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Dos historias del Batallón AZOV

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Levko es un estudiante de 19 años que se unió al movimiento Maidán luego de las palizas a los estudiantes en noviembre de 2013. Se quedó en Maidán con la mayor parte de sus amigos, yendo y viniendo a su ciudad natal en Ucrania occidental. Cuando la guerra empezó Levko se unió al Batallón AZOV y ha estado en el frente desde junio de 2014. Su compañía está desplegada en Mariupol.

Es un joven hombre reservado y moderado que tiene poco aprecio por el actual gobierno, pero que tiene gran esperanza  en la gente joven como él mismo. Aquí están dos de sus historias…

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Marchando en Kyiv

Sobre Mariyinka… y mi bautismo de fuego

Mi primer destino fue Mariyinka, mis recuerdos más vívidos. Alguien da la orden: “cinco minutos, alístense para el combate!” Y te ponés el chaleco antibalas pesado,  te levantás tus protectores de rodillas (¡que viven deslizándose hasta los tobillos!), agarrás tu armamento y municiones y corrés hasta tu KamAZ, que instantáneamente arranca hacia algún lugar en la obscuridad, llevándote a un encuentro con lo desconocido. Tus oídos palpitan, tu corazón se acelera, y tus manos tiemblan. Aquí está… tu primera batalla. Alegría mezclada con ansiedad; la transpiración fría te corre por todos lados, el cuerpo se sacude y tiembla…

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Camino a …

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Rumbo al combate con mis compañeros

El KamAZ (camión) llega al puesto de control, nos dan mapas de reconocimiento y órdenes. ¿Así que ésto es Mariyinka? Nuestra columna de KamAz se detiene justo antes de la ciudad, ¡de repente estamos bajo fuego intenso! El enemigo está lejos, no es visible, y uno no los vé como una amenaza real. Varios tipos lanzan un ataque, pero nuestra unidad se queda atrás de reserva. Qué extraño sentimiento… estás parado aquí, mientras que por allá escuchás el ruido de la guerra – disparos de tanque, bombardeos, fuego de ametralladora, impactos de artillería pesada…

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Marchando hacia Mariyinka

Ahora es nuestro turno. Se nos ordena avanzar y destruir el puesto de control Separatista. Avanzamos en formación de combate detrás de un tanque T64. Pasamos una calle – está todo despejado. La próxima – todo despejado. Doblamos en la intersección y de repente bang, ¡nuestro tanque está bajo fuego! Nos tiramos al piso y evaluamos la situación. El tanque abre fuego e intenta rodar hacia adelante. Nosotros lo seguimos, las balas de Kalashmikov silban entre nosotros, las granadas disparadas por los lanzadores de cohetes anti tanque de los Separatistas explotan cerca. La temprana sensación de miedo desaparece y uno sigue avanzando, siempre avanzando – un momento que cada uno de nosotros nunca olvidará.

El punto de vista de un soldado cambia con el tiempo –  se vuelve frío y profundamente escondido, hondo y secreto; el mundo se vé más simple. Aquí no hay mentiras, no hay alardeos, y no hay gente corrompida. Estás vos, tus camaradas en armas y la guerra. En cualquier momento podés morir o ser herido. Podés perder amigos. Vos tenés una responsabilidad moral delante de tus camaradas, por lo tanto ni siquiera pensás en retroceder. Es difícil transmitir la alegría que sienten los hombres cuando marchan hacia la batalla. Luego de varios ataques destruimos el puesto de control.

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Mariyinka

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Mariyinka

 Maryinka fue un paso muy importante en la vida de nuestro batallón. Limpió a las unidades de todo lo que era superfluo, y dejó una cicatriz en nuestra memoria colectiva. Nuestros hombres entendieron porqué y a dónde estaban yendo. Las tropas regulares del ejército habían tratado de capturar Mariyinka seis veces. Pero un puñado de entusiastas y patriotas con fuego en sus ojos y viejas armas “sovok” (forma despectiva de referirse a lo relacionado con la Unión Soviética) tomaron Mariyinka en unas pocas horas. Este fue un asombroso ejemplo de que el espíritu combatiente y una fuerte determinación pueden decidir mucho más que los soldados regulares y el apoyo logístico.

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Mariyinka

Dedico estas breves palabras a Staf, un soldado que perdió tanto en esta guerra. La victoria es nuestra, nosotros nos sobrepondremos…

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Nuestra unidad

 

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Nuestra unidad

Acerca del infierno de Ilovaisk

“¡Oh, que terrible dolor en la espalda de cargar todo este equipo pesado, mi abultado chaleco y acostado en estos incómodos bancos! Pienso para mi mismo. Quiero pelear… después de todo, nos prometieron tanques y helicópteros de apoyo.

Pero, en vez del equipo prometido recibimos un viejo tanque que alcanzó a realizar cinco disparos a la distancia desde nuestras líneas a presuntas líneas enemigas.

Luego el tanque se fue y solo tuvimos tiempo para ver al conductor con su torso desnudo que nos gritó sarcásticamente: “¡Buena suerte, chicos!”

Ese incidente no quebró nuestro deseo y determinación. El tanque partió y avanzamos en nuestro “cómodo” KamAZ,  con nuestras armas y municiones.

Una vez que arribamos a nuestro destino, fuimos recibidos por una fuerte descarga de fuego enemigo. Establecimos nuestra posición en un bonito jardín, donde las balas silbaban a nuestro alrededor mientras nosotros saciabamos nuestra sed con uvas y manzanas deliciosas. Nuestros hombres habían sido acantonados en este edificio por algunos días y nosotros llegamos para ayudarlos. Nos sentamos bajo el gazebo, comiendo uvas y conversando, esperando órdenes. Aksion estaba con nosotros en ese entonces (luego murió). Lo vi allí por última vez. Estaba sorprendido pues no usaba un chaleco a prueba de balas o un casco, y cuando le pregunté porqué, me respondió que se sentía más cómodo sin toda esa protección.

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Ilovaisk

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Ilovaisk

De repente, escuchamos explosiones, de morteros o granadas, y vimos que tres de nuestros camaradas estaban heridos. Corrimos a refugiarnos, nos prestaron los primeros auxilios y los que estaba ligeramente heridos volvieron a la línea de batalla. Algunos tomamos posiciones defensivas, en los edificios cercanos; otros pasaron a la ofensiva.

Luego de varias horas de violentos combates, fuimos obligados a replegarnos porque carecíamos de armamento pesado y no teníamos chance de atravesar las líneas enemigas.

Dos de nuestros amigos fueron muertos en esta batalla… nunca olvidaré estos momentos; estarán por siempre grabados en la memoria.

Sólo esperamos que la muerte de estos héroes no haya sido en vano.

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Levko

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Levko y su amigo

Fuente: Christine Chraibi, Euromaidan Press, 14 de diciembre de 2014.

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