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Informe de Nemtsov. Capítulo I ¿Por qué es necesaria la guerra para Putin?

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Prólogo

hA partir del otoño de 2011, la popularidad de Vladimir Putin comenzó a bajar notablemente. En vísperas de las elecciones presidenciales de 2012, todo parecía apuntar a que Putin no conseguiría la victoria en la primera vuelta. Esta situación estaba creando un riesgo de debilitamiento significativo de Putin, y el socavamiento de su presunta legitimidad. Le iba a resultar mucho más difícil dirigir el país desde su habitual estilo autoritario como «líder nacional».

La campaña electoral exigió la máxima movilización de los recursos del poder para asegurar la victoria de Putin en la primera vuelta. Sin embargo, el factor clave de su victoria ern las elecciones fue la no admisión de verdaderos adversarios dispuestos a luchar seriamente por la presidencia, así como el control total desde el poder sobre todos los medios de comunicación importantes. Tampoco se pudo evitar la manipulación directa en las elecciones de 2012: papeletas falsificadas, engaño, fraude, reescritura de protocolos, «carruseles», etc.

De regreso a la presidencia tras los resultados de las elecciones, Putin tomó una serie de decisiones populistas con la esperanza de reforzar su valoración. En concreto, firmó los denominados «Decretos de mayo» en 2012, considerados por algunos expertos un despilfarro, e injustificables económicamente. Pero ni siquiera este populismo pudo cambiar la tendencia: la valoración del Jefe de Estado tras de las elecciones se precipitó cuesta abajo. Además, los «Decretos de mayo» se estancaron y, un año más tarde, Putin expuso al gobierno a la crítica pública por el uso ineficiente de los recursos al aplicarlos.

Llegado el verano de 2013, se hizo evidente que las tecnologías tradicionales que habían garantizado la popularidad de Putin en los últimos años ya no eran capaces de elevar su popularidad por encima del 40-45%. Al parecer, el Kremlin estaba seriamente preocupado por la tendencia negativa y comenzó a trabajar en nuevas formas de fortalecer la posición de Putin.

Ahora, no cabe duda de que el guion del «retorno de la península de Crimea a Rusia» fue planeado y cuidadosamente preparado por las autoridades de la Federación Rusa de antemano. El alcance de tales planes se hace evidente al día de hoy. Incluso antes de la invasión de la península de Crimea, los servicios especiales rusos habían manipulado a generales y oficiales del ejército ucraniano, al igual que a sus agentes del orden, los cuales, en el momento crucial, se negaron a tomar el juramento y se unieron a la Federación de Rusia. Las acciones de Rusia también fueron apoyadas activamente por los políticos locales separatistas, financiados por Moscú y medios de comunicación.

El Kremlin comenzó a trabajar en nuevas formas de fortalecer la posición de Putin.

El conglomerado de negocios de Crimea, que había recibido préstamos de los bancos rusos con condiciones ventajosas, también mostró su lealtad a Rusia. Además, al mismo tiempo, se hacía todo lo posible para debilitar la economía de Ucrania y su sistema político en su conjunto. Se iniciaban «guerras del gas» periódicamente, y se introducían y cancelaban los embargos de alimentos. También se ejercía, sin tapujos, presión sobre las autoridades ucranianas para obligarlas a participar en todo tipo de proyectos de «integración» en el Kremlin, limitando así la soberanía de las antiguas repúblicas soviéticas.

La revolución en Kyiv y la huida del presidente Víktor Yanúkovich del país a principios de 2014 debilitaron durante algún tiempo el Estado ucraniano y crearon las condiciones ideales para las acciones decisivas por parte del Kremlin con el objetivo de anexionar Crimea. Con el apoyo de las tropas rusas y los servicios de seguridad especiales (lo cual fue reconocido un año más tarde por Putin mismo públicamente) en la península se organizó un referéndum, que se convirtió en una razón formal para la inclusión de Crimea en la Federación Rusa.

VALORACIÓN ELECTORAL DE V. V. PUTIN ANTES Y DESPUÉS DEL INICIO DE LA GUERRA CON UCRANIA

Encuesta “FOMnibus” 14 – 15 marzo, 2015.

204 localidades de la Federación Rusa, 3.000 encuestados.

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La anexión de Crimea a Rusia, activamente apoyada por la propaganda estatal, permitió a Putin mejorar drásticamente su propia legitimidad. Su índice de popularidad alcanzó un máximo histórico.

Sin embargo, la cosa no se detuvo en Crimea y, poco después, estalló la guerra a gran escala en los óblasts, o regiones ucranianas de Dónetsk y Luhánsk. Las Fuerzas Armadas de Ucrania se enfrentaron a separatistas que exigían la liberación de estos territorios del control ucraniano para unirse a la Federación Rusa del mismo modo que Crimea. Según se desprende de los materiales del informe, las autoridades rusas proporcionaron apoyo político, económico, y también militar de forma activa y directamente a los separatistas. Las razones que subyacen en las intenciones de Putin para desencadenar el conflicto armado en el territorio vecino sugieren dos posibles interpretaciones al respecto.

La cosa no se detuvo en Crimea, poco después en las regiones de Dónetsk y Luhánsk (Ucrania) comenzó una guerra plena.

La primera apunta al hecho de que el éxito de Crimea le hizo dar por hecho al presidente ruso que las regiones ucranianas de habla rusa estarían dispuestas a convertirse en parte del Estado ruso. De hecho, se trataba de una «reunificación de las tierras rusas», un reto que sedujo a Putin por su significado histórico, pese a los posibles gastos a los que ello acarrearía. A fin de fundamentar de alguna manera la pretensión de Rusia sobre estas tierras, se incitó a separatistas locales, apoyados por militares y estrategas políticos que llegaron al Donbás desde Moscú y otras ciudades rusas. Sin embargo, estos esfuerzos apenas fructificaron de forma muy localizada: salvo en algunas zonas concretas de los óblasts de Dónetsk y Luhánsk, en el resto de las regiones de habla rusa mayoritaria, después de algunas dudas iniciales, se ha confirmado la voluntad de seguir siendo parte de Ucrania.

Esta situación motivó a Putin a buscar una solución política a la crisis, a pesar de la patente superioridad militar, y contribuyó en gran medida a las conversaciones de paz con el nuevo gobierno de Ucrania.

La segunda interpretación se basa en lo que Putin entendía desde un principio: la idea de la formación en el Donbás de una opinión pública con vistas a su adhesión a la Federación Rusa tendría muchos más partidarios entre los ciudadanos de Rusia que en los de Ucrania.

En este sentido, habría provocado el conflicto militar con el fin de crear una posición de negociación favorable en el diálogo con los países occidentales. De este modo, el alto el fuego en el Donbás, teniendo el Kremlin la capacidad de garantizarlo, podría ser el argumento para levantar las sanciones económicas y políticas contra Rusia, sanciones que se habían hecho inevitables tras la anexión de Crimea. Además, siguiendo este guion, se retira del orden del día la cuestión de la legalidad de la anexión y los países occidentales reconocen Crimea como territorio ruso, si no oficialmente, sí al menos de hecho.

Los cambios en la situación política mundial pueden perfectamente terminar por convertir a Putin en reo de crímenes de guerra y sentándolo en el banquillo del Tribunal Penal Internacional.

De todos modos, el conflicto entre Rusia y Ucrania aún está lejos de darse por terminado. Al obtener un rédito político evidente en su país, Putin asume, al mismo, riesgos importantes:

En primer lugar, las autoridades rusas se ven en la obligación de continuar apoyando a los separatistas en el Donbás pese al creciente coste político y económico. Negar dicho apoyo se percibiría como una traición a los actuales partidarios de Putin (incluidos aquellos que han adquirido experiencia militar en el Este de Ucrania), y podría desencadenar una ola de descontento hacia el presidente dentro de Rusia.

En segundo lugar, continuaría la confrontación con Occidente, y el aislamiento y las sanciones podrían infligir importantes daños a la economía rusa; lo cual plantea riesgos de protestas sociales que podrían socavar de nuevo la valoración del líder de la Federación Rusa.

Por último, el debilitamiento de la posición de Putin en el escenario internacional, y la escalada del conflicto entre Rusia y Ucrania representan una amenaza real de encausamiento penal para el actual presidente ruso. Los cambios en la situación política mundial perfectamente podrían terminar por imputarle a Putin de crímenes de guerra, y sentándolo en el banquillo de acusados en el Tribunal Penal Internacional.

Autor: Anna Khrunyk

Traductora y revisora

4 pensamientos en “Informe de Nemtsov. Capítulo I ¿Por qué es necesaria la guerra para Putin?

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