvyzhensky; un joven seminarista llegó a la ciudad y fue invitado por los padres para decir algunas palabras durante el servicio, y en este punto la historia se divide en 3 finales: uno romántico, otro realista y el otro es el del escritor.

El romántico dice que el joven seminarista leía el Salmo sobre la muchacha fallecida, pero al verla al rostro palideció al ver su inmensa belleza; no pudo resistirse y le dio un beso en la boca, tras lo cual la muchacha despertó y se enamoró de su salvador. Contrajeron matrimonio y fueron felices para siempre.

El realista dice que el seminarista no quedó cautivado por su belleza, sino por el valor de las joyas que vestía el cuerpo de la jovencita. Tentado, fácilmente tomó los collares, pero notó un valiosisimo anillo que tenía en su mano bajo el velo; pensó que era fácil de tomar, pero al intentarlo, éste estaba muy apretado en la mano, pero se dijo “está muerta, no va a sentir” y haló con todas sus fuerzas. Esto causó un dolor indescriptible a la joven, que no estaba muerta sino en un sueño letárgico, y se despertó. El joven sufrió de un infarto por el susto de ver una muerta volver a la vida y la joven, al verse acostada en un ataúd y al lado de un muchacho muerto,comenzó a gritar despavorida. Pero la gente no quería entrar a la iglesia, pues pensaba que era una poderosa bruja. Fue hasta la mañana siguiente que por fin los pobladores se animaron a entrar y encontraron que la pobre muchacha había perdido la razón; no quedó mas remedio que encerrarla en un manicomio, en donde terminó sus días.

El tercer final es el que describe Hóhol en esta obra, “El Viy”.

Los demonios que el autor menciona dentro de la iglesia provienen de supersticiones eslavas sobre los “muertos de medianoche”. Provienen de personas que han sido malvadas en vida y que, al fallecer, se convierten en estos seres malignos. La tierra no los tolera, por lo que cada noche ellos salen de sus tumbas y pululan en el exterior para atormentar a los vivos.

En esta novela, los demonios tienen “tierra negra” adherida a sus cuerpos, como si estuvieran pegados de cierta forma a la tierra.

Estaba totalmente cubierto de tierra negra, dejando sólo al descubierto sus pies y sus manos, semejantes a raíces de viejos árboles, y los pasos que daba parecían de un cojo.

Hóhol menciona a unos seres que, definitivamente, pertenecen a la mitología ucraniana: las Rusalky. (Este es un enlace a un artículo sobre ellas). Estas ondinas o espiritus acuáticos también son mencionados en “La canción del bosque” de Lesya Ukrayinka (enlace).

Son observadas por Jomá durante su cabalgata nocturna al principio de su aventura con la bruja:

En aquella límpida superficie aparecía también reflejado el luminoso disco de la luna, e incluso creía oír sonidos emitidos por las silvestres campanillas azules al agitarse. Finalmente vio deslizándose sobre las aguas a una esbelta y hermosísima rusalka, de cuerpo marmóreo, como si estuviera formado por los rayos de la luna. La rusalka lo miraba con ojos brillantes y profundos, con una mirada que penetraba en su corazón como un finísimo dardo, y otra ondina también se deslizaba por la superficie, cantando, y otra se alejaba sonriéndole.

¿Era sueño lo que sus ojos contemplaban o era realidad? Una dulce y extraña melodía, penetrante como un silbido, llegaba hasta sus oídos.

“¿Pero qué me está ocurriendo?”, se preguntaba el filósofo sin dejar de galopar.

Las rusalky son los espíritus de niñas que fallecieron sin bautizar, especialmente ahogadas, o que se lanzaron al agua por un amor no correspondido. Tienen poderes mágicos que podemos leer en el artículo extensivo sobre ellas, y están relacionadas con el demonio, como los “muertos de medianoche” que luego acosan en la iglesia a Jomá.

Es interesante la relación que existe entre la bruja que acosa a Jomá, una mujer joven (luego), muy bella, pero mortal. Tal y como las rusalky, que atraen a los jóvenes enamorados, utilizando sus encantos, y luego, al tenerlos cerca, muestran su maldad y los matan a cosquillas.

Como única respuesta, la vieja, abriendo los brazos se acercó a él con claras intenciones con un ademán que descubría claramente sus intenciones sexuales.

En relación con brujas y muchachas ahogadas, Hóhol menciona en otras de sus obras este tema, como en “Las veladas de Dikanka”, capítulo V: La Ahogada, obra en la que también el diablo se transforma en caballo:

El diablo, una vez atravesada la barrera, se transformó en un caballo y el herrero se vio en medio de una calle cabalgando sobre un brioso corcel.

El hecho que la bruja dominara en principio a Jomá y lo cabalgara como un caballo es un fenómeno relacionado con las brujas que se conoce como “Parálisis nocturna”; es la sensación que se tiene cuando, al estar acostado, se siente una presión inexplicable sobre el pecho o, en otras ocasiones, al pie de la cama.

En varias culturas esta sensación fue cambiando al sentimiento de un espíritu sobre la espalda de la persona; de hecho, la palabra en inglés “nightmare”, que se utiliza actualmente como “pesadilla”, proviene de la combinación de “night” – “noche” y “mare” es un espíritu maligno, que en Ucrania se conoce como “Marena” o “Marzanna” (enlace a un articulo sobre este espíritu maligno). De esta forma, la versión mitológica original de esta sensación es la de Marena, espiritu de la muerte, sentada sobre el pecho de la persona, de forma que no puede respirar, hasta que “le roba el último aliento”. Luego se trasladó a la espalda, y fue una bruja la que se subía sobre ella que, obviamente es similar a montar un caballo, fue transformándose en lo que le sucedió al filósofo en este cuento, referencia cultural claramente ucraniana.

Se quedó asombrado y en el acto vio que la vieja cogía una escoba a manera de látigo; después le saltó a los hombros y lo obligó a llevarla como si fuese un caballo. Todo esto ocurrió con la rapidez del rayo. El filósofo se sujetó las rodillas intentando detener sus piernas, pero resultó inútil: no le obedecían, y comenzaron a saltar y a correr a la misma velocidad que el mejor caballo circasiano.

Otro personaje dentro de la mitología ucraniana que pudo haber influido, aunque de forma secundaria, en el personaje de la bruja de este cuento es Baba Yaha (enlace a un artículo sobre ella): una bruja que, en la mayoría de cuentos, monta sobre una escoba o mortero, empuñando un mortero y espantando y devorando niños, aunque en algunos cuentos transmite cierta sabiduría a sus víctimas. Vive en una casa sobre piernas de pollo. Y también tiene la facultad de cambiar de forma, como la hija del centurión (en la obra en su idioma original se llama Sotnik, de “Sotnia”, centuria) que podía tomar la forma de una anciana, de una bella joven, o hasta de perro, y bebe sangre, en especial de niños.

Otro tema que es claramente ucraniano, y proviene de tiempos precristianos, es el círculo protector contra las fuerzas malignas:

El seminarista, temblando de puro miedo, trazó con los dedos un gran círculo sobre el polvo y empezó a decir oraciones que le había enseñado un monje que durante toda su vida estuvo dedicado a ahuyentar espíritus malignos y derrotar a brujas. La difunta llegó hasta el borde del círculo pero, para alivio del seminarista, le resultaba imposible traspasarlo. Por más intentos que realizaba, era evidente que sus esfuerzos eran inútiles.

Dentro de las creencias mitológicas, este círculo vuelve invisible a quien esté dentro:

Pero al mirarle de refilón, se calmó al comprobar que la muerta lo buscaba por otro sitio, ya que el círculo mágico lo convertía en invisible para la bruja…

Este círculo es conocido dentro de la mitología como el “chur”, un límite que el diablo no puede cruzar. Incluso con Jomá ya muerto de miedo, las criaturas no lo podían tocar, aunque el Viy es el único que tiene el poder de verlo a través de él:

¡Ya lo veo, ya lo veo! ¡Está aquí! -rugió Viy con voz de trueno, mientras lo señalaba con un dedo de hierro.

Y toda aquella caterva de monstruos se precipitó sobre Jomá Brut. El infortunado muchacho rodó por los suelos y murió de terror…

Adicional a esta observación, la noción final que menciona que Jomá falleció nada más de puro terror, aparentemente es inspirada en la leyenda sobre Juan de Damasco, que dice que “…todas las pasiones malignas e impuras han sido concebidas por espíritus malignos, a los que se les ha permitido atacar al hombre; pero son incapaces de forzar a nadie, pues su poder yace en la aceptación de la invitación (en este caso, el que Jomá haya visto al Viy)”:

El seminarista escuchó entonces una voz interior que le repetía sin cesar: “¡No lo mires! ¡No lo mires!” Pero el filósofo no pudo contenerse y lo miró…

El Viy se menciona, en posteriores obras, como el esposo de la bruja, en la que también sus asistentes le levantan las cejas y pestañas con un tenedor de hierro.

Y no es de menos el importante tema, la parte de ambientación al cuento, que nos presenta el lugar, los personajes (humanos) y la atmósfera en la que se desarrolla la historia: la época universitaria.

Y no es para menos, pues la Universidad de Kyiv acababa de ser fundada hacía apenas 1 año cuando Mykola Hóhol escribió el cuento (aunque éste no se desarrolla en ella, sino en el seminario, era el tema del momento). Leamos un poco sobre la historia de esta institución:

La Universidad fue fundada en 1834 y nombrada en honor a San Volodymyr, gobernante que cristianizó la Rus de Kyiv. Los primeros 62 estudiantes comenzaron sus estudios en la universidad ese mismo año, en la facultad de Filosofía, la cual tenía dos secciones: la Facultad de Historia y Filología, y la Facultad de Física y Matemática. Hubo nuevas adiciones a la Facultad original en 1835 y 1847: la Facultad de Leyes y la Facultad de Medicina; Posteriormente, la primigenia Facultad de Filosofía fue dividida en dos unidades separadas: la Facultad de Historia y Filología, y la Facultad de Ciencias Naturales. No se crearon nuevas unidades académicas sino hasta los años 1920.

Mykola Hóhol nos describe a la perfección, y ésto es la parte realista del relato, la vida dentro de la institución:

Los retóricos eran un poco mayores que los gramáticos, y vestían de un modo más decente, puesto que llevaban trajes en mejor estado y a veces muy limpios. Sin embargo, sus rostros no carecían de adornos en forma de símbolo victorioso, ya fuera un ojo morado, algunos arañazos o algunos hinchazones de la misma procedencia. Las voces de los retóricos eran ya más de tenores.

y, prácticamente, las primeras páginas.

Nos describe el típico comportamiento de estudiantes jóvenes, recién salidos de sus hogares, recién convertidos en adultos en búsqueda de mundo; pero el filósofo tiene, podríamos decir, cierta indiferencia religiosa, cierto “fatalismo” si se le puede llamar así, y no le presta demasiada importancia a las cosas:

Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Lo que está escrito tiene que cumplirse”, se resignó el filósofo.

O la tranquilidad que tuvo casi de inmediato después de su primera experiencia sobrenatural con la bruja:

Al anochecer lo vieron en la taberna. Echado sobre un banco, descansaba fumando en su pipa como de costumbre, y ante la mirada de todos los presentes le pago al viejo judío dueño de la bodega, con una moneda de oro. Antes se había bebido el buen filósofo una botella del mejor vino y contemplaba alegremente a los que entraban y salían. Al parecer había olvidado por completo la aventura que acababa de vivir.

Los kozakos aparecen en esta historia como sirvientes del centurión, que saben bastante pero no dicen mucho. Si bien aquí son personajes secundarios, aunque sin hacer menosprecio de su valentía y heroismo, Mykola Hóhol es el autor también de “Taras Bulba”, una de las mejores novelas que describen a estos guerreros.

Esta novela inspiró una buena cantidad de peliculas y obras literarias posteriores, basadas total o parcialmente en ella.

La primera, que sobrevive, es esta película por Georgi Kropachyov, Konstantin Yershov, y Aleksandr Ptushko.

Película “El Viy” de 1967


En 1990 salió “A holy place”, película yogoslava basada totalmente en la novela, o la pelicula rusa “Bruja” del 2006; también “Evil spirit: VIY”, pelicula surcoreana filmada en 2008.

La pelicula “Black Sunday” (domingo negro) de Mario Bava es inspirada parcialmente en esta novela, al igual que “Piraña” de 1978, en la que el consejero del campamento hace referencia a la historia de terror de Jomá.

“La mulana”, o la novela de Catherynne M. Valente, titulada “Deathless”, además del videojuego “Fate/Grand Order” tienen tambien influencia del Viy.


Película de 2014: Viy


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La nariz – Cuerto corto de Mykola Hóhol (Historia y análisis)

Enlace a artículo sobre Mykola Hóhol.

Enlace al cuento (leer en línea – en español)

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Mykola Hóhol frente a su personaje de “La Nariz”

Mykola Hóhol escribió este cuento corto entre 1835 y 1836, poco antes de partir en un viaje de varios años al extranjero. El escritor vivió en San Petersburgo desde 1828, pues en ese entonces era la ciudad cultural más importante del Imperio Ruso, y Mykola, desde pequeño, había demostrado una sed increíble de adquirir conocimientos.

“La Nariz” fue publicada originalmente en el periódico “El Contemporáneo” dedicado a literatura, propiedad de Alexander Pushkin.

Ya tras 7 años de vivir en esa ciudad, a Mykola se le hizo notoria la sociedad basada en rangos, que ésta respetaba a niveles obsesivos, intentando ascender. Notemos de entrada que la nariz que se separó del rostro del mayor Kovalov, andaba por la ciudad vistiendo un traje que indicaba que su rango era superior al de su dueño. Incluso éste tuvo miedo de acercarse a su propia nariz cuando la encontró rezando en la iglesia:

«¿Cómo podría acercarme a él?», pensó Kovalev. Por su uniforme y su sombrero, claramente parecía que era un consejero de Estado. ¿Cómo diablos se las arreglaría?

Pero luego ésta lo rechaza, de nuevo en relación a los rangos sociales:

Usted está equivocado, mi buen señor. Yo no tengo nada que ver con usted. Además, entre nosotros dos no puede haber ninguna clase de relación. A juzgar por los botones de su uniforme, usted debe pertenecer al Senado o, al menos, a Justicia. Y yo soy de Instrucción Pública.

Esta tabla de rangos había sido implementada por Pedro el Grande en 1722, en un intento por eliminar a los boyares, nobles por herencia; la idea de la tabla de rangos pretendía incentivar a los ciudadanos comunes a esforzarse por prestar sus servicios al zar, ya sea en el ámbito militar o burocrático, y constaba de 14 niveles, ascendiendo automáticamente por cada 4 años de servicio al imperio. Lo interesante de este sistema es que prometía que, al llegar a los rangos 2 al 5, se obtenía título de nobleza (junto con los ingresos y posesiones que conllevaba) por toda la vida y durante generaciones; los rangos del 6 al 8 otorgaban nobleza vitalicia, y los restantes otorgaban estos beneficios mientras se ejerciera el cargo y proporcional a éste.

De esta forma, la nobleza abarcaba casi 2 millones de personas, pero era muy difícil ascender a los rangos superiores sin que fuera por matrimonio con alguien de ese grupo.

El mayor Kovalev llevaba en la cadena de su reloj toda su colección de dijes de cornerina, en los que aparecían alternando unas armas con las palabras miércoles, jueves, etc. Había ido a Petersburgo por verdadera necesidad, o para mejor decir, concretando, en busca de un puesto adecuado a su rango, como, por ejemplo, si la suerte le era propicia y favorecía, el de vicegobernador, o si esto no conseguía, al menos el de ejecutor de algún departamento renombrado. Tampoco tendría inconveniente en casarse, pero sólo a condición de que la novia dispusiera de una dote o capital de doscientos mil rublos

Hóhol nos describe, de una forma muy gráfica, cómo era San Petersburgo en la década de 1830, claro, según su propia percepción, la de un ucraniano que había tenido que ir a la gran ciudad para superarse:

Iván Yakovlievich tuvo que recoger la nariz y guardársela en el bolsillo. La desesperación se apoderó de él, sobre todo al ver que la gente iba aumentando en la calle, a medida que se abrían los almacenes y las tiendas.
Decidió ir al puente de Isakievski. ¡Quizás allí lograría arrojarla al Neva!..[…]

Entró apresuradamente, atravesando una fila de mendigas viejas con las caras vendadas y con sólo dos aberturas para los ojos, y de quienes antes solía burlarse.[…]

Un minuto después Kovalev oía su voz en la calle regañando a un estúpido mujik que se había metido con su carro en la acera, y al que terminó propinando un par de estacazos.

Los estudiosos de literatura y biógrafos del escritor piensan que la razón de, tanto el título como el personaje más llamativo de este cuento, una nariz, reside en la niñez y juventud de Mykola Hóhol, un hombre en cuya presencia física resaltaba una gran nariz.

Lógicamente, y está demostrado en cartas en las que sus amigos mencionaban su gran nariz, las personas iban a notar esta característica; pero Hóhol, un hombre también muy inteligente, no lo tomó a mal.

Para él, entonces, la nariz, su nariz, llegó a ser parte de su identidad. El escritor consideraba que es la parte más importante del cuerpo, como menciona su personaje un par de veces en el cuento:

¡Dígame cómo es posible permanecer sin una parte del cuerpo de tal importancia! Aquí no se trata de un dedo del pie, que por ir dentro del zapato nadie nota su falta. Mi caso es diferente.

Según Hóhol, toda la apariencia de una persona se asienta en su nariz. Pero eso no es todo, sino que también por medio de ella se tiene el sentido mas importante, según Mykola, el olfato:

No comprendo cómo pueda encontrar oportuno el bromear conmigo de esta forma -le dijo dolorido- ¿Acaso no ve que me falta la parte indispensable del cuerpo para oler? ¡Que el diablo se lleve su tabaco!

Mykola Hóhol nació y creció en Soróchinsky, provincia de Poltava en Ucrania, en el campo. En el campo los olores son parte esencial de la vida diaria; el aroma de las flores, del pasto recién mojado, de la tierra labrada o cosechada, los animales domésticos, y no se diga los alimentos; por otro lado, en la gran ciudad, en un sentimiento importado de la civilización occidental, la nariz no es más que parte de la apariencia física.

Hóhol admite que es parte de la identidad de una persona, pues el barbero reconoce rápidamente de quién es la nariz: el mayor Kovalyov, un oficial menor que actúa como si tuviera mayor rango, quien no presta atención a las mujeres, a menos que lo ayude a ascender en la tabla de rangos. De nuevo vemos el tema que Hóhol critica.

Varios de los expertos que han analizado el trabajo de este escritor notaron que existe también el factor sobrenatural, visible también en otras obras de Hóhol (ver “La feria de Soróchinsky“): la nariz es pequeña cuando el barbero la halla dentro del pan, y además no está cocinada, a pesar de éste sí estarlo:

«El diablo sabrá cómo pudo suceder esto -dijo, al fin rascándose una oreja-. Yo no puedo asegurar que no regresara anoche borracho, pero, a juzgar por las señales el hecho es inadmisible, pues el pan está cocido y la nariz no lo está. ¡No entiendo nada de esto!»

Además, la nariz es del tamaño de un hombre cuando el mayor se la encuentra luego en la calle, y de nuevo del tamaño de una nariz humana cuando el policía se la entrega de vuelta. Sin mencionar que, una nariz haciendo la vida sóla por ahi, ya es sobrenatural.

Existe una versión del cuento, anterior a la oficial, en la que el mayor Kovalev se despierta al final del cuento y nota que todo fue un sueño; estos expertos relacionan el nombre del cuento, en ruso (Hóhol tenia que escribir en ese idioma, pues el ucraniano estaba prohibido – ver articulo), es “Нос” que, si se escribe al revés, dice “Сон”,”sueño” en ruso.

Otros expertos sostienen que no es un sueño, sino una característica muy especial del estilo literario de Hóhol, por medio de la que, dentro de un relato totalmente realista, con lugares y personajes reales, inserta un elemento sobrenatural, estilo que nombraron “realismo mágico”.

Hóhol, luego, al final de la historia, explica como hablando con el lector, cómo pudo ser que la nariz se soltara del dueño, caminara y hablara por ahi, y luego mágicamente se volviera a pegar, algo que el médico no había logrado hacer. De esta forma, el autor juega con las suposiciones de los lectores, quienes estaban en esa época ávidos de historias absurdas, pero al mismo tiempo buscaban una lógica al hilo de éstas, buscando una explicación racional.

Por otro lado, existe un quebranto en la identidad del mayor Kovalov, pues hay un desbalance en cómo se ve a si mismo y cómo lo ve la sociedad. Toda su energía se centra en mantener su aspecto externo, más que enfocarse en su interior.

También se ha llegado incluso a pensar que la nariz simboliza realmente la masculinidad del personaje, e incluso se llegó durante un tiempo a sustituir la palabra “нос” por “хуй”, que es la palabra tabú para referirse al pene en la sociedad rusa. Se supone que el simbolismo de la nariz y la pérdida de la autoestima de Kovalev al perderla, es una forma de mostrar la inseguridad de las personas al perder su masculinidad, ya sea física y directamente, o de forma simbólica, como la dificultad para conquistar al género femenino, o el perder la hombría por no tener dinero o un rango alto, la impotencia hasta cierto punto.

La historia de la nariz relata un hecho absurdo que sucedió dentro de una sociedad absurda


Este tema, después de Hóhol, fue utilizado en una buena cantidad de obras, literarias, musicales y fílmicas, comenzando con la ópera de Dmitri Shostakovich, estrenada en 1930, del mismo nombre.

Mordicai Gerstein realizó en 1966 una película corta usando este mismo tema, pero sucede en Pittsburh, y el barbero se llama “Theodore Schneider”, mientras que el dueño de la nariz se llama “Nathan Nasspigel”. En 1977 también salió una película para la televisión, dirigida por Rolan Bykov. Hasta incluso, dentro de la serie “South Park”, uno de los personajes pierde sus genitales, y los persigue por toda la ciudad, en una parodia sobre la generación de órganos humanos artificiales en laboratorio.

Luego fue utilizado el mismo tema por Andrei Amalrik, en su ópera “Nose! Nose? No-se!”, que sucede en una sociedad totalitaria marxista, en donde el mayor Kovalyov deambula por toda la ciudad en búsqueda de su nariz, excesivamente preocupado por su nivel social, medio.

Una gran cantidad de monumentos, incluido uno sobre el presidente de la Federación rusa, Vladimir Putin, que perdió sus genitales, han sido construidos en varios paises del mundo.