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Biblioteca viva de Donbás. Entrevista a Lubov Mikhailova, la fundadora de “Izolyatsia”

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Lubov Mikhailova creó en 2009 la fundación y la plataforma de iniciativas culturales “Izolyatsia” (“Aislamiento”)  en el lugar de la antigua fábrica de los materiales aislantes, una vez construida por su padre en Donetsk.

En “Izolyatsia” tenían lugar, quizás, los más progresistas eventos regionales en ámbito cultural: exposiciones de famosos artistas contemporáneos ucranianos y extranjeros, festivales de nueva literatura, conferencias dadas por los economistas y politólogos reputados. También allí maduró la idea de la construcción de “la aldea creativa”, donde estaba previsto desarrollar la pequeña industria de empresas socialmente responsables, donde incluso aparecieron los primeros residentes, como el taller de IZO Lab, que puso para el uso público una de las primeras impresoras 3D del país.

Después de que el 9 de junio los militantes de la “República Popular de Donetsk ” ocuparan el centro y convirtieron sus sótanos en las cámaras de tortura, la plataforma “Izolyatsia”  se trasladó a Kyiv, al territorio de los astilleros. Ahora en “Izolyatsia”  están apareciendo talleres nuevos de artistas y artesanos, espacios de exposición y se está formando un nuevo programa cultural y educativo. Lyubov Mikhailova cree que con este cambió “Izolyatsia” pasó a un nuevo nivel.

Cuenta Lubov Mikhailova:

Soy niña de la época del “baby boom” de los años 60. Mi madre vino de Jarkív después de graduarse en la facultad de lenguas extranjeras, mi padre salió de una familia de trabajadores y era maestro de la asignatura “educación de trabajo” en la escuela y también trabajaba en una fábrica. Se conocieron en Donetsk, en la escuela donde ambos eran maestros.
En su tiempo, los comunistas quitaron las propiedades a la familia de mi padre y fueron desalojados de la región de Zaporozhye, habitada por griegos, tártaros, búlgaros, macedonios, a la región Donbas. Mis antepasados siempre trabajaron la tierra y vivían en grandes familias, con una buena gestión.

Durante el “holodomor”, a principios de los años 30, todos ellos fueron enviados a la región de Donetsk. Fue un trauma terrible, mi abuelo no pudo olvidarlo hasta final de su vida, pero empezó a hablar sobre esto sólo cuando Gorbachov llegó al poder. La mitad de los tártaros, de los griegos, de todos que labraban la tierra, fueron asesinados, y el resto fueron enviados en trenes para reconstruir la región de Donbas, para trabajar en las fábricas.

Todas las mañanas a las 5:15 mi abuelo ya estaba en la fábrica, aunque el turno se empezaba a las 06:00, porque por llegar tarde podrían enviarlo a los campos de trabajo forzado [a Siberia]. El miedo que tuvo aquella generación era terrible. Antes de que él muriera, me regaló las semillas de los tomates “Corazón del torro”, que trajo consigo de su tierra natal y que cultivaba con gran ternura.

Por desgracia, después de tres generaciones pasadas a través de la revolución proletaria y la industrialización forzada, olvidamos nuestras raíces agrícolas.

Cuando en los años 60 comenzó la siguiente ola de industrialización de Donbas y el “Consejo Económico” comenzó a construir una nueva fábrica de materiales aislantes, mi padre, que acababa de graduarse en la politécnica, ocupó el puesto de ingeniero jefe.

La futura “Izolyatsia” era una planta innovadora: se planeó que iba a hacer la fibra de los vertederos de residuos.

Crecí en un ambiente muy diferente: en el patio de nuestra casa me comunicaba con los hijos de científicos, investigadores, maestros; estaba bien visto leer mucho y compartir libros. Escuchábamos música de cassettes, leíamos los clásicos de la literatura mundial, a los Strugatski prohibidos.

Pronto me convertí en una líder del Komsomol, de las juventudes del partido comunista de la unión soviética, seguí los pasos de mi padre, que siempre tuvo una estrecha relación con el Partido. No sabía lo que era la propaganda y participé activamente en la vida soviética, promovía las ideas del Partido y  del Komsomol, porque creía en ellas sinceramente. Encajé muy bien en la estructura existente: entré en el Partido a los 18 años, era delegada en el Congreso de Sociedad Comunista de Lenin de la Juventud de Ucrania,  un delegado del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Moscú, fue el líder de diversas organizaciones del ala juvenil del partido en Donetsk. La recomendación para la admisión en el Partido me la dio Petro Symonenko, que era entonces el secretario del comité de de Komsomol de la ciudad.

Al finales de los años 80, cuando todo empezó a desmoronarse, ya era miembro del Partido, durante varios años. Después de graduarme en la universidad del comercio soviético, trabajé como economista en el departamento de sistema de suministro para el ministerio del carbón, que incluía tiendas, comedores, instalaciones de servicios públicos en las minas (y de la mina Zasyadko incluido). Luego empezó mi carrera en el Partido.

Pero se derrumbó a finales de los años 80, a los tiempos de Gorbachov. Yo estaba en una delegación de jóvenes de Donetsk para intercambiar con Sheffield, llegamos allí a través de Londres. Este fue mi primer viaje al extranjero.

Allí se derrumbaron todas mis ideas que tenía acerca del mundo.

Al igual que a todos los participantes, me dieron 48 libras para los gastos. En Londres tuve mis cumpleaños, y yo quería ir a ver el “efecto corruptor del capitalismo” – el bario Soho, sobre que leí en el libro popular de entonces “Las raíces del roble” del periodista soviético Vsevolod Ovchinnikov.

Con un grupo de amigos, que consistía en su mayoría de los mineros, atravesamos la mitad de la ciudad a pie, porque ni siquiera teníamos lo suficiente para pagar el transporte público, y finalmente llegamos a la zona, donde brillaba palpitante y vibrante vida nocturna. Allí me di cuenta de que el mundo era grande y abierto. Y al día siguiente nos dijeron que teníamos que entregar más de 8 libras de nuestros lastimosos 48 para comprar las flores para la tumba de Karl Marx. Fue un colapso completo del mundo. En esta tumba junto con las flores dejé mi ideología comunista.


En los 90 comenzó el periodo de trueque. Empezaron las huelgas de los mineros, faltaban muchos bienes de consumo. Al final las autoridades permitieron cambiar el 5% del carbón por alimentos.

Para entonces ya había adquirido experiencia y comprensión sobre la exportación, como preparar los contratos, como trabajar con cartas de crédito y mucho más.

Aparecieron nuevas oportunidades y comencé, con bastante éxito, mi propio negocio. Comenzamos a trabajar con coque y productos químicos, que se producían en Avdiivka, Mariupol, Donetsk, exportábamos los productos a Rusia y a Uzbekistán.

Pronto empezó el período de privatización, cuando comenzaron a “recoger”las grandes empresas.

Fue un período de posibilidades ilimitadas. Pero en algún momento comenzaron a eliminar a los empresarios.

En Donetsk, en un corto período del tiempo, mataron cerca de doscientas personas, muchos de los cuales conocí personalmente – a banqueros y hombres de negocios.

Después de este terror se estableció el poder de un hombre sobre el cual antes no se sabía nada en el entorno empresarial, y quien rápidamente se convirtió en el principal oligarca de Ucrania. Tuve muy claro que se estaba creando un nuevo sistema, detrás del cual estaba Rusia, con Ajmétov al mando.

En algún momento, los ciudadanos de Donetsk se acostumbraron a los tiros. Era cuando los habitantes de Donetsk experimentaron un trauma muy grave, que no sufrió ninguna otra región de Ucrania. Hubo muchas posibilidades, apareció la nueva generación de empresarios, pero al final les mataron a todos u obligaron a emigrar.

Yo misma emigré y viví en Grecia durante seis años.

En aquel entonces todos hicimos una elección: o quedarse y unirse al clan de Ajmétov o esperar.

El trauma consiste en que la gente en el 90 creía que se habían empezado los nuevos tiempos. Hubo un superávit del mercado, apareció la libertad. Pero, de repente una nueva fuerza estableció un control total sobre el territorio.

Recuerdo que cuando mi hija estaba en el segundo grado de clase [niños de 8 años], los niños fueron entrevistados en el colegio sobre que querían hacer de mayores. Dos tercios de los chicos contestaron que querían ser los asesinos al sueldo.

Los lugareños vieron que al poder llega la gente más vil y más baja y aprendieron callar y no protestar.

Y este mismo miedo que tenían nuestros antepasados apareció en las nuevas generaciones. Por esto es fácil, la respuesta a la pregunta ¿por qué en Donetsk no tuvieron su Maidan?, la respuesta es simple: por miedo.

El clan de Yanukóvich hacía lo que quería en el Donbas en los últimos años.

Esta región se ha convertido en un lugar donde es peligroso mirar, hablar o respirar. Es muy fuerte este temor que tiene la gente,  incluso a nivel físico, y para tratar esta lesión hacen falta décadas.

Se logró conservar a “Izolyansia” en los 90, solo porque mi padre era muy respetado en la ciudad.

Ahora hemos perdido todo lo que teníamos en el Donbas. Fuimos capaces de conservar y llevar una parte de la colección con nosotros a Kyiv. Pronto vamos a mostrar estas obras en nuestro nuevo espacio.

La idea de crear la fundación “Izolyatsia” consistía en que en una ciudad con monoindustria, monooligarca, monoidea (porque allí existe el único pensamiento y una sola voz de Donbas que pretende representar a todos) – crear un espacio alternativo para unas pequeñas industrias creativas.

Empecé a amar de nuevo Donetsk: en “Izolyatsia” empezaron a hacer la comida eco-amigable, dar clases de yoga en los vertederos de residuos, vender los libros de arte, crear modelos de nuevos productos de diseño. Esto empezó a atraer gente, comenzamos a recibir ofertas de abrir pequeños negocios, micro-industrias.

Existe una teoría americana sobre “el efecto mariposa” y otra china acerca de “las islas independientes que logran cambiar el camino del río”. En aquel entonces pensaba que no me importaba lo que hacía el gobierno, que podía encerrarme en mi pequeño mundo, cultivar mi comunidad, mi pequeña “isla”, que sería solo mi territorio.

Me quitaban las fabricas, las empresas, pero seguía creyendo que se podía arreglar todo. Pero aprendí que no era cierto.

Ahora tengo la sensación de que Donbas se separa de Ucrania.

Tuve varias emigraciones: primero fui con mi familia a Grecia, luego a Austria y luego a Canadá, y Brooklyn.

La experiencia de cada emigración es difícil: tienes que acostumbrarse a la cultura y al idioma.

Ahora vivo en Kyiv con la sensación de que soy otra vez la emigrante. Parece que los de Donetsk creamos aquí nuestro gueto. Se nos hace difícil mezclarnos con otros, porque llevamos la huella de “Donetsk”.

Así que estamos cómodos en nuestra nueva “Izolyatsia” y al mismo tiempo hay una sensación de que la patria desaparece gradualmente.

En Ucrania se sabe poco de Donbas, ahora la gente está cansada y no quiere saber lo que realmente está pasando.

Kyiv no es nada homogéneo – es rico y pobre, y en principio aquí puede suceder lo mismo que sucedió en Donetsk, porque cada vez hay más la brecha entre los ricos y los pobres.

La raíz de todos los problemas está en la enorme brecha entre las oportunidades que tienen diferentes clases sociales para tener el acceso a una buena educación, la medicina normal, los valores culturales.

Después de todo, lo que pasó en Donetsk viene de la misma pobreza, falta de educación, el hecho de que la gente había sido abandonada durante décadas, luchando por sobrevivir.

Creo que tenemos responsabilidad sobre ellos.

Por desgracia, el estado no proporcionó el desarrollo de modelos económicos alternativos en la región, no creó una plataforma donde fuera posible el desarrollo de las iniciativas de la gente, donde las personas se ayudasen entre sí para formarse.

Ahora veo que para muchos de los que salieron de allí es una nueva oportunidad, aunque sin duda lo pagan caro.

Los nativos de Donetsk -son esas personas que son capaces de sobrevivir a situaciones difíciles. Pero esto es cierto para los que abandonaron el Donbas.

El resto de la gente de allí, quizás, simplemente están preparados para someterse a alguien que tenga el poder. No van a luchar.

Pero esto no significa que no tengamos que luchar por ellos.

Donetsk dejó de existir para mí como mi hogar, cuando me di la cuenta de que el gobierno central había renunciado a la zona, pero el gobierno central no es Ucrania.

Sigo amando como antes a Ucrania y opino que Donetsk es Ucrania, y nosotros somos muchos.

Recientemente, me encontré con un hombre de uniforme militar y reconocí en él el antiguo cliente de “Izolyatsia”, que tenía en Donetsk su cafetería para la juventud progresista.
Él tenía un pequeño negocio socialmente responsable, pero ahora en el lugar de su cafetería hay sótanos donde los militantes torturan a la gente.

Ahora este joven está luchando por su región natal contra los prorrusos en el este.

Conozco a otro joven cineasta de Kiev, quien venía a nuestra “Izolyatsia” para filmar el Donbas alternativo. Él también está luchando por nuestro hogar ahora.

Confío en que Donetsk volverá a Ucrania, pero perdí la esperanza que el gobierno tomará medidas necesarias para que esto ocurra.

Creo que los muchachos como estos al final resolverán este asunto. Tengo fe en la gente como ellos.

 

Fuente: Ukrainska Pravda.

Traducido de ruso por Natalka Mukovoz.

Oros artículos de la serie “Biblioteca viva de Donbás“.

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