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Lecciones de geografía con Putin: ‘Toda la antigua URSS es Rusia’

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Putin en su nuevo documental, llamado

Putin en su nuevo documental, llamado “El Presidente” (Imagen: nr2.com.ua)

La película de 150 minutos “El Presidente”, acerca de Vladimir Putin es en su mayoría aburrida y predecible en que insiste que “sin Vladimir Vladimirovich nada funcionaría en el país”, señala Kseniya Kirillova. Pero señala que hay tres “lecciones” en la película que no deben ser ignoradas.

En primer lugar, sostiene, que a pesar de todo el antiamericanismo que ha promovido, Putin indica claramente en la película que el modelo del orden mundial que le gustaría ver es uno en el que Rusia y los EE.UU. decidirían conjuntamente las cuestiones geopolíticas “más importantes ” de todo el mundo y dividen el mundo en” esferas de influencia”.

Aunque el líder del Kremlin no lo dice, esto sería un retorno a la forma, tal como lo ve el, de cómo funcionaba el mundo entre las conferencias de Yalta y Potsdam, y entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la época de la Perestroika de Mijaíl Gorbachov, modelo en el que los otros países, especialmente los más pequeños, tendrían poca o ninguna voz sobre sus destinos.

En segundo lugar, en la película, Putin no sólo ofreció la pista más clara de que considera la desintegración de la URSS la mayor tragedia geopolítica del siglo pasado, sino que lo ve de una manera que es absolutamente diferente a los hechos, una que insinúa más problemas para el futuro para todas las ex repúblicas soviéticas y los estados bálticos ocupados.

Tales ideas han estado circulando en la élite de Moscú desde hace algún tiempo, dice Kirillova, señalando un reciente ensayo de Pavel Kazarin quien señaló que “en la conciencia de muchos representantes de la élite de Rusia, Moscú no perdió la guerra fría. Es más, en su opinión, la división de la Unión tuvo lugar no tanto como resultado del colapso del modelo soviético… sino más bien como resultado del Kremlin aceptando voluntariamente unirse al club de los “jugadores occidentales”.

Como resultado, dice Kazarin, “Moscú no se comporta como si la Unión Soviética se hubiese venido abajo, sino como si tan sólo haya sido reordenada manteniendo las relaciones y la soberanía sobre sus vasallos.” (Para un análisis de las ideas de Kazarin y sus implicaciones, ver esto.)

En “El Presidente”, Putin va aún más lejos y declara que “Rusia renunció voluntariamente a sus propios territorios”, dice Kirillova, una afirmación tan flagrantemente en desacuerdo con la realidad de que es importante recordar lo que realmente ocurrió hace 25 años.

“De hecho,” observa Kirillova”, la actual Federación Rusa existe en la misma frontera que la tenía la RSFSR; es decir no hubo cambios territoriales en la propia Rusia en el contexto del colapso de la URSS. Las repúblicas que adquirieron la independencia después de 1991 nunca fueron parte de la RSFSR”.

De esto se deduce que, continúa, “Cuando Putin habla de las pérdidas territoriales de Rusia, está declarando directamente que todas las antiguas repúblicas de la Unión son territorios rusos.

Nota bene: ya no les designa como “zona de influencia” sino como “territorio propio”, [de su país] al que Rusia renuncio voluntariamente”.

Eso simplemente es un relato orwelliano de lo que sucedió: En realidad, “todas las repúblicas de la Unión, entre ellas incluidas Ucrania y Bielorrusia, las más cercanas a Rusia, proclamaron su soberanía en 1989-1990, es decir, antes de 1991, y este fenómeno incluso recibió un nombre: ‘el desfile de soberanías’. ”

No había nada de voluntario en la respuesta de Moscú: Se trató al principio de aplastar a Lituania con un bloqueo económico y luego mediante la aplicación directa de fuerza militar. Pero no se consiguió detener “el movimiento por la salida de la URSS”, que “nació en todas las repúblicas de la Unión”. Como resultado, tras el fracaso del golpe de Estado de agosto de 1991 “la desintegración de la Unión era inevitable”.

El Tratado de Belavezha del 8 de diciembre de 1991, por lo general visto como el certificado de defunción de la URSS, simplemente traslada a papel lo que ya había sucedido, un recordatorio de que “incluso cuando estas repúblicas estaban en la URSS, ninguna de ellas se llamaban ‘territorio propio de Rusia’.” Eso es Putinismo que se remonta a los tiempos zaristas.

Y, finalmente, en tercer lugar, la película de Putin subrayó lo aislada que está Rusia en el antiguo espacio soviético, en vez de la imagen de que cuentan con el apoyo de pueblos y naciones que tanto Moscú como Vladimir Putin intentan proyectar. El único líder extranjero que recibe una referencia positiva en la película es el de Kazajstán, Nursultan Nazarbayev.

Se podría haber esperado que haya alguna referencia a Alexander Lukashenko, líder de un país que forma parte de la unión euroasiática. Sin embargo, “obviamente, las perspectivas de considerar su como país territorio de Rusia no generan ningún agrado” al líder bielorruso que se ha estado distanciando de Moscú por esto y como resultado de la intervención en Ucrania.

Del mito de Putin “sobre la voluntaria y llevada a cabo ‘desde arriba’ desaparición de la URSS, que ignora por completo la voluntad de su población, se demuestra,” concluye Kirillova, “que el Kremlin no ha sacado ninguna conclusión de su colapso, y las lecciones que no se aprenden, como es bien sabido, tienen la tendencia de repetirse”.

Fuente: link.

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